
Cuando dejamos de mirar al otro
En el artículo del día de hoy voy a tener cautela respecto a Patrick Clancy, sabemos que demasiadas teorías conspirativas en su contra, pero lo que si queda claro es, que no cuidó suficientemente a Lindsay. Así que solamente quiero utilizar el caso para hablar de responsabilidad afectiva, señales de alarma, salud mental y redes de apoyo. Hay tragedias que nos obligan a hacernos preguntas incómodas.
El caso de Lindsay Clancy no solamente nos enfrenta al horror de una madre que terminó atentando contra sus propios hijos. También nos obliga a preguntarnos ¿qué ocurre cuando una persona está sufriendo profundamente y quienes están a su alrededor no alcanzan a dimensionar lo que está sucediendo?
A veces la falta de empatía no se presenta como crueldad, a veces aparece como un "Ya se le pasará." "Está cansada." "Todas las madres pasan por esto." "Tiene que echarle ganas." "No es para tanto." Y mientras quienes rodean a esa persona continúan con su vida, ella puede estar librando una batalla que nadie alcanza a ver.
Podemos vivir con alguien durante años y, sin embargo, dejar de verlo realmente, podemos escuchar sus palabras sin escuchar lo que hay detrás de ellas, podemos observar que está cansado, irritable, distante, ansioso o diferente y pensar que simplemente está atravesando una mala etapa.
La empatía exige algo más, exige detenernos y preguntarnos: ¿Qué le está pasando? la empatía que pudo haber hecho la diferencia…
La salud mental tiene precisamente ese enorme desafío, muchas veces el sufrimiento psicológico no tiene una herida visible. No sangra, no aparece en una radiografía, no siempre se puede medir con un termómetro.
Cuando una persona atraviesa una crisis de salud mental, la pareja puede convertirse en una de las redes de apoyo más importantes, no porque tenga que convertirse en terapeuta, no porque tenga que diagnosticar, no porque tenga todas las respuestas. Sino porque puede ser quien diga: "Te estoy viendo." "Esto que te está pasando me preocupa." "No tienes que enfrentar esto sola." "Vamos a buscar ayuda." Y quizá ahí está una de las mayores responsabilidades que tenemos cuando amamos a alguien es no ignorar cambios importantes en su comportamiento, no minimizar, no normalizarlo todo. No asumir que porque una persona funciona aparentemente bien, necesariamente está bien por dentro.
No podemos saber exactamente qué vio, qué entendió o qué pensó Patrick Clancy en cada momento, no podemos entrar en su cabeza, tampoco sería justo convertir toda una tragedia en una explicación sencilla de: "Si hubiera hecho esto, nada habría ocurrido." Después de una tragedia, todos creemos que las señales eran evidentes, muchas conductas parecen obvias, pero no se trata de convertirnos en detectives, se trata de aprender a reconocer las señales de alarma.
La enfermedad mental grave es compleja, hay factores biológicos, psicológicos, sociales y familiares, una persona en una crisis psiquiátrica puede llegar a experimentar la realidad de una manera profundamente alterada. Por eso este caso no debería convertirse únicamente en una búsqueda de culpables externos.
Una depresión severa merece tratamiento, una psicosis requiere intervención urgente, el posparto no siempre es solamente cansancio y cambios hormonales, pedir ayuda psiquiátrica no significa estar loco.
¿Cuántas veces dejamos sola a una persona que está pidiendo ayuda? ¿Cuántas veces alguien nos dice que no puede más y nosotros respondemos pensando que solamente está exagerando? ¿Cuántas veces confundimos depresión con flojera? Ansiedad con exageración. Irritabilidad con mal carácter. Aislamiento con necesidad de espacio. Insomnio con una mala racha. ¿Estamos aprendiendo a mirar realmente a las personas que tenemos cerca?
La responsabilidad de una crisis psiquiátrica no recae automáticamente en la pareja, en la familia o en una sola persona. Cuidar también significa pedir ayuda, quienes están cerca sí pueden tener un papel fundamental. Observar, preguntar, escuchar, acompañar, buscar atención profesional. Eso también es amor, la empatía que pudo haber hecho la diferencia.