
Versos del oriente
Una barca pequeña se pierde en la línea que
Incendia el ocaso;
Naufraga la luna bogando de noche, al tiempo que bebe la sal en el agua.
Una barca de niebla, con puente de niebla,
Velamen de niebla,
Siluetas de niebla
Besándose a veces en blanca cubierta.
Una sombra vaga que arroja las redes a la voz dulcísima de los arrecifes y danza en la borda y se pierde luego en brazos de bruja que canta y que canta...
Sus senos oscuros
Revientan la espuma y su piel endrina las manos de niebla que vagan
Buscando calor de otro tiempo.
Vaga la luna
Brota en los arrecifes...
Juego de espejos.
La voz ha cesado y la blanca espuma se tiñe de vino, y la luna blanca se tiñe de vino; de tinto
Silencio que alcanza
Jirones de las blancas
Velas que incendia el
Ocaso.
La luna pálida
Navega en los maderos...
Viejo naufragio.
El rumor de la marea se vierte en una concha,
Pequeña ilusión brotada de un soplo otoñal en cualquier tarde.
El siseo de la marea acompaña la noche
Penetrando la piel y las pupilas, atiza el fuego
Sutil de la memoria hasta morir en rescoldos y
Chispas fugaces en el cierzo.
La luna escapa
Y la brisa trasmina
Tus labios pálidos.
Llevo la voz de la concha hasta mi oído, el mar
Escapa en miríada de
Recuerdos, escapa lento y desborda la distancia,
Entre silbos de pájaro que ya se ha ido (una tarde migró con la marea, sin dejar de silbar nuestras historias)
Las velas rotas
De una vieja barquilla
Aún le lloran.
La mar arroja maderos a la noche en un triste
Vaivén, en un delirio, también fragmentos de luna entre las rocas y el silbo de un pájaro que amaba la marea.
Remolinean
Espejismos de luna
En la nostalgia.
DESDE MI CUARTO Desde mi cuarto, escucho voces de viento, son apenas murmullo que se pierde vibrando en la
Vidriera. Algunas veces parece que silban
Canciones y vuelven con sus lágrimas a la vieja
Bocina de la radio.
Tu voz es viento
Que acaricia las
Vértebras
Y la memoria.
Llega la noche y con ella, se angosta la luna y
Penetra la rendija de mi puerta. La voz-murmullo no cesa de traer el timbre que alegró constante la breve silueta en el espejo, desde las rosas que
Habitan el jardín hasta la sombra de un peregrino pájaro que va sembrando de plumas el camino.
Alas de noche
Cautivando tus ojos
Muere la luna.
Desde mi cuarto oscuro y diminuto, alcanzo a ver como dormita el viento en las ramas sin hojas de los sauces.
(El haibun es otra importante y atractiva aportación de la literatura japonesa, en el que se combina el relato en prosa y los versos cortos del haikú).