Generalmente, al abandonar los padres el hogar antes de la jornada laboral, y también al despedirnos de los hijos cuando estos parten a la escuela, empleamos diferentes frases para indicarles que les veremos más tarde, casi siempre con la certeza de que así sucederá ya que pensamos que nada puede alterar un programa que diseñamos mentalmente como si tuviéramos un control total de lo que ocurre a nuestro alrededor.
Es por ello que pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre el valor de una frase de despedida que involucre un deseo de bienestar para nuestros interlocutores.
Entre las expresiones más comunes de despedida en la sociedad están “Nos vemos”, “Hasta luego”, “Adiós”, “Te veo más tarde”, “Hasta mañana”, hasta el clásico “Bye!” (pronúnciese “Bay”), como si con tan solo decir esta última frase adquiriéramos un estatus social y económico muy por encima del que tenemos. Además, en el catálogo aparecen otras locuciones con cierta carga religiosa como “Que Dios te bendiga” y otra frecuente como “Que estés bien”.
Hay otras despedidas que ahora utilizan los adolescentes y jóvenes mayores de edad, a las que no podemos acostumbrarnos los todavía más grandes que ellos, y así podemos escuchar con frecuencia expresiones tales como “¡Cámara, pues!”, la que traducida a un lenguaje entendible significaría más o menos algo así como “¡Luego nos vemos, pues!”. Además, también emplean seguido la frase “¡Ahí te ves!”, con un sentido idéntico a la anterior aunque con un contenido contradictorio.
Como se habrá dado cuenta, amable lector, existe una amplia variedad de frases que engloban pensamientos, deseos y estados de ánimo con las que expresamos un “¡Hasta pronto!”. Sin embargo, en ocasiones, dichas frases las soltamos con cierta costumbre e inercia, que ya olvidamos que quizás sea la última vez que veamos a nuestros interlocutores, de quienes nos despedimos como si tuviéramos garantizada la vida para el día siguiente o para la próxima ocasión, cualquiera que sea el día, aunque suele ocurrir que pasan años para volver a verlos.
De ahí la importancia de emplear el tono adecuado para esbozar un rutinario “¡Hasta luego!”, porque el receptor seguramente captará el sentimiento y la autenticidad con que se diga, como de igual forma percibirá que la frase se expresa con desánimo, solo por cumplir con las reglas de urbanidad que nos ha marcado la sociedad.
En forma particular, me llama la atención la expresión “Que Dios te bendiga”, la que, según estudiosos de la religión, contiene un mensaje contradictorio y confuso pues quien la utiliza se deslinda de dar la bendición y se la encomienda al Creador, por lo que lo correcto sería decir “Yo te bendigo”, con lo que el emisor de la frase otorga la bendición a su interlocutor para que el Todopoderoso lo proteja una vez formulado el deseo de bienestar.
Todavía en muchas comunidades rurales y en algunas colonias de la periferia, es muy común que en los hogares las madres despidan a los hijos con una bendición que involucra todo un rito mediante el que estos últimos se encomiendan a Dios para que su jornada laboral, y en algunas ocasiones académica, transcurra con tranquilidad y, al mismo tiempo, sean protegidos por la intervención divina.
De esta forma, como lo podemos apreciar, incluso, en películas mexicanas de antaño, y en algunas telenovelas de hace algunas décadas, los hijos le piden encarecidamente a su progenitora que dirija sobre ellos las palabras que, a su juicio, les darán fortaleza espiritual, por lo que la madre procede a realizar el ritual mediante expresiones como “Que Dios me lo bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, al tiempo que persigna al vástago que solicita la protección divina, aunque también, a veces, se recurre al auxilio de la Virgen de Guadalupe para este propósito.
Particularmente en estos tiempos, una despedida es altamente valorada tanto por quienes la expresan como por quienes la reciben, ya que en virtud del clima de inseguridad que prevalece prácticamente en todo el país, nadie tiene garantizado su retorno al hogar, al trabajo, pues a través de los diferentes medios de comunicación nos enteramos de que personas inocentes perdieron la vida por estar en el lugar y el momento equivocados.
Por todo esto, amable lector, lo invito a que cada vez que se despida de las personas más cercanas a usted, lo haga con sentimiento y que, al mismo tiempo, tenga plena conciencia de que estos son momentos valiosos en la vida que, por lo mismo, deben disfrutarse aunque solo duren unos segundos pues nuestro paso por este espacio terrenal no tiene un tiempo definido ni asegurado.
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