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El avión del ‘Mayo’ Zambada: el vuelo que reabre el debate sobre operaciones secretas de EU en México

El avión que llevó al “Mayo” Zambada a Estados Unidos terminó en un museo, pero su historia está lejos de cerrarse.

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JORGE LUIS CANDELAS

La aeronave en la que Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán López fueron trasladados a Estados Unidos no solo quedó como una pieza más dentro de un museo de aviación. Su historia abrió una nueva pregunta: ¿qué papel han tenido los aviones civiles, las matrículas alteradas y las rutas discretas en operaciones de inteligencia y seguridad de Estados Unidos?

El caso volvió a llamar la atención luego de que el War Eagles Air Museum, en Santa Teresa, Nuevo México, exhibiera el avión Beechcraft King Air 200 relacionado con el traslado de ambos personajes el 25 de julio de 2024, cuando aterrizaron en el aeropuerto del condado de Doña Ana y fueron detenidos por autoridades estadounidenses.

De acuerdo con reportes periodísticos, la aeronave tenía la matrícula N287KA, pero las investigaciones forenses del FBI habrían detectado irregularidades: la matrícula fue clonada, el número de serie fue alterado y se retiraron sistemas de rastreo, lo que permitió que el vuelo se moviera con menor visibilidad.

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Una aeronave convertida en símbolo

El avión, un Beechcraft King Air 200 fabricado en 1976, fue colocado bajo resguardo y exhibición en el museo estadounidense como parte de un acuerdo con el FBI. Para las autoridades de Estados Unidos, la aeronave se presenta como una pieza educativa relacionada con una de las detenciones más importantes contra el Cártel de Sinaloa.

Sin embargo, para México el caso sigue dejando interrogantes. La presidenta Claudia Sheinbaum pidió a Estados Unidos aclarar la participación de sus agencias en el traslado de Zambada, luego de que el propio FBI apareciera vinculado a la exhibición de la aeronave. El Gobierno mexicano ha señalado que el episodio podría implicar violaciones a leyes nacionales e internacionales, sobre todo si se confirma que hubo participación estadounidense sin autorización formal de México.

El tema es delicado porque Zambada ha sostenido que fue engañado, privado de la libertad y llevado contra su voluntad a Estados Unidos. La versión pública apunta a que Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, habría tenido un papel central en el traslado. Aun así, una de las preguntas que permanecen abiertas es quién organizó el vuelo, quién lo autorizó y qué tanto sabían las agencias estadounidenses antes de que la aeronave aterrizara en Nuevo México.

Aviones civiles y operaciones encubiertas

El uso de aeronaves civiles en operaciones de seguridad o inteligencia no es nuevo en la historia reciente de Estados Unidos. Durante años, investigaciones internacionales documentaron cómo aviones privados o registrados a nombre de empresas fueron utilizados en vuelos relacionados con programas secretos de la CIA, especialmente después de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Uno de los registros más amplios es The Rendition Project, una base de datos académica y periodística que recopila información de vuelos relacionados con el programa de “rendiciones extraordinarias”, como se conoce al traslado secreto de detenidos entre países, centros de interrogatorio o prisiones clandestinas. Esa base de datos contiene información global de 122 aeronaves civiles registradas en Estados Unidos, además de vuelos militares hacia Guantánamo.

En esas operaciones, las aeronaves no siempre aparecían como aviones militares. En muchos casos se trataba de jets privados, vuelos chárter o aparatos registrados a nombre de compañías intermediarias. Esa estructura permitía reducir la visibilidad pública de los traslados y complicaba el rastreo de pasajeros, rutas y responsables.

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El antecedente de la CIA

Amnistía Internacional documentó desde mediados de los años 2000 la existencia de vuelos vinculados a la CIA que cruzaron o aterrizaron en territorio europeo. En uno de sus reportes, la organización señaló que obtuvo registros de seis aviones fletados por la CIA entre septiembre de 2001 y septiembre de 2005, usados dentro del programa de traslados secretos de detenidos.

También investigaciones académicas han señalado que el rastreo de esas aeronaves permitió reconstruir parte del programa secreto de detención e interrogatorio de la CIA. Los datos de vuelo, las matrículas, los registros aeroportuarios y las escalas permitieron conocer rutas que, en su momento, no fueron reconocidas públicamente por los gobiernos involucrados.

Aunque el caso del “Mayo” Zambada no pertenece a ese programa ni puede equipararse directamente con las “rendiciones extraordinarias”, sí vuelve a colocar bajo la lupa una misma herramienta: el uso de aviones difíciles de rastrear en movimientos de alto impacto político, judicial y diplomático.

Matrículas alteradas: la clave del misterio

En la aviación, la matrícula de una aeronave funciona como una placa vehicular: permite identificar el aparato, su propietario, historial, permisos y movimientos. Por eso, una matrícula clonada o alterada puede convertirse en un elemento clave para ocultar una ruta o dificultar la trazabilidad de un vuelo.

En el caso del avión relacionado con Zambada, los reportes señalan tres elementos que llaman la atención: una matrícula clonada, un número de serie modificado y sistemas de rastreo retirados. Esas características no prueban por sí solas una operación oficial encubierta, pero sí muestran que el vuelo fue preparado para moverse con discreción.

La aeronave terminó convertida en una pieza de museo, pero su historia todavía está lejos de cerrarse. Para México, el avión no solo representa la caída de uno de los narcotraficantes más buscados; también simboliza una operación cuyos detalles siguen sin ser aclarados del todo.

México exige respuestas

La tensión diplomática creció después de que se conociera la exhibición de la aeronave en Nuevo México. El Gobierno mexicano pidió explicaciones sobre el papel del FBI y sobre la forma en que se permitió el traslado de Zambada desde territorio mexicano hasta Estados Unidos.

El caso también reavivó un debate antiguo: hasta dónde puede llegar la cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad, y cuándo una operación deja de ser colaboración para convertirse en intervención.

Por ahora, las autoridades estadounidenses han presentado el avión como evidencia histórica de un golpe contra el narcotráfico. Del lado mexicano, en cambio, el mismo aparato es visto como una pieza incómoda que podría ayudar a explicar cómo ocurrió uno de los traslados más enigmáticos de los últimos años.

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Un avión, muchas preguntas

La historia del Beechcraft King Air 200 no termina en el museo. Al contrario, su exhibición volvió a encender las dudas sobre el vuelo que llevó al “Mayo” Zambada a Estados Unidos, las posibles omisiones de las autoridades mexicanas y el grado de conocimiento que pudieron tener las agencias estadounidenses.

En otros momentos de la historia reciente, las aeronaves civiles han sido utilizadas para operaciones secretas, traslados discretos y misiones de inteligencia. Por eso, el caso del “Mayo” no solo es una historia sobre narcotráfico: también es una historia sobre aviones fantasma, fronteras vulnerables y operaciones que se mueven en la zona gris entre la justicia, la política y el secreto.

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