
8M: esta es la historia detrás del color morado en las marchas feministas
Cada 8 de marzo, el morado aparece por todas partes. Está en los pañuelos, en la ropa, en las pancartas y en las calles. Es uno de los colores que más se asocian con las marchas y con la lucha de las mujeres, pero su presencia no es casualidad. Detrás de ese tono hay una historia larga de exigencia, memoria y resistencia.
Aunque muchas personas lo relacionan de inmediato con el Día Internacional de la Mujer, el morado tiene un origen más profundo dentro de los movimientos que pelearon por derechos básicos, como el voto, la participación pública y la igualdad. Con el paso del tiempo, ese color fue tomando fuerza hasta convertirse en uno de los emblemas más reconocibles del feminismo.
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Un símbolo que viene de la lucha
Una de las explicaciones históricas más sólidas ubica el uso del morado en el movimiento sufragista del Reino Unido, a inicios del siglo XX. En aquel momento, se empleaba junto con otros colores como parte de la identidad visual de una causa que exigía derechos para las mujeres.
En ese contexto, el morado se vinculó con ideas como la justicia y la dignidad. No era solo un detalle estético, sino una forma de comunicar que había una lucha seria detrás, una demanda de reconocimiento en una época en la que las mujeres todavía eran excluidas de muchas decisiones públicas.
La versión más repetida… y lo que sí se sabe
Durante años también ha circulado la idea de que el morado se originó a partir del humo de un incendio en una fábrica donde trabajaban mujeres. Esa historia se ha repetido mucho, sobre todo en torno a la conmemoración del 8 de marzo, pero no es la explicación histórica más firme sobre el origen del color.
Lo que sí está documentado es que tragedias laborales como la de la fábrica Triangle Shirtwaist, en Nueva York, marcaron profundamente la lucha por los derechos de las trabajadoras y ayudaron a visibilizar las condiciones de desigualdad y abuso que vivían muchas mujeres. Sin embargo, el uso del morado como símbolo feminista tiene una raíz más claramente ligada al sufragismo y a la construcción histórica del movimiento.
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Del sufragio a las marchas actuales
Con los años, el significado del morado fue creciendo. Dejó de representar solo una etapa de la lucha de las mujeres para convertirse en un símbolo mucho más amplio. Hoy también expresa la exigencia de igualdad, el rechazo a la violencia de género, la demanda de justicia y la defensa de derechos que todavía siguen en disputa.
Por eso, en las marchas del 8M el morado no está ahí solo para dar identidad visual. Está porque resume décadas de organización, protesta y memoria colectiva. Es un color que ya forma parte del lenguaje de la movilización feminista en muchas partes del mundo, incluida México.
Más que un color
Ver el morado en una marcha, en una lona o en un pañuelo es ver mucho más que un tono llamativo. Es encontrarse con una señal de lucha. Es recordar a las mujeres que abrieron camino antes, a las que hoy siguen exigiendo justicia y a las que buscan que las nuevas generaciones crezcan en un entorno más igualitario.
Por eso, cada 8 de marzo, cuando las calles se pintan de morado, el mensaje va mucho más allá de lo visual. Habla de dignidad, de resistencia y de una pelea que todavía no termina.