E N materia de seguridad, las cifras suelen ser el refugio más cómodo del poder. Los números ordenan el discurso, permiten construir narrativas y, sobre todo, ofrecen una apariencia de control. No obstante, la realidad -esa que se vive afuera- rara vez se deja encapsular en estadísticas. Y es que, mientras los indicadores hablan de tendencias, los hechos concretos hablan de vidas truncadas.
Durango, de acuerdo con datos oficiales, se mantiene entre los estados con menor incidencia de homicidios dolosos a nivel nacional. Un segundo lugar que, en el papel, podría presumirse como logro. Sin embargo, basta mirar hacia la Comarca Lagunera para entender que ese relato comienza a resquebrajarse cuando se contrasta con lo que realmente está ocurriendo.
En lo que va del año, al menos siete homicidios han sido registrados en municipios como Gómez Palacio, Lerdo y Mapimí, superando los cinco casos reportados en el mismo periodo del año anterior. La propia autoridad ha reconocido este incremento regional, aunque insiste en que, en términos generales, la entidad mantiene bajos índices.
Las autoridades no dimensionan la gravedad. En cuestión de días, la región fue sacudida por tres homicidios que evidencian un patrón preocupante: un niño de siete años asesinado en un ataque armado en Gómez Palacio; un joven de 23 años ejecutado de un disparo en la cabeza en Bermejillo, a días de contraer matrimonio; y un hombre de 56 años brutalmente asesinado en Lerdo tras ser engañado con la compra de su vehículo a través de redes sociales.
A estos casos se suma el reciente hallazgo del cuerpo de una mujer en avanzado estado de descomposición bajo un puente en Mapimí. Aunque aún no se determina la causa de muerte, el contexto obliga a no descartar la posibilidad de que se trate de otro homicidio. De confirmarse, la cifra seguiría creciendo en una región que ya muestra señales de deterioro.
El problema no es únicamente el incremento, sino la forma en que se pretende administrar la percepción. Mientras se insiste en destacar la disminución del promedio estatal, se diluye la discusión sobre los focos rojos regionales, como si la violencia pudiera fragmentarse y dejar de ser preocupante por concentrarse en determinadas zonas.
Incluso en el rubro de feminicidios, con tres casos registrados en los primeros meses del año -dos de ellos en los primeros cinco días de enero-, y más de 20 homicidios culposos en el primer bimestre, la realidad muestra que la violencia, en sus distintas expresiones, sigue presente.
No se trata de negar los avances que puedan existir en cuanto a seguridad pública se refiere, sino de cuestionar la tentación de construir una narrativa triunfalista que no resiste el contraste con los hechos recientes. Porque cada homicidio, más allá de la estadística, representa una falla del Estado, una fractura en el tejido social y una deuda irreparable con las familias de las víctimas.
Al final, la seguridad no se mide únicamente en rankings nacionales ni en promedios favorables, sino en la capacidad real de garantizar la vida y la tranquilidad de las personas. Y cuando los hechos comienzan a acumularse en sentido contrario al discurso, lo que está en juego no es solo la credibilidad del gobierno, sino la confianza de una sociedad que, poco a poco, deja de sentirse segura.
EN LA BALANZA.- En el Senado de la República, donde cada sesión implica decisiones que impactan al país, el ausentismo de legisladores es una forma de evasión de sus responsabilidades. El Partido Acción Nacional encabeza la lista de inasistencias, y la duranguense Gina Campuzano figura entre los panistas más faltistas en la Cámara Alta, exhibiendo una falta de compromiso con su encargo y una preocupante normalización de esta práctica. Al final, quienes pagan el costo no son los legisladores, sino una ciudadanía que sigue esperando representación efectiva y trabajo legislativo real, no sillas vacías ni simulación política.
X: @Vic_Montenegro
Últimamente Diosito se ha portado bien. En el Potrero de Ábrego llueve en estos días una lluvia mansa, lenta, cariciosa, que la hierba y los árboles beben en silencio para entregarla luego convertida en flor y fruto.
En la tertulia nocherniega de la cocina don Abundio cuenta una de sus ocurrencias.
-Fui a pedirle la mano de Rosa a su papá, y le dije que si me la concedía nos casaríamos en diciembre. Me contestó: "¿Pa´ qué en diciembre? Yo ya no la aguanto. Si quieres llévatela desde ahora".
Todos reímos, menos doña Rosa. En voz baja masculla con enojo:
-Viejo hablador.
Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:
-Por ésta.
¡Hasta mañana!..