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FERNANDO RAM?REZ GUZM?N

 S I hubiera que elegir una palabra para definir el actual momento de la economía mexicana, sin duda, sería claroscuro. Por un lado, alentadoras, aunque engañosas, cifras de Inversión Extranjera Directa (IED); un peso fuerte, por factores externos; y un ligero repunte de crecimiento en el segundo trimestre del año. Pero, por otro, se ha complicado la negociación del T-MEC; persiste la incertidumbre de inversionistas por los cambios en el Poder Judicial y el Plan México no termina por despegar.

El pasado martes, el gobierno de México, a través de la Secretaría de Economía, lanzó fuegos pirotécnicos y serpentinas para anunciar que se rompió un record en IED y se recibieron 34, 968 millones de dólares en el primer semestre del 2026. Estos datos, para el ciudadano de a pie o para la ama de casa le importan, como se dice, una pura y dos con sal. Sin embargo, para inversionistas y analistas financieros que desglosan estas cifras se percatan que de ese total el 88.5% es del rubro de reinversión de utilidades y solo el 7.8% corresponde a nuevas inversiones.

Que las empresas ya asentadas en nuestro país sigan reinvirtiendo utilidades es positivo; habla de la confianza que tienen por permanecer aquí. Pero que se venga desplomando el número de nuevas inversiones habla de una enorme área de oportunidad que el gobierno debe de atender para poder generar confianza y certidumbre entre inversionistas.

Por lo que respecta al llamado "súper peso", hay que decir que esa fortaleza no se explica por una buena economía mexicana, sino por la depreciación del dólar y el amplio diferencial de tasas de interés que están por detrás, esto último derivado de la estrategia financiera conocida como Carry Trade, que consiste en tomar préstamos con una moneda con tasa de interés baja e invertir esos recursos en activos denominados en monedas con tasas de interés más altas.

Hay que agregar que la negociación del T-MEC se ha complicado seriamente. Entre el viernes y sábado pasados, Estados Unidos y Canadá rompieron negociaciones comerciales, luego de estar muy cerca de alcanzar un arreglo provechoso para ambas naciones. Pero Trump, sin decir agua va, desempolvó una ley arancelaria de 1930, la Smoot-Hawley, la misma que contribuyó a profundizar la llamada Gran Depresión y que es conocida como la Sección 338.

A través de este instrumento el inquilino de la Casa Blanca ordenó imponer aranceles hasta de 50 a 20 mil millones de dólares de exportaciones canadienses en algunos productos. En respuesta, el Primer Ministro canadiense Mark Carney anunció que responderán dólar por dólar el daño que les hagan los aranceles estadunidenses.

Esta situación pone en peligro al menos la trilateridad el acuerdo comercial y México, en particular, tiene que agregar a los temas de riesgo como el migratorio, de inseguridad, de estacionalidad para productos agrícolas o el de la sección 232 sobre aranceles del 50% a exportaciones de acero y aluminio y de 25% a exportaciones automotrices; habría que agregar la posibilidad de que Trump también nos aplique la sección 338 como a los canadienses.

Por si todo esto fuera poco, el Plan México, la apuesta de Sheinbaum para el crecimiento económico de México, sigue sin despegar del todo. A un año de haber sido anunciado, no se conocen programas de financiamiento, ni memoria de cálculo. Se ha quedado solo como una presentación de Power Point.

El pasado mes de julio se dio a conocer el informe elaborado por quien es la gurú de economía y finanzas de la 4T, Mariana Mazzucato, junto a Lara Merling. Llama la atención, entre otras cosas, que dicho documento (State Transformation for Plan México) señala que el Plan "tiene la dirección correcta", pero también habla de ciertos requisitos indispensables para conseguir el éxito, muchos de los cuales se ha encargado el mismo gobierno de dinamitar, disolver o absorber, como lo son los evaluadores independientes, organismos autónomos, reguladores independientes, tribunales confiables.

De poco sirve que la Presidenta les hable de reglas claras o les asegure a los inversionistas que sus inversiones estarán seguras. Las inversiones se cimentan con reglas claras organismos autónomos, árbitros imparciales que permanezcan cuando los gobiernos cambian de color o de liderazgo.

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Escrito en: Plan, México,, agregar, inversiones

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