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Afrodita, la nueva sangre de la lucha duranguense

Dinastía. Su padre es el luchador Anubix, quien la guió en sus primeros pasos dentro del deporte y es su máxima inspiración.

Dinastía. Su padre es el luchador Anubix, quien la guió en sus primeros pasos dentro del deporte y es su máxima inspiración.

RICARDO HERNANDEZ

Ricardo hernandez / El Siglo de Durango

El siglo de durango

Con apenas 15 años, Afrodita se ha convertido en una de las figuras juveniles más llamativas de la lucha libre duranguense. Su historia no comienza en el ring, sino en la butaca: ahí, al presenciar en vivo la fuerza y presencia de la estrella de AAA, Lady Shani, descubrió que ese universo también la llamaba. "Desde que la vi luchar pensé: 'quiero ser como ella'", recuerda.

Ese impulso inicial se combinó con la guía de su padre, el también luchador Anubix, quien la acompañó en sus primeros pasos y la animó a construir una identidad propia. Desde entonces, Afrodita tomó la decisión de entrenar, debutar y dar forma a un personaje que hoy la coloca como una promesa real dentro del circuito local.

La máscara que porta actualmente es una extensión de esa historia familiar. Diseñada por el mismo Anubix, se ha convertido en un símbolo íntimo que refleja la conexión entre ambos y la influencia directa que él tiene en su formación: "Es la segunda máscara que saco y me siento muy cómoda con ella", explica. Para Afrodita, cada máscara tiene un aura distinta, una energía que transforma su presencia en el cuadrilátero.

Aunque su personaje nació como técnico, esta máscara en particular ha impulsado su faceta ruda, una dirección que abraza con convicción. Su objetivo es claro: consolidarse como luchadora ruda y dominar el ambiente local con la misma fuerza que sus profesores y su padre.

El camino para llegar ahí no ha sido sencillo. Afrodita describe su entrenamiento como un proceso duro, emocional y exigente, en el que más de una vez ha salido llorando. Sin embargo, esas lágrimas nunca han significado debilidad. "Está bien llorar, pero no rajarse", le repiten sus entrenadores: Relámpago Junior, Balkan y el propio Anubix. Esa filosofía la ha llevado a construir un estilo híbrido que combina llaveo, lucha ras de lona, vuelos y rudeza, una mezcla poco común en luchadores tan jóvenes.

Entre sus influencias menciona a Stephanie Vaquer, una de las figuras más completas del circuito latinoamericano, y entre sus movimientos favoritos destaca un mortal hacia atrás desde la segunda cuerda, un sello que ya empieza a identificarla.

Su debut estuvo marcado por nervios y dudas, como suele ocurrir con quienes pisan un ring por primera vez. "Me daba nervios no saber si le iba a caer bien a la gente o si alguien iba a gritarme algo", confiesa entre risas. Pero al sonar la campana, todo cambió: la invadió una energía feroz, una determinación que la impulsó a "romperla macizo, a darlo todo" y demostrar de qué está hecha.

Con el tiempo, esa mezcla de adrenalina y confianza se ha convertido en su sello. Aunque han surgido comentarios de hate, Afrodita los toma con filosofía: "Si los perros ladran es porque estás avanzando". Lo que quiere que el público recuerde de ella es simple y contundente: su energía.

En su corta carrera ya ha vivido rivalidades intensas, como la que sostuvo junto a Águila Dorada contra Krissis y Kyo Amurabby. Los cuatro entrenan juntos, pertenecen a la misma generación y han logrado una química especial arriba del ring: "Unas luchas las ganamos y otras las perdimos, pero con el apoyo de la gente sentía que los cuatro salíamos ganando", afirma. Entre los duelos que sueña tener en Durango menciona a Guerrera Dorada, a quien reconoce como una luchadora con talento y presencia creciente.

A nivel nacional busca enfrentarse a las mismas figuras que la inspiraron a entrar al ring, un paso natural en su crecimiento. Su camino apunta a metas mayores: llegar al Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) o incluso a empresas extranjeras como World Wonder Ring Stardom o WWE, donde su estilo híbrido podría florecer.

Afrodita cierra con un mensaje que resume su filosofía: cualquiera que tenga la mentalidad, la capacidad y las ganas puede entrenar lucha libre. Cita como ejemplo al Dr. Difuso Ramírez, quien llegó con determinación y ya logró debutar. Su lema, compartido con su grupo, es claro: sin respeto ni miedo. Con esa frase, con esa energía y con apenas 15 años, Afrodita se abre paso en un mundo que exige carácter, disciplina y corazón. Y ella, por lo visto, tiene de sobra.

Escrito en: Afrodita, máscara, lucha, energía

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