
El cuerpo, el arte y los colores
La mayor herramienta, el primero, el más importante instrumento del ser humano no ha sido de su invención: es su propio cuerpo. El arte también ha sido una expresión natural del hombre: aún antes de que iniciara la historia con la escritura, antes de que siquiera existiera el idioma, el arte es una expresión mediante la que nos hemos manifestado en casi toda nuestra existencia como especie.
Ambas están tan ligadas, que en la prehistoria el hombre comenzó a pintar su propio cuerpo con pigmentos rústicos de arcilla o carbón. América y sus indígenas lo lucieron en la era precolombina. Con el tiempo todo cambia. Evoluciona o involuciona, pero sea como sea existe siempre esa chispa llamara renovación y cambio.
En un principio el sentido era práctico: fuera ceremonial, para indicar un nuevo nivel social o incluso el camuflaje. La sociedad evolucionó, las culturas se dividieron y surgieron más expresiones de arte, y la pintura corporal toma un nuevo sentido, más cercano a la expresión y la estética. Especialmente en la cultura occidental. Las aplicaciones comerciales y artísticas hacen la paga de talentosos pintores.
El cuerpo es más que una herramienta: es arte en sí. Hemos visto, e incluso los medios de comunicación les da cobertura, a los tatuajes de henna, modelos luciendo prendas de vestir que en realidad no existen, o creando figuras y criaturas fantásticas. O una nueva tendencia para las embarazadas, es el llamado “belly painting”: pinturas artísticas en el vientre. Los artistas ofrecen bastante variedad, incluso la reproducción de la ecografía más reciente del bebé.
Hay artistas que ellas mismas pintan su vientre, como Luo Quianxi, china que subió sus obras a internet. Cada una le tomó cinco horas, en una de sus fotografías incluso se le ve dando las últimas pinceladas frente a un espejo que la reflejaba a tamaño completo.