Hace un par de décadas los aceites eran considerados malos para la salud y se solía aconsejar su restricción en la dieta. La dieta mediterránea, ahora ejemplo para cualquier dieta en el mundo, utiliza aceite de oliva al que se acusó de ser malo para la salud.
Poco a poco, la opinión acerca del aceite de oliva fue cambiando a mejor, descubriendo nuevas propiedades "maravillosas". El aceite de oliva pasó de ser el malvado a ser un elemento benigno en la lucha contra el colesterol o poseedor de antioxidantes naturales que alargaban la vida.
Un producto de uso cotidiano pasó a ser anunciado por cocineros famosos que encumbraban aquellas marcas que financiaban con publicidad sus programas de televisión. Una de las virtudes que señalaban era su composición natural.
La extracción tradicional del aceite de oliva se realiza de forma mecánica, es decir, las olivas se comprimen hasta extraer su jugo o aceite. De esta forma, se consigue el aceite de oliva sin superar temperaturas de 40º centígrados, sin pérdidas nutricionales. Hasta hace unos meses a este tipo de proceso se le denominaba extracción de primera presión en frío.
Desgraciadamente, durante la Segunda Guerra Mundial se perfeccionó un nuevo método de extracción que doblaba la rentabilidad extrayendo el doble de aceite que con el método tradicional de extracción mecánica. Este proceso en caliente, utiliza disolventes químicos a altas temperaturas (160-200º) que eliminan las vitaminas y antioxidantes naturales durante el proceso. Para evitar esta pérdida, se les añaden posteriormente estos elementos que estaban ya presentes en el aceite de oliva.
No todos los aceites de oliva tienen la misma calidad. Si se fijan en el etiquetado de las diferentes marcas se puede observar que el aceite de algunas marcas procede de procesos mecánicos (aceite de oliva obtenido naturalmente) y otras proceden de procesos químicos y refinamientos para aumentar su producción (aceites de oliva con añadidos artificiales).
El aceite de oliva ha sido un producto natural dentro de la dieta mediterránea desde hace milenios. Al final el precio, marca lo que podemos o no podemos comprar, pero al menos seamos consumidores informados con capacidad de elección y no engañados por la publicidad.