La popularidad de las tradiciones del día 2 de noviembre, Día de Muertos, tal como se celebran en la actualidad, han dejado en el olvido los rituales que son más cercanos a nosotros, aquellos que se realizan en los grupos étnicos de la entidad, pero que al desconocerlas, son las más ajenas, pues ningún organismo las promueve.
Tal es el caso del Día de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, celebrada por los tepehuanos en Santa María de Ocotán, municipio de Mezquital.
Al señalar lo anterior, Antonio Reyes, antropólogo del Centro Durango del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explicó que la celebración del Día de Muertos en el México actual ha sido difundida por instituciones públicas, principalmente por la Secretaría de Educación Pública (SEP), instancia que por política de estado, enseña a los niños la tradición.
Al hablar de órganos públicos también se refirió a la iglesia, quien en este día recibe a cientos de miles de personas en los panteones.
El experto resaltó que esta tradición corresponde a la celebración que se realiza en Xochimilco, en el Distrito Federal, que al ser el centro del país, se popularizó por todo el territorio nacional, principalmente en los estados periféricos, en donde desde hace siglos ya se realizaban rituales.
Estas tradiciones tampoco son propias de cada estado, pues los límites territoriales que se conocen son imaginarios en las culturas.
Incluso la manera en que se recuerda a los difuntos en la actualidad no se le puede adjudicar a ninguna cultura prehispánica porque se trata de la mezcla de elementos de varias de ellas.
DÍA DE TODOS LOS SANTOS Y DE LOS FIELES DIFUNTOS
En el estado de Durango siguen vigentes celebraciones indígenas del Día de Muertos que a su vez están vinculadas con la iglesia católica.
Estas tradiciones las practican los tepehuanos, al sur de la entidad, los mexicaneros y los huicholes.
Las tradiciones de los tepehuanos y los mexicaneros son muy similares y en los tres grupos étnicos se repiten rituales.
La celebración más popular es la del Día de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, conmemorada por los tepehuanos en Santa María de Ocotán, municipio de Mezquital. Los rituales se desarrollan durante dos días, el primero y el 2 de noviembre, en los que los niños son protagonistas, aunque aún no se sabe con certeza por qué los niños tienen a cargo los roles más importantes, precisó el antropólogo.
DÍA UNO
El día primero de noviembre a las 08:00 horas, se anuncia el paso de los muertos al repicar las campanas de la iglesia; los niños las tocarán durante los dos días de la celebración.
En el interior de la iglesia se coloca un rosario elaborado con toxium, que son las flores de cempasúchil e hilo de algodón. El rosario deberá darle la vuelta al templo.
Esta tradición se relaciona a una antigua leyenda de Santa María de Ocotán.
Un día, del que los habitantes ya no recuerdan la fecha, el poblado fue atacado por un Chúulh, o demonio; la bestia fue encerrada en la iglesia.
La gente cuenta que el demonio explotó en el templo y sus tripas quedaron esparcidas en las paredes.
El rosario que se forma con toxium simboliza las tripas del demonio.
El ritual recuerda esa batalla que ganó el pueblo y el cordón de flores es a su vez un símbolo de protección.
Las flores de cempasúchil no solo rodean la iglesia, también se colocan en forma de rombo en las cinco cruces que se encuentran en la calle, las cuales son las cinco estaciones de la crucifixión; de igual manera, es un símbolo de protección contra el mal.
Al oscurecer, los habitantes rodean las tumbas de sus familiares, colocan velas y alimentos, entre ellos tortillas, refrescos, naranjas, guayabas, plátanos y tunas.
También le ofrendan a sus muertos mezcal y música.
Los tepehuanos también dejan monedas; ellos creen que los muertos pueden comprar cosas del otro lado.
Los niños son los únicos que pueden tocar o consumir las ofrendas, incluido el dinero, los adultos los tienen prohibido.
Mientras la gente comienza a celebrar a sus difuntos, en la iglesia también se colocan ofrendas y otros pobladores se quedan en vela toda la noche.
DÍA DOS
El 2 de noviembre, a temprana hora se pintan las cruces de las tumbas de color blanco y azul.
Cuando se visita Santa María de Ocotán se sabe a través de estos colores si la celebración del Día de Muertos ya pasó.
Al anochecer, las 13 autoridades del pueblo, incluido el Gobernador, pierden el poder y sus puestos son sustituidos por 13 niños.
Toda la noche los niños participan en una especie de juego, donde arrestan a adultos e infantes que se encuentren en las calles.
Cabe aclarar que está prohibido salir, el arrestar personas es parte de la tradición, dijo. Los detenidos deben pagar dinero para quedar en libertad.
Al amanecer, comienza a repartirse entre los habitantes los alimentos que se reunieron en la iglesia; ya pueden consumirse.
Otro elemento distintivo de esta tradición es que a una mujer se le regalan flores, las debe sembrar en su casa y llevarlas a la celebración el próximo año.
En otros grupos étnicos del país se celebra a los muertos con rituales muy parecidos, en algunos se llevan a cabo verdaderas elecciones de gobernantes y a veces el ritual termina en conflicto por esta causa.
En las culturas de México, la conmemoración del Día de Muertos tiene relación con el término de la temporada agrícola o el cambio estacional por el comienzo de la temporada seca.
NO RECONOCIDA
La celebración en Santa María de Ocotán mezcla la ideología de las culturas antiguas mexicanas con las de la iglesia católica.
El Día de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos es un ritual tridentino que se practicaba previo a la declaración del Concilio Vaticano II en 1965, convocado por el papa Juan Pablo II.
En este concilio dejó de validarse y aceptarse la mezcla de rituales para unificar la misa en un solo ritual romano.
VISITANTES
El INAH describe a la tradición del Día de Muertos de la siguiente manera: "La fiesta de los muertos tiene una importancia singular en la vida ceremonial de los pueblos indígenas por su relación con la ideología, la cosmovisión, la religión, el arte y la agricultura; dichos elementos constituyen la tradición cultural que incorpora los fundamentos del pensamiento mesoamericano y de la evangelización colonial, así mismo incluye los temas actuales y los procesos dinámicos del tiempo moderno".
Una de las celebraciones a las que se le dio especial difusión fue a la ofrenda de Día de Muertos otomí de San Pablito, Pahuatlán, en el estado de Puebla, que se desarrolla del 31 de octubre al 2 de noviembre, según datos del INAH nacional.
Los altares, el copal, la música, alimentos, rezos y cantos son elementos esenciales en esta celebración.
Los rituales se realizan en los hogares y los panteones, ahí se construyen altares que ilustran los ámbitos del universo como el cielo, tierra e inframundo, lugares en donde se cree que viven las almas de los difuntos.
El 31 de octubre se ofrenda la comida para los niños difuntos, entre golosinas, frutas y picante.
Se cree que los primeros en llegar son los niños lactantes porque son más rápidos, esto debido a que no consumieron maíz ni ningún producto terrenal, y tampoco se relacionaron con el fuego.
Del mediodía hasta el primero de noviembre llegan los niños que en vida comieron maíz y los adolescentes que no tuvieron relaciones sexuales, explicó el INAH.
De la tarde de ese día hasta el día 2 transitan los difuntos adultos.
En los altares se les ofrenda comida típica, como tamales y mole, además de agua, frutas, café y chocolate.
EL ALTAR
Hay variedad de altares del Día de Muertos, según de la cultura de la que se haya dado continuidad a la tradición; pero hay elementos que se encuentran en todos.
Los altares son sitios a donde llegan los difuntos, les ayudan a volver del "más allá" y en ellos degustan los alimentos que en vida les encantaban, según coinciden distintas fuentes de información.
El altar debe tener siete niveles en representación de los mismos siete niveles que pasa el alma para poder descansar.
En el primer escalón se coloca la foto del santo o virgen de la devoción a la cual era afecto el difunto.
En el segundo nivel se pone una imagen de las ánimas del purgatorio; mientras que en el tercero se da lugar a la sal, la cual es para los niños del purgatorio.
En el cuarto escalón se coloca el tradicional pan de muerto. La tradición dice que el pan debió ser hecho por los familiares del finado; pero en la mayoría de los casos se compra.
El quinto nivel es el sitio de la comida, bebidas y frutas preferidas del difunto.
En el sexto escalón va la foto del difunto y en el séptimo la cruz de un rosario hecho de tejocote y limas.
En el altar se colocan ofrendas: una cruz hecha con cuatro velas; estas deben estar orientadas a los cuatro puntos cardinales
Se coloca una olla sobre un anafre con hiervas aromáticas. También flores, las de color blanco representan el cielo, la flor amarilla a la tierra y la morada el luto.
Las cadenas de papel de color amarillo y morado simbolizan la unión entre la vida y la muerte.
El papel picado significa alegría de vivir.
Un cirio que representa el ánima; el agua que da vida y energía en su paso hacia la tierra y una vara para liberar al difunto del demonio y los espíritus malignos.
También se forma un camino hasta el altar con flores de cempasúchil.
No puede faltar el maíz y las calaveritas; ambas son tradiciones indígenas.
El altar lleva prendas del difunto, las cuales son muy variables.