
Durango através del lente de Esteban Quiñones, fotógrafo duranguense
Hay quienes recorren Durango para llegar a un destino, otros lo hacen para cumplir una jornada laboral o visitar a un familiar. Pero para Esteban Quiñones Gutiérrez, fotógrafo duranguense, caminar por las calles de la ciudad, internarse en la sierra o detenerse frente a un mercado popular significa algo más profundo, encontrar historias que merecen ser preservadas.
A través de su lente ha construido un archivo visual de la vida cotidiana duranguense. Sus fotografías no buscan retratar grandes acontecimientos; encuentran belleza en aquello que muchas veces pasa desapercibido.
Un trabajador esperando una oportunidad laboral al amanecer, una coleadera en El Mezquital o el movimiento constante de la Plazuela Baca Ortiz forman parte de una mirada que busca documentar la identidad de un estado en constante transformación.
Retratar la esencia del norte
Cuando habla de Durango, Esteban lo hace con admiración. Considera que una de las mayores riquezas del estado es la convivencia entre distintas culturas que se encuentran diariamente en espacios comunes.
En sus recorridos ha observado cómo la vida urbana convive con las tradiciones del campo. Jornaleros, comerciantes, familias, turistas y miembros de comunidades indígenas forman parte de una identidad que, a su juicio, conserva un fuerte arraigo hacia la sierra y el trabajo.
“Veo una esencia muy noble, de mucho trabajo y con un fuerte arraigo hacia el campo”, comenta.
Esa visión se refleja en imágenes donde la cotidianidad es la protagonista. No hay poses ni escenarios preparados, únicamente momentos auténticos que hablan de la realidad duranguense.

Fotografiar para conservar la memoria
Más allá de la estética, Quiñones considera que existe una responsabilidad documental detrás de cada fotografía.
Su intención es preservar visualmente costumbres, espacios y formas de vida que podrían cambiar con el paso del tiempo. Para él, algunas tradiciones han comenzado a transformarse debido a los cambios sociales y culturales, por lo que resulta importante registrarlas antes de que desaparezcan o evolucionen por completo.
Por ello suele enfocarse en celebraciones populares, actividades relacionadas con el campo y escenas cotidianas que continúan formando parte de la identidad duranguense.
“Lo que pretendo es mostrar la belleza de lo que nos rodea y que mis fotografías puedan servir como un registro de lo que se vive actualmente en nuestro estado”, explica.

Los lugares que pocos ven
Una de las características más distintivas de su trabajo es la búsqueda de espacios poco explorados.
Mientras muchos fotógrafos dirigen su atención hacia lugares turísticos o escenarios conocidos, Esteban prefiere recorrer comunidades alejadas, pequeños ranchos serranos y sitios que rara vez aparecen en las postales tradicionales de Durango.
Mercados populares, comunidades indígenas y localidades apartadas forman parte de los escenarios que más le interesan. Ahí encuentra historias, rostros y tradiciones que considera fundamentales para comprender la esencia del estado.
Su objetivo es mostrar que existe belleza incluso en aquellos lugares que suelen pasar desapercibidos para la mayoría de las personas.

La tranquilidad como identidad
Al preguntarle cuál es el sitio que mejor representa a Durango, menciona la Plazuela Baca Ortiz. Considera que en ese espacio convergen distintas realidades: jornaleros, comerciantes, oficinistas, turistas y habitantes de comunidades indígenas.
Sin embargo, más allá de un lugar específico, existe un elemento que para él define a Durango: la tranquilidad.
En una época donde muchas personas buscan ciudades más grandes y aceleradas, Esteban encuentra valor precisamente en el ritmo pausado de la capital y del estado. La posibilidad de caminar sin prisa, sentarse a observar el entorno y disfrutar de la calma cotidiana es parte de la belleza que intenta reflejar en sus imágenes.
“Esa tranquilidad, esa forma pausada de vivir, es donde encuentro mucha belleza”, afirma.
Su fotografía sigue esa misma filosofía, más que capturar instantes espectaculares, busca detener el tiempo por un momento para recordar que las historias más importantes suelen encontrarse en los espacios más simples.