
Foto: Ricardo Hernandez / El Siglo de Durango
La violencia interpersonal bajo las modalidades de acoso escolar, cibernético y laboral se consolida como una problemática estructural alarmante en Durango a mediados de julio de 2026. Los indicadores del Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) del INEGI revelan una crisis profunda; la entidad ocupa el primer lugar nacional en hostigamiento digital, afectando de forma directa al 24.5 por ciento de la población mayor de 12 años de edad.
Escuela o trabajo, todos tienen un testimonio
Esta agresión virtual se concentra con severidad en el sector de los 12 a los 17 años, valiéndose de vías de comunicación íntimas. Las estadísticas oficiales demuestran que WhatsApp lidera de forma absoluta los canales delictivos con el 41.5 por ciento de los casos, seguido por llamadas directas al celular con un 36.5 por ciento, Facebook con el 29.7 por ciento e Instagram con un 12.5 por ciento.
El anonimato agrava la indefensión, pues apenas el 16.5 por ciento de los afectados manifestó conocer la identidad de su agresor en las plataformas. Asimismo, los censos arrojan un sesgo de género inequívoco en la ejecución de la agresión digital: el 57.2 por ciento de las mujeres violentadas y el 61.1 por ciento de los hombres agredidos señalaron que sus atacantes eran estrictamente varones.

Buscan sancionar estos actos
Ante esta realidad, el Congreso de Durango impulsa una severa reforma legislativa orientada a tipificar y sancionar penal y administrativamente el acoso escolar en las instituciones educativas. La propuesta plantea castigos rigurosos que contemplan hasta 60 días de trabajo comunitario para los infractores directos, buscando erradicar de raíz los esquemas de impunidad que perpetuaban la exclusión social y la violencia física dentro de las aulas.
La iniciativa jurídica sanciona además la inacción y omisión del personal docente que decida guardar silencio ante las agresiones. Esta urgencia responde a los expedientes del ciclo escolar 2025-2026, donde la Subsecretaría de Educación en la Región Lagunera investigó seis denuncias formales por bullying, derivando en suspensiones inmediatas de funciones y sueldos en planteles como la Secundaria Estatal María Dolores Torres.
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La salud mental, uno de los principales focos rojos
El impacto de estas agresiones dinamita directamente la estabilidad psicológica de los estudiantes, desatando severas crisis de salud mental. Evaluaciones locales asocian el bullying con cuadros clínicos de ansiedad generalizada, episodios depresivos mayores e ideación autodestructiva. Clínicamente, este profundo desgaste emocional se manifiesta en un desplome del rendimiento académico y un incremento del 30 por ciento en el ausentismo escolar de las víctimas.

El acoso sexual laboral, de las formas de acoso más comunes
El panorama mantiene una tendencia igualmente crítica en el ámbito laboral o mobbing dentro de la geografía estatal. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social de Durango, a través de información proporcionada por el subsecretario Miguel Bermúdez, reporta la recepción formal de 60 denuncias por acoso laboral que atentan directamente contra la integridad y la estabilidad de los empleados locales.
Frente a esta crisis corporativa, el Cabildo de Durango aprobó por unanimidad el Protocolo de Hostigamiento y Acoso Sexual en coordinación con el Instituto Municipal de la Mujer. Esta medida obliga al establecimiento de comités de ética en dependencias públicas, proporcionando acompañamiento jurídico y psicológico inmediato para neutralizar las represalias internas y garantizar la protección efectiva de todos los denunciantes.

Esperan desmantelar el silencio institucional
El acoso en los centros laborales detona repercusiones devastadoras en la salud mental de la fuerza trabajadora, traduciéndose en estrés crónico y síndrome de burnout. Informes de salud estatales asocian el mobbing con trastornos del sueño severos y depresión reactiva, convirtiendo al hostigamiento psicológico en una de las principales causas de solicitudes de incapacidad laboral temporal en la entidad.
Las estadísticas oficiales de julio de 2026 consolidan un escenario donde el acoso representa un desafío estructural que desborda las políticas tradicionales. La articulación de la Ley de Acoso Escolar y las demandas laborales confrontan hoy a un sistema habituado a la simulación. El verdadero reto radica en desmantelar las redes de silencio institucional que históricamente han permitido la proliferación de esta crisis social.
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