FANTASMAS LATINOAMERICANOS La Llorona. En vida, la Llorona fue una mujer indígena locamente enamorada de un caballero de origen español. Fruto de este amor nacieron tres hijos. Sin embargo, el hombre se enamoró de una española a la que desposó, abandonando a la indígena que, aun más enloquecida por los celos, ahogaría a sus tres pequeños en un río y, horrorizada por el crimen, se suicidaría. Es un fantasma en pena que grita "¡Ay, mis hijos!" cerca de cuerpos de agua. No es muy bonita: su rostro es una espantosa calavera.
Silbón. Es el fantasma de un joven fratricida que vaga eternamente por Venezuela cargando un saco con los huesos de su infortunado padre. Es un fantasma muy musical y de ahí su nombre: silba las notas do re mi fa sol la si in crescendo. Si escuchas su silbido cerca, no te preocupes, pues Silbón está muy lejos de ti. Pero si lo escuchas lejos, escóndete donde puedas, porque Silbón está muy cerca y no querrás que cuente los huesos de su papá frente a ti.
La rubia de Kennedy. Una hermosa rubia chilena falleció en un accidente automovilístico en 1978. Un año después, comenzó a hacer la parada a los automovilistas nocturnos en la Avenida Kennedy, en Santiago de Chile. Le encanta detener a matrimonios o taxistas y pedirles que la lleven al supermercado más cercano. Un par de kilómetros después, ella comienza a suplicar con una suave voz: por favor, no vaya tan rápido... Y en seguida se desvanece, sin dejar rastro y sin abrir la puerta del coche.
Felícitas Guerrero. En su tiempo (1846-1872), Felícitas fue la mujer más bella de Argentina quien, desafortunadamente, murió por el disparo de un pretendiente celoso. Cuenta la leyenda que en la iglesia de Santa Felícitas, en Buenos Aires, ha sido visto el fantasma de la desventurada mujer. Se dice que si dejas un pañuelo en esta iglesia, por la noche, Felícitas lo empapará con sus lágrimas.
Caleuche. Barco fantasma chileno que se aparece en aguas chilenas cercanas a un barco real. Los tripulantes del Caleuche son los espíritus de todos aquellos infelices que murieron ahogados en el mar.