Cuántas veces hemos dejado de comer grasas por el miedo que se ha inculcado hacia ellas; que nos hace aumentar de peso, que nos eleva el colesterol, los triglicéridos, que nos tapa las arterias... en fin, se nos dan mil razones para no consumirlas.
Pero, por ser uno de los tres principales macronutrientes de nuestro cuerpo, se vuelve un elemento indispensable que debemos de consumir, ya que nuestro organismo las necesita todos los días.
Durante la infancia, se necesitan para el desarrollo normal del cerebro, para el crecimiento y producción de energía. Gracias a la presencia de grasas en nuestra dieta, se pueden absorber vitaminas como la A, D, K y E, en la que unas son importantes en procesos antioxidantes otras en la formación de nuestro huesos. También las grasas se encargan de proteger nuestros órganos vitales.
Algunas personas necesitarán un consumo mayor de grasa que otras, principalmente a quellas que viven en los países de clima frío, para poder mantener la temperatura corporal ideal.
Existen tres categorías de grasas, las grasas saturadas, conocidas por muchos como grasas "malas", que encontramos en los productos de origen animal, pero también están en el aceite de coco y de palma. Las grasas conocidas como "buenas" son tanto las poli-insaturadas que las encontramos en los aceites de maíz, soya, cártamo, girasol y algunos aceites de pescado. Y las grasas mono-insaturadas, presentes en aceite de oliva, frutos secos como la almendras, nueces, entre otros.
Lo cierto es que las tres categorías debemos de aportarlas a nuestro cuerpo para lograr un equilibrio entre ellas.
El problema se presenta cuando estas grasas se empiezan a modificar, como en el caso de las grasas poli-insaturadas, que en su estado original son líquidas, pero al someterlas a los procesos de hidrogenación las convierten a sólidas, este cambio origina que esta grasa, que en su estado natural nos ayuda a mantener los niveles de colesterol adecuados en sangre, tenga el efecto contrario, elevando dichos niveles.
De ahí la importancia de que los aceites los encontremos prensados en frío y no se utilicen para la preparación de platillos, mejor utilizarlos para aderezar nuestras ensaladas.
Y si por algo necesitamos aceite para cocinar, utilizar solo ½ cucharadita por persona y buscar el de coco, que por ser una grasa saturada, es mas resistente al calor, y no va a perder tan fácil sus propiedades.
Recuerda que las grasas son muy sensibles, principalmente las del grupo de poli y mono insaturadas, y si están en contacto con el aire o con calor, estas perderán su valor nutricional. Por lo que te aconsejo que mantengas siempre bien tapado el frasco donde se encuentra el aceite y de preferencia que se encuentre en recipiente de color ambar. Las nueces o almendras, puedes guardarlas en el congelador para proteger sus nutrientes.
No hay por qué temerle a las grasas, son un ingrediente vital para nuestro cuerpo, pero debemos de fijarnos en la calidad de las grasas, lo que determinará cómo será utilizada por nuestro organismo y, por supuesto, cuidar la cantidad, ya que un exceso provocará tanto un aumento de nuestras células adiposas, como problemas en nuestro hígado y en nuestras arterias.