No hay antecedente en la historia política de este país que, tras una declaración de presidente electo, al periodo de transición gubernamental se le diera tanta formalidad y tan exagerado manejo mediático, si constituye sólo un trámite administrativo.
En ocasiones anteriores, cuando surgía la figura de presidente electo, este futuro mandatario constitucional se mantenía cauteloso, discreto y a distancia del presidente saliente; operaba políticamente y nombraba a ciertos colaboradores para que cumplieran con el proceso legal de la entrega-recepción.
Por lo general, resultaba de poco interés la información sobre los integrantes de ese equipo de transición y no se hacían públicos los encuentros del presidente saliente con el electo. Eran formas muy sobrias, con reglas sobreentendidas, hasta antes de este sexenio.
En ese contexto, llama la atención que en el México de hoy se le haya dado tanta relevancia a este paso previo a la toma de protesta; eso sí, presupuestado en 150 millones de pesos. Una tarea necesaria y enmarcada en la ley, pero tampoco extraordinaria como para encender tantos reflectores.
Hasta en círculos políticos surgió cierta extrañeza cuando se nombró a 46 colaboradores de Enrique Peña Nieto para iniciar el trabajo de la transición gubernamental. No pocos confundieron las tareas e imaginaron que se trataba del gabinete presidencial. Del mismo modo, resultó poco común el hecho de que Felipe Calderón haya aceptado la visita del presidente electo en la residencia oficial de Los Pinos, sólo para dar solemnidad al periodo de transición, con discursos de ambos, acompañados por sus hombres de confianza.
En todo este movimiento, se le advierte presuroso a Peña Nieto por llegar constitucionalmente al poder Ejecutivo y a Calderón Hinojosa, decidido a apoyar a su sucesor con el mayor ahínco para que obtenga la fortaleza no alcanzada durante el proceso electoral.
Y si con anterioridad no adquiría especial realce la entrega-recepción del poder Ejecutivo, menos era previsible que el presidente electo realizara visitas a los estados de la república, propiamente como un mandatario con atribuciones constitucionales. Difícilmente lo había permitido un presidente todavía con tres meses de mandato, salvo Felipe Calderón que, al parecer, está concediendo hasta parte de su dignidad ciudadana.
Lo que presenciamos hoy, pues, es la puesta en marcha de una estrategia de doble intención: una para posicionar a Peña Nieto de una vez por todas como presidente de todos los mexicanos y otra, que en este lapso se disipen ciertas protestas de los inconformes por el resultado electoral, a fin de que en diciembre, cuando asuma el cargo ante el Congreso federal, carezcan de fuerza y se hayan minimizado, si no es que desaparecido del espectro político.
Son, al final de cuentas, recursos de los que se está echando mano desde el priismo, para empezar a construirle una base sólida a Peña Nieto, una vez que legalmente se convirtió en presidente electo.
TRATANDO DE TRANQUILIZAR a los presentes en el "Peña-evento" de ayer, una voz tras el micrófono propició un efecto contrario cuando advirtió que era un acto seguro, que se habían tomado "medidas preventivas" ante cualquier eventualidad... DESPUÉS DEL CHUBASCO de este miércoles, cientos de baches, si no es que más, "brotaron" en calles del primer cuadro de la ciudad, por lo que constituye un sacrificio conducir un auto en casi cualquier zona de la ciudad... EN REDES SOCIALES han quedado registradas denuncias de conductores muy molestos no sólo por los daños en sus vehículos, sino por serias lesiones e impactos, sobre todo en la columna vertebral.
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