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2x2=4, ¿solo en el sur?

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ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CAT?N)

 N Os dice el Secretario de Educación federal que las pruebas de evaluación PISA no consideran las condiciones diferentes que presentan las naciones que la toman. Por eso, no se pueden comparar los resultados de México con los de otros países.

¡Ah, caray! Entonces, ¿el álgebra, sus principios y fórmulas solo son válidas en Arabia, o en Birmania, y no en Pitiquito, Sonora? ¿Y las áreas de los triángulos serían diferentes en otras naciones, aun usando la misma fórmula Base por Altura sobre 2 (BxA/2)? Mmm... interesante. ¿Resultará diferente la multiplicación en Groenlandia? Por lo frío, digo, que afecta a los estudiantes y es una condición diferente. ¿Cuál será la respuesta de 2x2= en Burundi? Menudo problema que solo puede resolver "La Araña", el popular detective de los cuentos de Lulú y Toby.

En lo de la lectura, por ejemplo, para su evaluación, la OCDE utiliza diferentes metodologías, con el objeto de hacer a todos los lectores compatibles y no dar ventajas a nadie; los árabes leen de izquierda a derecha, algunos orientales de arriba para abajo y los japoneses, usando dos alfabetos y kanjies (que son caracteres que comunican ideas).

Pero resulta que, además de que leen más rápido que nosotros, obtuvieron todos esos países mucho mejor calificación que nuestros niños en comprensión de lo que leen. ¿Serán las pantallas de los celulares o la tele? ¡No, hombre! Es el sistema de enseñanza que, según nos dicen en la Secretaría de Educación, motiva más a los infantes el que aprendan sin presión, sin temor a ser reprobados si no estudian, que si se equivocan en los acentos o al leer. ¡No hay problema! De todos modos, ya prácticamente tienen asegurado su pase, y con beca, a la universidad. Eso sí, sin garantía de que al egresar sean competitivos y hablen otro idioma.

Yo creo que el problema no está tanto en que nos enseñen la vida deportiva del Che Guevara, y los amores de Hugo Chávez, sino en el objetivo de generar una fuerza laboral sin principios de competitividad, sin actitud hacia la evaluación continua, y sin tener referencias, en los textos gratuitos, de personajes exitosos como García Camarena (el inventor de la TV a colores), u Octavio Paz, premio Nobel de Literatura, como para tomarlos como ejemplo de excelencia.

En fin, para resolver una falla, hay que reconocer que esta existe; si no, nunca brincaremos esa valla. Y es obvio que nuestra futura fuerza laboral no va por buen camino a ser competitiva; para muestra basta un botón: lugar 37 de 38 países de la OCDE en la prueba PISA. Que subió un poquito la calificación en ciencias, cierto, un "pelín", como dicen los españoles, pero sí da vergüencilla. ¿O no?

No tiremos estos comentarios y la situación de nuestra educación a la basura. Ustedes, inteligentes lectores, ¿consideran que si el 55% de los trabajos que hacemos son informales, que en total ganamos de 1 a 2 salarios mínimos el 80% de los ocupados, que ya mero nos alcanza la inminente disminución de nuestro bono demográfico, y que tenemos una creciente necesidad de crecer más allá del 1.5%, para mantenernos al menos nadando de muertito, nos hace una región atractiva para la inversión? Yo digo que claro que no. Entonces, por el bien de México, primero los niños, recompongan, por favor, quienes lo tengan que hacer; si no, exíjanles ustedes un cambio al objetivo original. Que el cambio incluya la oferta a nuestros menores, y desde preprimaria, de una educación que les permita incorporarse a un mundo en constante movimiento, con herramientas para salir adelante, incluyendo la preparación para competir y ser evaluados contra las mejores fuerzas laborales del mundo. No le hace si en el proceso quememos en Semana Santa un Judas con la figura de Hernán Cortés.

Se acostumbra uno a la mediocridad y a la flojera y a las dádivas sociales. ¡Aguas!

Ánimo.

Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche, me dijo ayer unas palabras que me desconcertaron:

-Soy un creyente a medias.

Sé bien que mi amigo afirma para que yo pregunte. Así, le hice la pregunta obligada:

-¿Por qué?

Me contestó:

-¿Recuerdas la oración que se les decía a los difuntos? "Dale, Señor, el descanso eterno, y luzca para él la eterna luz". Pues bien: yo creo en el descanso eterno, pero no en la eterna luz. Supongo que un índice de credibilidad del 50 por ciento no está mal.

Yo ya me había tomado tres copas -o cuatro, a lo mejor-, de modo que me atreví a responderle:

-De ninguna manera está mal ese promedio. Yo a ti siempre te creo el 50 por ciento de lo que me dices.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: todos, diferentes, creo, países

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