"E L futbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes". La frase, que algunos atribuyen a Arrigo Sacchi, mítico técnico del A.C. Milan y otros a Jorge Valdano, campeón mundial del mundo con Argentina en 1986 y con una trayectoria destacada no sólo como jugador, sino también como entrenador, directivo y comentarista, nos da una idea de la pasión que levanta este deporte alrededor del mundo.
Al momento de leer estas líneas, estimada lectora, estimado lector, usted ya conocerá el resultado del encuentro entre la selección de México y la de Inglaterra. Independientemente del resultado, que espero haya sido favorable a nuestro país, las cualidades que ha mostrado el equipo nacional han rescatado un sentimiento de unidad y orgullo nacional que solamente es comparable en intensidad con la solidaridad que hemos visto en situaciones muy complicadas, por ejemplo, los temblores que sacudieron a la Ciudad de México en 1985 y 2017.
En un país altamente polarizado como el nuestro es difícil encontrar puntos de coincidencia entre la gran mayoría de los mexicanos. El fútbol, sin lugar a dudas, tiene esa cualidad que, lamentablemente, no hemos encontrado los mexicanos para indignarnos, como sociedad, ante lo que realmente es importante para el país: la degradación de la calidad de nuestra democracia; los costos cada vez más altos que el régimen, por un lado y, los grupos criminales por otro, imponen a cualquier persona que intenta investigar y reportar lo que sucede en el país; la notoria incapacidad del régimen para dialogar constructivamente y dar resultados a quienes están agraviados por la inacción del gobierno, como es el caso de los colectivos de madres buscadoras; además de la soberbia que muestra el régimen al simplemente ignorar las demandas de transparencia por parte de quienes desde la sociedad civil y los medios de comunicación buscan respuestas a los presuntos actos de corrupción más grandes en la historia del país, que, curiosamente, han sucedido durante el corto tiempo que lleva gobernando el régimen que, también curiosamente, tiene como uno de sus principios rectores "no robar".
La acusación hecha por el gobierno de los Estados Unidos a un gobernador emanado del régimen de estar coludido con organizaciones criminales que financian campañas políticas a cambio de protección para continuar sus actividades ilícitas; la presunta operación conjunta entre entidades del gobierno, empresarios y crimen organizado para introducir al país y vender combustible importado de manera ilegal, sin pagar impuestos, lo que el director del medio de comunicación Código Magenta, que inició las investigaciones sobre este tema hace años, denominó "huachicol fiscal" y que, en la única declaración de una alta funcionaria del gobierno sobre el tema, estimó el daño al erario en seiscientos mil millones de pesos.
Si este monto se comprueba, ubicaría a este sólo hecho como el caso más grande de corrupción de la historia de nuestro país. Recientemente, el medio de comunicación de Carmen Aristegui dio un espacio al Dr. Francisco Barnés de Castro, exdirector del Instituto Mexicano del Petróleo y exrector de la UNAM, quien denunció, con base en cifras oficiales, que en el período de 2022 a abril de 2026 hay 80 millones de barriles de petróleo de los que, con base en documentos oficiales, no se puede precisar su destino o ubicación y que tienen un valor estimado en casi seis mil millones de dólares.
De esta cantidad, el monto del faltante calculado para el período de enero a abril de 2026 es de mil doscientos millones de dólares. La respuesta del régimen: acusar al medio de mentir y, en los hechos, negarse a debatir sobre el tema al solamente emitir comunicados de prensa sin ofrecer ninguna explicación técnica.
La gran apuesta del ex presidente López Obrador para llegar al poder fue evidenciar, con razón, la corrupción y los excesos de la clase política que tuvo el poder por décadas antes de su llegada. Durante su tiempo como opositor su bandera fue la lucha en contra de la corrupción endémica del sistema político mexicano durante la mayor parte del siglo XX y que no se corrigió con la transición democrática y la llegada del PAN al poder a principios del siglo XXI.
Lamentablemente, lastres para el desarrollo del país como la corrupción del sistema político o el control de territorios por parte de organizaciones criminales no solamente se han mantenido, sino que se han agravado durante este régimen. Si tanto la trama del huachicol fiscal como el destino de 80 millones de barriles de petróleo llegan a confirmarse como esquemas de corrupción, independientemente de los otros escándalos de corrupción que se han ventilado desde el 2018, representarían un desfalco a las arcas públicas en cantidades que ni siquiera el régimen priista en sus años de mayor corrupción pudo imaginarse.
Si estos y otros casos se llegan a comprobar, ojalá se conviertan en un catalizador de la indignación social, capaz de dar incentivos a la población para votar y generar contrapesos legislativos y, eventualmente, un cambio en el poder ejecutivo.
X: @jesusmenav