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LETRAS DURANGUEÑAS

Elogio a la patria chica

ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA

Canto a la ciudad blanca, la discreta

Ciudad para mí tan jovial y tan

Querida

Que si tuvo la gracia en darme vida

Yo le causé el dolor de ser poeta.

Canto a Durango, la urbe soberana

Cada día más coqueta y hechicera

Como que es en el Valle del Guadiana

Tierra de vida propia

Ya que plugo a la maga Primavera

Vaciar en ella rica cornucopia.

Barrios de Tierra Blanca y el Rebote,

Del Calvario, de Analco y San Antonio

Donde siempre iba al trote

Como alma perseguida del Demonio.

Mi cerro de Mercado: tú fuiste la pandorga

De mi infancia feliz, cuando a

Hurtadillas

De ti bajaba a la presa de Morga

Para después, mis irascibles tías

En su tienducha "La Locomotora"

Me flagelaban todas las costillas

Al volver por la tarde, ya en deshora.

Calles Coronado y Victoria

¡cómo a mi frente vienen y se van

Dejando del pasado en mi memoria

Momentos de pesares y de gloria

Con Macario Armendariz y el Chaflán.

Noches de juventud en tolvanera

Cuando reunido con la muchachada,

Con mi indumenta cual si fuera un zuavo,

Descalzo recorría de acera a acera

Las oscuras callejas

Portando primitivas candilejas

De ocote resinoso

Para al siguiente día captar el gozo

De vender alacranes a centavo.

Arroyo San Vicente, cerro de

Guadalupe, las Moreras, la China, aún me desvela

Recordar cómo pude y cómo supe

Con mis "venadas" suplantar la

Escuela.

Oh andanzas de aguerrido mozalbete

Por el Tunal, Pueblito y Ferrería

Donde con mis amigos, un banquete

Se imrovisaba ahítos de alegría;

El "menú", bien sencillo

Más lo hubiera envidiado

Pantagruel:

Semitas con chorizo y piloncillo

Y un jarro de fresquísima aguamiel.

¡Oh mi ciudad católica y bizarra!

Hasta el exilio tú me envías el eco

De tu noble historial y de tu rango.

Sea mil veces bendito don Alonso

Pacheco,

Don Ginés de Mercado y Francisco de Ibarra

Que gentiles te crearon, mi Durango!

En homenjae a eximios fundadores

Cada día te remozas y engalanas

¡oh mi ciudad que hueles a copal!

Perfuman en su loor las gayas flores,

Les recuerdan los pájaros cantores

Y alharaquientas suenan las

Campanas

En tardes y mañanas

Desde las torres de tu catedral.

Tierra de nuestro epónimo Victoria:

Un zodiaco de nombres te amerita

Donando a tu prestigio claro rastro

Y a remembrarte la memoria invita

Para afirmar lo justo de tu euforia.

Fuiste la musa de Ricardo Castro,

De Francisco Fournier y de

Alvarado,

De Dolores Guerrero y de Gaxiola

Y en tus manes de fijo se ha

Inspirado

-cual caracol que guarda los sonidos-

Pancho Castillo Nájera, el doctor

Poeta eminente, rey de los Corridos.

En fin, que tu rancia prestancia perpetúa en su estación, Felipe

Pescador

Y en diamantino canto la Anitúa

Tu mirlo, tu zinzonte y ruiseñor.

Ave a tí mi Durango! Cuna santa,

De mi fiel devoción el relicario.

Tu hijo ausente con amor te canta

Y en tu loor aviva su incensario!

Justino N. Palomares

(poema tomado del libro

"Bocetos Durangueños". Poesías, 1951).

Escrito en: letras durangueñas DURANGO escritos ciudad, loor, Francisco, cerro

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