
¿Les enseñamos a alimentarse adecuadamente?
Uno de los aspectos relevantes en la vida de cualquier persona, sin duda, es la alimentación, pues de este factor dependerá su desarrollo en muchos aspectos, no sólo el físico, sino también el mental, ya que lo que consumamos se reflejará, en primer lugar, en el rendimiento laboral y, por ende, en una buena salud, aunque no necesariamente esto implica que estaremos libres de enfermedades, pero por lo menos sí nos permitirá el riesgo de incidencia en algunas de las más comunes y que a la larga se convierten en crónico-degenerativas, como son la hipertensión arterial y la diabetes mellitus.
De manera desafortunada, en muchos hogares, los padres de familia no fuimos bien aleccionados sobre cómo inculcarles a los hijos hábitos alimenticios de tal forma que su nutrición sea la adecuada y cuenten con los elementos esenciales para su mejor desarrollo y crecimiento, sobre todo, considerando que los primeros 10 años de su vida son los más importantes y son los que marcan la diferencia para que su salud sea estable en los parámetros de lo "normal", es decir, que no se enfermen con frecuencia a causa de una mala o inadecuada alimentación.
Por ejemplo, es muy común observar y constatar cómo una gran parte de los niños de primaria acuden a la escuela sin desayunar, debido, entre otros factores, a la desorganización de los padres de familia para levantarse temprano y prepararles a los hijos algunos alimentos que les permitan cargarse de energía e ir con vitalidad y gusto a aprender y divertirse en ese espacio educativo, donde pasan alrededor de cinco horas, tiempo en el que deben contar con la suficiente energía para poner atención dentro del aula y asimilar correctamente los temas que han preparado los maestros en las diferentes materias.
Tristemente, también podemos comprobar que, producto de esa desatención y falta de organización (y en ocasiones hasta desidia) de parte de los padres de familia, muchos de esos menores no pueden poner atención ni mucho menos mantenerse concentrados en el aula, debido a que su organismo les pide alimento para poder funcionar adecuadamente, por lo que la jornada escolar termina siendo un fracaso lo mismo para el pequeño que para los maestros, ya que para los niños es difícil enfocar su atención en el aprendizaje mientras su cuerpo le envía el mensaje a su cerebro en el sentido de que necesita nutrientes para concentrarse en otro aspecto que no sea la comida.
De ahí la reiterada llamada de atención por parte de las autoridades de Salud para que en los hogares se promueva la sana alimentación, comenzando por el desayuno, con la convivencia, en la medida de lo posible, de padres e hijos, de tal manera que sentarse a la mesa para compartir los alimentos sea una tradición que se practique en cuanto lo permitan los horarios de los distintos integrantes de la familia, con lo que se convertirá en una costumbre que los unirá más y, de paso, se puede fomentar el consumo de los mejores nutrientes para el desarrollo armónico de todos.
Sin embargo, en virtud de que muchos padres de familia vienen arrastrando viejos vicios, esquemas y hábitos, heredados de sus propios progenitores, la tarea para promover una adecuada alimentación en el hogar se convierte en una empresa difícil de acometer y, sobre todo, de mantener, por lo que habría que hacer un esfuerzo extraordinario, entre todos, para que ese objetivo se cumpla en aras de que la salud es un factor que debe prevalecer por encima de las viejas costumbres en las que predominan algunos platillos que no contribuyen a la meta que se busca concretar.
En principio, se puede comenzar por buscar asesoría profesional sin el temor o el prejuicio de reconocer que los padres de familia no somos expertos en el tema, por lo que se puede recurrir lo mismo a un nutriólogo que a un doctor, quienes nos podrán dar algunos consejos sobre cómo contar en nuestra mesa con una selección de los alimentos que en verdad nos ayuden a una adecuada nutrición de tal forma que esto se refleje en una mejor salud y desarrollo.
No obstante, es comprensible que exista cierta resistencia o renuencia para acudir a algún especialista en alimentación cuando en ocasiones se carece de recursos económicos para el pago de una consulta o un tratamiento, por lo que en este caso se puede echar mano de las herramientas tecnológicas más recientes como es el internet, donde se puede encontrar una amplia variedad de recomendaciones sobre cómo equilibrar el consumo de los diferentes alimentos, en beneficio de todos los miembros de la familia.
Todo cambio implica un gran esfuerzo y sacrificio, así que no será fácil adaptarse a un nuevo menú; sin embargo, con base en la constancia y mezclando adecuadamente los distintos alimentos, seguramente, padres e hijos descubrirán, juntos, que la nutrición no está reñida con platillos que serán de su agrado por su sabor y, sobre todo, por la contribución que representarán para su salud y desarrollo.