La nulidad es la sanción más severa que puede imponerse a un proceso electoral; equivale a declarar que la voluntad popular expresada en las urnas quedó viciada de origen. Nuestro país cuenta con antecedentes de nulidad, destacando las gubernaturas de Tabasco y Colima.
Sin embargo, existen múltiples ejemplos de elecciones municipales invalidadas por coacción del voto, rebase de topes de campaña o uso indebido de recursos públicos; incluso en 2022, en Durango, casi se materializa la anulación de la elección municipal de Tamazula.
Todo esto cobra relevancia frente a la reforma publicada la semana pasada, en la cual, en apenas 4 renglones, se incorporó una nueva causal de nulidad electoral: la intervención extranjera.
La iniciativa, impulsada por el diputado Ricardo Monreal, se sustentó bajo el argumento de que la Constitución ya prohibía expresamente la intervención extranjera en los procesos políticos, pero no contemplaba una sanción.
La preocupación por la interferencia extranjera tiene un fundamento real; en 2016, las agencias de inteligencia de Estados Unidos documentaron operaciones rusas de desinformación mediante redes sociales, orientadas a influir en su elección presidencial.
En Europa, el Parlamento ha publicado informes sobre campañas de injerencia en múltiples elecciones nacionales. En América Latina, los casos de financiamiento extranjero a movimientos políticos en Ecuador y Brasil han detonado reformas legislativas y procesos judiciales en curso.
Sin embargo, ante las premuras del reloj legislativo, la reforma mexicana nació incompleta; al carecer de un marco normativo secundario, abre la puerta a una peligrosa discrecionalidad interpretativa al dejar sin respuesta aspectos fundamentales. Por ejemplo, ¿qué constituye exactamente un acto de intervención extranjera?, ¿qué elementos aplican para acreditarla?, ¿quién está facultado para denunciarla y ante qué autoridad específica? y ¿en qué momento procesal debe alegarse?
Esta ambigüedad es su mayor debilidad, sobre todo cuando vivimos en un mundo tan interrelacionado, con una globalización de medios de comunicación y presencia de redes sociales, por lo que en estos momentos es imposible saber si esta injerencia extranjera incluye, por ejemplo, la reproducción en México de una publicación periodística internacional, o si abarca declaraciones de funcionarios de otros gobiernos.
Por si esto fuera poco, también queda la duda si esta nueva causal podría ser aplicada a partir de la elección de 2027. Existen posturas encontradas: por un lado, la jurisprudencia del Tribunal Electoral ha sido consistente al señalar que una disposición constitucional, cuya operatividad depende de precisiones que solo la ley secundaria puede establecer; no debe aplicarse de manera autónoma para evitar caer en la arbitrariedad.
Por otro lado, la causal ya forma parte de nuestro marco jurídico; de presentarse una impugnación, el órgano jurisdiccional estaría obligado a pronunciarse sobre sus alcances.
El Estado mexicano tiene el derecho innegable de proteger su autodeterminación y de sancionar conductas previamente prohibidas; el verdadero reto es construir las normas secundarias que vuelvan operativa esta causal de nulidad de manera predecible, transparente y compatible con los principios rectores que rigen el sistema electoral mexicano.
X: @omarortegasoria
"Cada día, asegurada, / harás una pendejada. / El día que no hagas dos / debes dar gracias a Dios". La verdad contenida en esos versos pareados la demuestra don Martiriano, al menos a los ojos de su feróstica mujer, doña Jodoncia. Ayer el abnegado esposo le comentó, divertido, a su media toronja (la señora es tan gorda que algunos acusan de bígamo a don Martiriano). Le contó: "Hicieron una encuesta en la oficina para ver quién es el más pendejo de todo el personal". Preguntó la arpía: "¿Y quién quedó en segundo lugar?". Ejemplo de pendejez supina lo proporciona Candidito, joven varón sin ciencia del mundo ni arte de la vida. Le preguntó con vehemencia a Dulcibel, su enamorada: "¿Algún día me permitirás que te haga el amor, ángel mío?". Replicó la linda chica: "Otra pregunta idiota como ésa y me saldré de la cama, me vestiré y me iré del motel". Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, fue a comprar un pollo en la carnicería de su colonia. El encargado le mostró uno. La encopetada mujer examinó el pollo con detenimiento. Lo revisó por todos lados; lo oliscó; le levantó las alas para mirar bajo ellas; le dio varias vueltas a fin de ver si tenía algún defecto, y llegó al extremo de introducirle un dedo en parte innominable a fin de revisar la higiene del producto. El carnicero, que había seguido con molestia todo el procedimiento, le preguntó amoscado a doña Panoplia: "Señora: ¿aprobaría usted un examen así?". "Mi madre trajo al mundo a 15 hijos -relató un tipo en una entrevista radiofónica-. Mis hermanos y yo la tenemos en un pedestal". "Con toda razón" -dijo el entrevistador. Prosiguió el entrevistado: "Hace poco papá bajó a mamá del pedestal. Ahora vamos a ser 16 hijos". Meñico Maldotado recibió de la naturaleza una porción muy reducida en la parte correspondiente a la entrepierna. Contrajo matrimonio, y cuando en la noche de bodas se presentó por primera vez al descubierto ante su desposada le recordó ella: "Ahora entiendo por qué siempre me decías que debía apreciar las pequeñas cosas de la vida". Una linda chica le pidió a la dependienta de la Farmacia Tica: "Dame un paquete de toallas sanitarias". Y en seguida exclamó jubilosa levantando los brazos al cielo: "¡Gracias, Dios mío!". Doña Ignavia, nueva rica, dijo en la reunión "Mi marido y yo estuvimos en una ciudad de Florida que se llama Kote". "Tampa, mujer, Tampa" -la corrigió el esposo. (No le entendí). Los norteamericanos llaman necking a lo que nosotros designamos con los picosos verbos "cachondear", "pichonear", "guacamolear", o sea acariciar lascivamente a una mujer. En inglés la palabra neck quiere decir "cuello". Eso llevó a Groucho Marx a comentar que quien llamó necking a esa actividad sabía poco de anatomía. Todo esto viene a cuento para recordar lo que hicieron Susiflor y su novio Pitorrango en el Ensalivadero, sitio alejado de la ciudad en el cual reinan por partes iguales las sombras y la soledad, y que por tanto es propicio a escarceos de contenido erótico. ¿Qué hizo la parejita mencionada? Hizo el amor, para decirlo en tres palabras. Al término del trance, acaecido en el asiento trasero del automóvil de él, la joven rompió a llorar, arrepentida. "Me dejé llevar por tu labia seductora -sollozó-. Olvidé los principios y valores que adquirí en el Colegio de las Damas. Perdí mi castidad y mi pureza. ¿Cómo podré decirle al padre Arsilio, mi confesor y director espiritual, que pequé contigo dos veces?". "¿Dos veces? -se sorprendió el galán-. Solamente lo hicimos una vez". Preguntó Susiflor: "¿Qué ya nos vamos?".
FIN.