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Este ritual fue proclamado en 2009 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Este ritual fue proclamado en 2009 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

EL SIGLO DE DURANGO

Todos los han visto alguna vez. En plazas públicas o centros turísticos, todos quedan atónitos al observar cómo, desde lo alto de un poste, cuatro hombres sujetos solo de los pies comienzan a descender rítmicamente al compás de una flauta y un tambor.

Pero, lo que para el turista moderno parece un espectáculo de valentía o un simple "juego", es en realidad un rito sagrado que ha sobrevivido más de 2,500 años.

La leyenda cuenta que, hace siglos, una sequía devastadora diezmó al señorío de Totonacapan (en los límites de Veracruz y Puebla). Ante la tragedia, los viejos sabios encomendaron a un grupo de jóvenes castos una misión: hallar el árbol más alto, recio y recto del monte para elevar un mensaje a los dioses.

El objetivo era realizar un culto en la parte superior del tronco para que las oraciones fueran escuchadas en las alturas, logrando así que las deidades concedieran lluvias generosas para devolver la fertilidad a la tierra. El éxito de aquel primer rito lo convirtió en una práctica permanente que hoy conocemos como la Danza de los Voladores.

Contrario a la creencia popular, el ritual no comienza con el salto. La ceremonia inicia en lo profundo del monte con la selección del "palo volador" (Zuelania guidonia). El caporal lidera una danza de perdón frente al árbol y se ofrecen bocanadas de aguardiente a los cuatro puntos cardinales para pedir permiso al Kiwikgolo o Señor del Monte.

 EL PROCESO EST? LLENO DE MISTICISMO Y REGLAS ESTRICTAS: La fuerza del pueblo: El tronco, que puede medir entre 25 y 35 metros, debe ser arrastrado por hasta 100 hombres mediante rodillos.

Prohibiciones: Antiguamente, se prohibía que una mujer tocara el tronco, pues se consideraba un presagio de mala suerte para los danzantes.

La ofrenda de vida: Antes de levantar el poste, se realiza la "siembra": en el fondo del pozo se coloca un gallo o siete pollitos vivos, tamales y tabaco, para que el poste "no reclame la vida de los danzantes".

 EL SIMBOLISMO DE LA CA?DA

En la cosmovisión totonaca, el cielo es el fuego y la tierra es la diosa; su unión da la vida. Al lanzarse, los cuatro voladores representan los puntos cardinales, mientras que el caporal, que se queda de pie en la cima (el tecomate) tocando el tambor, representa el centro del universo.

Aunque hoy en día la modernidad ha sustituido los troncos de madera por postes de acero y los trajes de plumas auténticas por coloridos bordados, la esencia permanece. En Papantla, Veracruz -la cuna de esta tradición-, el aroma a vainilla acompaña el vuelo de estos hombres que, entre el cielo y la tierra, siguen agradeciendo a la Madre Naturaleza.

 MURALISTAS DESTACADOS  Diego Rivera Diego Rivera transformó muros públicos en libros de historia para el pueblo. Su técnica al fresco sintetizó el pasado prehispánico con la lucha obrera, definiendo la identidad posrevolucionaria.

A través de obras monumentales, proyectó una visión cosmogónica de México, consolidándose como un referente eterno a través del tiempo.

 David Alfaro Siqueiros Siqueiros, el más radical, llevó el muralismo hacia la experimentación técnica y política. Su uso de materiales industriales y la poliangularidad rompieron esquemas tradicionales. Para él, el arte era una herramienta de transformación social, con trazos enérgicos comprometidos con la justicia colectiva.

Historia

Antiguamente el ritual iniciaba desde elegir y cortar el árbol del que tomarían el poste. Se hacían rezos para pedir perdón al bosque.

Vestimenta

Su atuendo tiene simbología ancestral, el huipil rojo, adornado de bordados de flores, animales con fleco de seda amarilla.

 José Clemente Orozco José Clemente Orozco aportó una visión crítica y humana al muralismo. Su gran obra exploró la tragedia y la libertad del hombre moderno con una potencia expresionista única.

En recintos como el Hospicio Cabañas, Orozco heredó un arte reflexivo que cuestiona el poder y la historia.

Música

La música lleva plegarias del pueblo totonaco a los dioses prehispánicos para dar lluvias abundantes que sirvan para la agricultura.

Escrito en: cuatro, árbol, Orozco, poste,

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