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Durango: trabajar para sobrevivir, no para tener casa

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ANTONIO BRACHO MARRUFO

L discurso oficial presume la generación de empleos y la llegada de inversiones a Durango. Sin embargo, hay una pregunta que pocas veces se plantea: ¿los empleos que estamos generando permiten a los duranguenses construir un patrimonio o apenas les alcanzan para sobrevivir?

Basta revisar el Portal del Empleo del Gobierno de México para encontrar una realidad que merece atención. En una consulta de 235 vacantes para Durango, encontré apenas dos con salarios superiores a los 20 mil pesos mensuales.

La mayoría de las ofertas se concentra en remuneraciones de entre 9 mil y 12 mil pesos al mes, prácticamente en el rango de los ingresos más bajos del mercado laboral.

Esta observación no constituye un promedio estadístico de todas las vacantes, pero sí plantea una interrogante legítima sobre la calidad de las oportunidades laborales que se ofrecen en nuestra entidad.

Ahora pongamos esos salarios frente al costo de la vivienda. Tomemos como referencia una casa de 742 mil pesos, correspondiente al precio que se ha señalado para la vivienda más económica actualmente disponible en Durango.

Si una persona necesita financiar esa cantidad, la mensualidad podría rondar entre los 4,500 y los 7,000 pesos, dependiendo de las condiciones del crédito, la tasa de interés y el plazo.

¿Qué significa esto para alguien que gana 10 mil pesos al mes? Que tendría que destinar entre el 45 y el 70 por ciento de su ingreso únicamente a pagar su casa.

La situación es todavía más complicada porque comprometer una proporción tan elevada del salario puede dificultar la autorización del crédito.

Y si logra obtenerlo, tendrá que sobrevivir con el dinero restante para cubrir alimentación, transporte, servicios, salud, vestido y cualquier imprevisto. Todo esto suponiendo que no tenga hijos ni otras obligaciones económicas.

¿De qué independencia económica podemos hablar bajo esas condiciones? El problema no es solamente que la vivienda sea cara. Es que los ingresos laborales no necesariamente crecen al ritmo que exige el costo de construir un patrimonio.

Para miles de jóvenes, comprar una casa se convierte en una meta cada vez más distante, incluso cuando estudian, consiguen empleo y cumplen con sus responsabilidades.

La consecuencia es profunda: independizarse se retrasa, formar una familia se vuelve más complicado y depender económicamente de los padres deja de ser una excepción para convertirse en una alternativa forzada.

Otros tendrán que endeudarse durante décadas o destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar un techo.

Por supuesto, existen créditos, subsidios y programas públicos que pueden facilitar el acceso a una vivienda.

Pero su existencia no elimina la necesidad de preguntarnos cuántas personas cumplen los requisitos, cuántas consiguen acceder a ellos y, sobre todo, cuántas pueden pagar sin sacrificar sus necesidades básicas.

Por eso, la discusión sobre el empleo no puede reducirse al número de plazas creadas ni a la inversión anunciada. También debemos hablar de salarios, prestaciones, estabilidad laboral y poder adquisitivo.

Un empleo no es verdaderamente una oportunidad de progreso si permite trabajar toda la vida sin alcanzar las condiciones materiales para vivir con dignidad. Durango necesita inversiones, sí. Pero también necesita que esas inversiones se traduzcan en mejores salarios y oportunidades reales de movilidad social.

Porque el éxito económico de una entidad no debería medirse únicamente por cuántos empleos anuncia su gobierno, sino por cuántas personas pueden vivir de ellos, independizarse y comprar una casa.

Si nuestros jóvenes necesitan trabajar para sobrevivir, pero ni siquiera trabajando pueden aspirar a tener una vivienda propia, entonces tenemos que revisar qué entendemos por desarrollo.

X: @AntonioBrachoM

O me gusta hacer milagros -decía San Virila-. Rompen las leyes de la naturaleza. Pero el Señor me puso el mal ejemplo.

Hace unos días el padre portero extravió sus llaves. Tras buscarlas inútilmente le pidió al frailecito que le hiciera el milagro de encontrarlas. Le dijo San Virila:

-Manos que no cogen, paredes desechan. Vamos a buscarlas juntos.

Tras un rato de búsqueda dieron con el llavero.

-¿Lo ves? -le dijo San Virila al de la puerta-. Juntos podemos hacer muchos milagros. Antes los hacía él solo. Desde luego no llegó nunca a detener el sol o resucitar a un muerto. Esos milagros son para profesionales. San Virila es un mero aficionado. Sus milagros eran pequeños, como hacer que un árbol se inclinara para que pudiera bajar el gatito que había trepado a él y no podía descender.

-Pero milagros son milagros -dice San Virila-. Lo mejor es no hacerlos.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: milagros, pueden, cuántas, pesos

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