¡Otra vez! Sí, lo siento. Ya van cuatro veces en mis columnas que me refiero a este fenomeno acuñado por el gran economista Lord Maynard Keynes, inglés y creador de la teoría keynesiana, que dice que la iniciativa privada no tiene capacidad con sus inversiones para llegar al empleo pleno, y concliuye que es necesaria la participación del gasto público para lograrlo.
Él dice que, muchas veces, las proyecciones de oferta y demanda fallan, porque no toman en cuenta los "espíritus animales"; las actitudes e impulsos de los consumidores, que, aunque esté el precio barato de las cosas, decide comprar el artículo mas caro.
¿Tendrán que ver estos espíritus chocarreros con decisiones, como el futuro del T-MEC? Pues a las pruebas me remito; al inicio de las negociaciones, funcionarios y medios casi aseguraban que existía una gran posibilidad de llegar a un acuerdo y dejarlo como estaba, y continuar sin aranceles. Y ¿que pasó? ¡Sucedió Trump!, y como dice la canción: "todo se derrumbó".
Los negociadores cambiaron de opinión y se fortaleció (casi a fuerzas) el concepto de "nada quedará igual", en el nuevo documento comercial (y si se hace). Nuestro secretario de Economía, el Sr. Ebrard, ya dijo: para qué le hacemos al fuerte si ni peso tenemos para impulsar el cero arancel, el % de participación regional en la manufactura de carros, la obstinación en cerrar las puertas a la inversión en energía, entre otros puntos sensibles.
Mejor, "flojitos y cooperando" que aún tenemos el mejor trato arancelario del mundo con los EEUU. El promedio de arancel, incluyendo el 50% al acero y demás, que se paga por nuestras exportaciones, promedió 13 % el año pasado.
Aprovechemos y conservemos al menos el arancel. Y nuestros espíritus animales, que a pesar de las broncas que creamos con las relaciones "intervecinales", ante toda expectativa, nos dejan seguir generando récords en exportaciones, y chambeando para producir aun con estas eventualidades.
Contra discursos políticos y polarizaciones, pues tenemos el Mundial ya en 8 días, que con todo y los precios exhorbitantes de los boletos y la extorsión de la FIFA por prohibir el uso de su marca en la piratería, no contaban los directivos con que los espíritus tepiteños se han encargado de producir, en cantidades industriales, camisetas del Tri (no el del jefe Alex Lora, que ¡esa sí me la compro yo!), de Brasil, España, Francia; el que usted quiera, a precios 5 veces más baratos y quién sabe si ya le encontraron la manera de hacer boletos piratas con todo y su logística de entrada incluida. O ¿no cree esto?
Nada sale como estaba proyectado. A lo mejor hasta Cabo Verde es finalista. Sí, Cabo Verde, un archipiélago de islas en el atlántico 500 km al oeste de Senegal, y que los boletos para su debut en Houston cuestan 7 dólares por asiento. Con estos espíritus desatados, no apuesten en contra. Digo.
El que el Banco de México calcule que creceremos al 1.1% en 2026 solo hace que los gobiernos inteligentes se preparen para superar estas predicciones. Lo podemos comprobar estudiando y analizando las evidencias confiables, como el ICU (el índice de competitividad urbana) del 2026, que publica el IMCO (el Instituto Mexicano para la Competitividad), y que nos apoya, al indicar los problemas que hacen que las ciudades no sean competitivas y en el ICU están presentes los espíritus en cuestión.
No por presumir, pero la ciudad de Durango, parte del grupo de ciudades de 500 mil a 1 millón de habitantes, se posicionó en el lugar 4 como la ciudad con mayor competitividad.
No todo está mal como unos piensan; tampoco excelente, pero es evidente que la influencia de estos espíritus animales puede cambiar el rumbo de cualquier cosa.
Usted, ¿qué piensa?
Ánimo, pero para soportar esta ola de calor, que nos agobia y no nos deja dormir.
Mi jardín es pequeño como el mundo.
Aun así en él caben mil prodigios.
Prodigio es la brizna de hierba.
Prodigio es el arbolito que salió solo y cuyo nombre no conoce nadie.
Prodigio es la rosa cuya propiedad me discuten Gertrude Stein, Shakespeare y Góngora.
Prodigio son los nupciales alcatraces.
Prodigio es esta planta llamada jazmín de Arabia, con aroma a Scherazada.
Y prodigio magnífico es este colibrí que ahora ves y luego ya no ves, y que cuando se posa en la rama del árbol la rama pesa menos.
¡Cuántos prodigios caben en mi jardín!
Todos son fruto del mayor prodigio que hay en la vida: la vida.
¡Hasta mañana!...