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Escuela 17 Gral. Guadalupe Victoria

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 JUAN EMIGDIO P?REZ

El siglo de durango

Como las hojas que en el vuelo platican

Del nido y el gorjeo en

Luces esmeraldas,

Hablaré hoy con la

Tonalidad

De un coro de sílabas:

Semillas que

Germinan espigas y

Mieles.

El hogar es una

Parturienta abuela

De arraigadas

Historias maduras,

De rezos y monjas,

Hospitales y llantos.

Perennes luchas

Con abiertos brazos

Alumbra a niños,

Los despierta,

Modela generaciones

Unidas por su sangre,

En talleres y

Comercios, política,

Literatura y ciencias.

Al acompañar su

Trino de paloma

Inevitable es haber

Florecido en sus canteras.

En el pecho llevar el triunfo de su venerable insignia.

En los labios: el

Epónimo nombre, su nombre.

Altos designios

Caminar, remontar la

Sequedad de ríos:

Por límpidos cristales

Mirar su diáfano

Horizonte,

La memoria de su

Construcción augusta

Y la diaria enseñanza

De ínclitos maestros:

Rememorándolos en cada letra con orgullo

Y respeto.

Sus nombres no

Mencionaré:

Viviente sol de los

Espacios.

El volumen atruena las voces que aprenden

íntimo concierto en las fantasías del niño,

Pasiones del joven, caros logros del hombre.

En voz alta, de Simbad

El Marino hablaré,

De los dulces el sabor,

Del bordado símbolo,

Olor de lápices, color de tintas, risas.

Garbosas marchas bajo

El tejido esmeraldino

De álamos;

Silbatos y pinos en

Rítmico sonar de

Maderas y manos

Rubrican triunfos

Vibrantes en desfiles

De Victoria.

Expresaré las

Disciplinas diarias:

Veneración a los

Símbolos de la patria.

Historia, civismo,

Ciencias naturales.

Letras primeras para

Escribir mi nombre,

Ríos, mares, países,

Ciudades y montañas.

Vocinglero inicio de

Clases, carcajadas

De papel.

Cuánta acendrada

Instrucción en seis años

Para alcanzar el sexto grado de musical nombre

Y llegar jadeantes a

Celebrar la luz del salón

Más alto.

Atesoran los maestros

Riquezas de rostros,

Nombres

Y preguntan a esos

Ciudadanos que

Hoy regresan,

Golondrinas en vuelo,

El renovar de los pasos.

De la luz a restituir

Sus propósitos,

Evocar la vez que

Fueron niños

Atrapando en sus manos las burbujas de la lluvia.

Ah hermosa casa, piedra, agua, ritmo y arena.

Labrada cantera señala espacios azules.

Olas de forjado hierro

Invitan a pensarte

A indagar el nacimiento de la letra, la risa,

El lugar donde el hombre aprende a medir sus

Pasos

A imaginar destinos,

Hasta que se aleja un día.

Conozco sus glorias y

Tardes de tristeza

Cuando golpea el viento sus mejillas de cal y

El frío quema los

Parpados de rosas.

Permanece su esencia inalterable, la sigo

Amando.

Quiero pisar de nuevo mis primeras huellas,

Incendiarme en pebetero de memorias.

De mi vida es parte y

Así seguirá del tiempo,

Plena de fecunda cosecha, de manos que se elevan

Para su nombre colocar en el corazón más alto

De los muros de esta

Ciudad: que crece, gime,

Grita, llora, canta,

Trabaja, desea y espera.

Soy quien la mira y

Halaga, el que

Ha estado ausente.

Que a los últimos

Hijos se une

A los que habrán de

Polinizar:

En este crisol de estirpe

Y enjundia durangueña.

(Este poema de Juan Emigdio Pérez, el poeta emérito de Durango, ha sido leído por su autor en diversas ceremonias cívicas de aniversarios de la institución de referencia).

Cortesía

Escrito en: manos, primeras,  JUAN, medir

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