
Agotado aunque 'no hiciste nada': el cansancio mental que se disfraza de flojera
Hay días en los que te sientas, “descansas”… y aun así te sientes drenado. Y entonces llega la culpa: “¿por qué estoy así si ni hice tanto?” Spoiler: no es flojera.
Es que tu cabeza no ha tenido pausa real. Aunque el cuerpo se detenga, la mente sigue reaccionando a todo.
No eres flojo. Y no estás “descompuesto”.
A veces el cansancio no tiene que ver con falta de voluntad, sino con un cerebro que no tiene pausa real. No es que no estés haciendo nada: es que, incluso cuando te sientas, tu mente sigue trabajando.
El cuerpo se detiene… pero la cabeza no
Hoy descansamos “con ruido”. La pantalla sigue ahí, las notificaciones aparecen, los mensajes se acumulan, las noticias se asoman, y el scroll se vuelve automático. El cuerpo puede estar quieto, pero la mente está en modo decisión: contestar o ignorar, preocuparme o seguir, leer esto o brincar a lo siguiente. Y esa cadena de microelecciones, una tras otra, sí cansa.
La fatiga que nadie ve: decidir todo el día
Hay un desgaste que no se nota desde afuera: el de estar reaccionando. No a grandes problemas, sino a pequeños estímulos constantes. Cada vibración del celular, cada “solo voy a ver tantito”, cada alerta que te hace voltear: todo te pide atención. Y la atención no es infinita.
Por eso hay días en los que terminas agotado, aunque “no te moviste”. Tu energía no solo es física: también es mental. Y cuando el cerebro vive en estimulación constante, se queda con el tanque abajo.
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¿Por qué dormir no siempre se siente reparador?
Dormir puede ayudar, sí, pero no siempre compensa un día entero de saturación. Si tu mente llega a la noche con el volumen alto —preocupaciones, pendientes, pantallas, información—, bajar el switch no es inmediato. Descansas, pero no te “desconectas” del todo. Y cuando eso se repite, el descanso empieza a sentirse… incompleto.
Hacer “nada” también es salud
A mucha gente le incomoda el silencio. No porque esté mal, sino porque estamos acostumbrados a vivir con estímulos encima. Pero justo ahí está una clave: recuperarte no siempre es hacer más; a veces es recibir menos.
Darte ratos sin inputs (sin pantalla, sin noticias, sin conversaciones pendientes) es como abrir una ventana. Aburrirte tantito no es perder el tiempo: puede ser una forma real de reset. Dejar que la mente vague, que respire, que no esté reaccionando a todo.
Pequeños respiros que sí se sienten
No necesitas desaparecer del mundo para bajar la saturación. A veces basta con crear momentos donde no tengas que responderle a nada: un tramo del día sin notificaciones, unos minutos sin música, una caminata sin celular, una comida sin pantalla. No es “productividad”. Es higiene mental.
Y si el cansancio emocional ya se volvió constante —si nada te recarga, si te cuesta levantarte, si la ansiedad te trae agarrado—, vale la pena pedir ayuda profesional. No para que te “arreglen”, sino para que no cargues solo con eso.