La final del Mundial 2026 celebrada el pasado domingo en el MetLife Stadium de Nueva York, con sus más de 82,500 asientos ocupados, fue un espectáculo que trascendió mucho más allá de lo deportivo. El fútbol se convirtió en un escaparate global, con la presencia de figuras como Shakira, Dua Lipa, Bad Bunny, Leonardo DiCaprio, Salma Hayek, Tom Brady, Carlos Alcaraz, Ronaldo, David Beckham, Zidane y Ronaldinho, entre otros. El evento tuvo el brillo de una gala planetaria, pero terminó empañado por un fenómeno inesperado: el furor antiargentino provocado por su propia selección y por su hinchada en general
La reacción adversa hacia Argentina no se explica por el resultado en sí, sino entre otras cosas por el comportamiento de algunos jugadores tras el pitazo final. Gestos de burla, provocaciones y actitudes altisonantes fueron interpretados como una muestra de arrogancia. En un mundo hiperconectado, donde cada gesto se amplifica en segundos, la imagen de la selección campeona quedó marcada por la percepción de ser malos ganadores y malos perdedores. Ese estigma, que no es nuevo, volvió a encender críticas internacionales.
Más allá de las polémicas, la final fue un evento de impacto mundial. La mezcla de deporte, espectáculo y política convirtió al estadio en un epicentro cultural. Mención especial merece el narcisista presidente de los Estados Unidos Donald Trump, al incluirse literalmente colándose, a la fotografía donde el equipo campeón justo levanta la Copa del Mundo. La presencia de celebridades reforzó la idea de que el Mundial es mucho más que fútbol: es un ritual colectivo que define épocas y proyecta identidades nacionales.
Para darle aún más ingredientes al acontecimiento, el cotejo finalista también pudo haber sido la última participación en un Mundial de Lionel Messi, quien se despide con una vitrina incomparable, prueba que es si no el más, uno de los tres mejores jugadores de la historia del deporte más popular del orbe, basta echar un vistazo a su palmarés: Con clubes ganó 10 ligas españolas, 4 Champions League, 7 Copas del Rey, 3 Mundiales de Clubes, 2 Ligue 1 y una Leagues Cup; a nivel de selección obtuvo la Copa América 2021, Finalissima 2022, Mundial 2022, Juegos Olímpicos 2008 y Mundial Sub-20 2005.
Messi deja un legado que trasciende generaciones y que lo coloca en el olimpo del deporte mundial, más allá del futbol.
Sin embargo, si bien es cierto que los argentinos proyectan arrogancia y su manera de ganar o perder suele ser criticada. También es cierto que han construido un modelo deportivo de alto rendimiento y sobre todo una mentalidad que los coloca por encima de muchos países en vías de desarrollo, incluyendo el nuestro. Esa capacidad de competir y triunfar en la élite mundial es algo que México debería estudiar y aprender, dejando de lado lo pedante de su idiosincrasia. Por supuesto no sólo en el deporte, la mentalidad ganadora debería propalarse en solo social, en lo económico también.
El Mundial nos unió momentáneamente alrededor de nuestra selección. Esa unión puede ser una herramienta para paliar la polarización política que ha marcado la era de Andrés Manuel López Obrador y su movimiento de la 4T y que tanto daño nos ha hecho. El deporte, en este caso el Mundial, es un espejo: nos ha mostrado nuestras carencias, pero también nuestras posibilidades de crecer como nación si logramos canalizar la pasión hacia la construcción de un proyecto común, incluyendo la mentalidad ganadora argentina.