Una de mis motivaciones para ahondar en el tema económico, en especial la investigación, búsqueda y análisis de datos, fue un libro de mil páginas, muy gordo y no recomendable, que una Navidad me regaló de intercambio mi hermano Ernesto, sobre la historia de las políticas de Alan Greespan.
Se titula "Greespan". No sé si el regalo obedeció a alguna diferencia entre nosotros, porque no está para leer si estás deprimido, aburrido o contento, pues es muy espeso, y se antoja menos que un chocolate "Abuelita" en julio. Pero si estás con la necedad y logras acompañar la lectura con un Macalan de 15 años, lees lo que te interesa. Por cierto, ayer murió Alan Greespan a sus 100 añitos y vaya si dejó experiencias claroscuras como presidente del Banco de la Reserva de los EEUU, el famoso y multicitado FED.
Ahí, en el libro, me encontré la Exuberancia irracional, término que acuñó Mr. Greespan al mencionarla en uno de sus discursos, en los años 90's, refiriéndose al sobreentusiasmo y optimismo que exhiben los inversionistas, sin antes recurrir a un análisis racional, y que causan aumentos en las bolsas de valores, solo por esa exuberancia que no tiene que ver con el valor de las acciones; solo por una "corazonada", diríamos hoy.
Este concepto, impulsado por pura psicología humana, es, creo yo, una de las razones que causan "sobrevaloraciones", no solo en los mercados, sino en múltiples circunstancias.
Bueno, hasta un premio Nobel, Robert Shiller, escribió un libro sobre los alcances de este concepto.
Excelente información. Ya sabemos qué es eso y cómo presumirlo en nuestra siguiente reunión, para ver el partido de México, donde, por cierto, les aseguro que la exuberancia irracional relucirá, sobrevalorando la calidad de nuestra selección y otorgándole muchas posibilidades de goleadas al equipo checo, sin pensar que existe la posibilidad también (Dios no lo quiera) de una gran reacción del equipo chechenio que nos deje con las "cajas destempladas.
Bien, pero ¿y a mí en qué me afecta? Ah, pues en que estas exuberancias a las que siempre hemos estado expuestos, a manos de nuestros tomadores de decisiones, nos han llevado a donde estamos.
Por ejemplo, las firmas de un acuerdo de paz en Irán, que un día sí va y el otro solo "casi"; donde los últimos fines de semana, con una publicación en redes del presidente Trump, confirmando o negando el susodicho acuerdo, hace que suban las bolsas, baje el petróleo, o viceversa, dándole en la torre al rumbo de la economía mundial, y el lunes siguiente, casi siempre, se revierta la dinámica, cuando nos damos cuenta de la realidad y los inversionistas hacen sus ajustes de acuerdo a las circunstancias. Díganme ustedes, conocedores y amables lectores, ¿no será esto exuberancia irracional?
Esta EI (exuberancia irracional) resulta a veces en más cambios de rumbo que las que provoca la IA (inteligencia artificial), así que ¿habrá que darle el valor que tiene a la EI, y compararla con el que le hemos dado a la IA, antes de decidir los rumbos a seguir? Imagínense ustedes que la IA propone, usando los más sofisticados algoritmos, que la tasa de interés de Banxico, por ejemplo, suba más del 6.5%, tasa en la que se encuentra hoy, para controlar la inflación en México, que en realidad lo necesitamos, y mucho, y la EI recomienda que no nos asustemos, que le bajemos un poco a la tasa pues estamos optimistas que pronto esto de los precios del petróleo y sus variaciones va a terminar, y así ayudamos a generar más empleos.
¿Qué hacemos? Esta circunstancia nos muestra la necesidad de contar con funcionarios tomadores de decisiones con el más alto criterio y conocimiento del contexto mundial; eso del 10% capacidad ya se volvió obsoleto.
Si no tenemos gente con 90% de capacidad, estamos destinados al abismo del crecimiento negativo y seguir tirando dinero rescatando lo irrescatable, como Pemex, haciéndole mucho caso a la EI y mandando a "la goma" a la IA.
Lo cierto es que es fecha que no termino de leer el multimencionado libro, pero le sigo, motivado por la exuberancia de saber que la economía es un sector que nunca termina de revelar sus secretos.
Q.E.P.D. Alan Greespan. Ánimo.
Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche se declara librepensador.
-Y lo eres -le digo porque he tomado tres o cuatro tragos-. Estás libre de todo pensamiento.
Él, con ánimo benevolente porque ha tomado cuatro o cinco tragos, deja pasar la desmañada burla, y expone otra de sus tesis jacobinas:
-Los hombres necesitan mitos, en igual forma que necesitan pan. Éste les alimenta el cuerpo; el mito les alimenta el espíritu. Así como los abogados administran la ley, y los médicos la salud, los ministros religiosos administran los mitos, y con ellos imparten consuelo y esperanza a los humanos. Eso les da derecho al pan, aunque en el fondo quizá no crean sus mitos.
No lo contradigo. Allá cada quien con lo que diga.
El próximo martes, sin embargo, le diré que una cosa es el librepensamiento, y otra muy diferente el pensamiento libre.
¡Hasta mañana!...