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Revisita al Mío Cid

LETRAS DURANGUEÑAS

Revisita al Mío Cid

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ENRIQUE ARRIETA SILVA

El anónimo Poema del Mio Cid; es un poema por demás clásico, que situado en las crónicas de los siglos XIII Y XIV de las gestas castellanas, trasciende por los siglos de los siglos hasta nuestro días, porque trata de uno de los personajes más importantes de la historia de España del siglo XI y de su batallar heroico en contra de los moros y de la intriga política.

Gobernaba Castilla el rey Alfonso VI, quien decidió mandar al Cid Ruy Díaz para que cobrara el tributo que los reyes de Córdoba y de Sevilla tenían que pagarle anualmente, empresa que el Cid cumplió debidamente, no sin antes combatir contra el rey de Granada para echarlo de los dominios del rey de Sevilla vasallo y pechero del rey don Alfonso, a quien éste tenía el deber de apoyar. Por esa razón el Cid Ruy Díaz de Vivar se sintió obligado a castigar al rey de Granada y entabló batalla campal que duró desde la hora tercia hasta el mediodía siendo inmensa la matanza de moros y cristianos que culminó con la victoria de Ruy Díaz de Vivar, a quien a partir de allí, moros y cristianos llamaron El Cid Campeador, por su ferocidad en las batallas.

El Cid volvió vencedor con el tributo al rey don Alfonso, siendo muy bien recibido por éste, quien se declaró muy orgulloso de él y muy complacido de su comportamiento, lo que originó que le salieran mucho envidiosos, procurándole innumerables daños, hasta que lograron ponerlo en mal con el rey, quien prestó oídos y lo expulsó del reino, dándole un plazo de nueve días para abandonarlo.

Desde este punto de vista, el poema anónimo del Mío Cid, es una lucha por el poder, toda vez que para alejarlo del centro del poder, que era el rey don Alfonso, le urdieron intrigas hasta que lo lograron y lo hicieron partir desterrado, con el dolor de su corazón y de su alma, el cual se manifiesta con su despedida en la catedral de Burgos:

-¡Alabado sea Dios, Señor del cielo y de la tierra! ¡Divina Santa María, válgame tu amparo! La cólera del rey me proscribe de Castilla; ni siquiera sé si volveré a ella. Válgame tu auxilio, gloriosa Virgen; no me abandones ni de noche ni de día. Si así lo hicieres y la dicha me acompaña, desde ahora ofrezco para tu altar bellas y ricas donas, y juro que haré cantar mil misas. (Anónimo, Poema del Mío Cid, México, Ediciones Leyenda, 2010, p. 29)

Como consecuencia de ese destierro, El Cid Campeador, emprendió una larga lucha con sus fieles seguidores que por su carisma aumentan día a día, en contra de los moros, conquistando tierras y riquezas infinitas, hasta lograr hacerse de Valencia. Dicho está que dádivas quebrantan peñas, y poco a poco el Cid, con regalos como cientos de caballos y otros obsequios, logra que el rey don Alfonso lo absuelva del destierro y lo vuelva a tener en alta estima, lo cual también es muy característico de la vida política, caracterizada por vaivenes y en la que "para el que tiene la manada es el potro".

Es el poema anónimo del Mío Cid, una estela de cualidades humanas, de sentimientos de la vida cotidiana, de esperanzas e ilusiones del género humano, y desde luego de sus pasiones, entre las cuales no es la menor la lucha por el poder.

Escrito en: Letras durangueñas quien, Cid,, anónimo, Alfonso,

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