
¿Funcionan los cruces Uno y Uno o Durango solo está maquillando el problema vial?
La intención de ampliar los cruces Uno y Uno en el Centro Histórico de Durango ha sido presentada como una medida para mejorar la circulación, reducir accidentes y dar mayor seguridad a peatones y automovilistas. Sobre el papel, la idea suena sencilla: que cada conductor haga alto y avance de manera alternada, sin necesidad de instalar semáforos en cada esquina.
Pero la pregunta de fondo es inevitable: ¿realmente funcionan estos pasos para una ciudad como Durango o se trata de una medida de bajo costo que luce bien en el discurso, pero que requiere mucho más que pintura y señalamientos para dar resultados?
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La propuesta para el Centro Histórico
De acuerdo con lo informado por autoridades municipales, la intención es que el Centro Histórico opere con una velocidad máxima de 30 kilómetros por hora y que en distintos puntos se coloquen señalamientos para reforzar esa medida, incluyendo cruces Uno y Uno.
La gerente del Centro Histórico, Minka Hernández Campuzano, ha señalado que la intención es que todo el primer cuadro cuente con este esquema, con el argumento de garantizar cruces peatonales más seguros. Algunos puntos donde ya se han implementado se ubican en vialidades como Zaragoza y Pino Suárez, Hidalgo y Pino Suárez, además de otros cruces en calles como Independencia.
La estrategia no es nueva. Desde años anteriores, la Subdirección de Vialidad ha colocado este tipo de cruceros en zonas donde, según la autoridad, no resulta viable instalar semáforos, pero sí existe conflicto vial, alto flujo vehicular o reincidencia de accidentes.
¿Qué prometen los cruces Uno y Uno?
La autoridad vial ha defendido esta medida como una herramienta para ordenar el paso en cruceros donde los automovilistas suelen dudar sobre quién tiene preferencia. En teoría, el modelo obliga a todos los conductores a detenerse, observar y avanzar de manera alternada.
La lógica es clara: si todos reducen la velocidad y hacen alto total, disminuye el riesgo de choques por alcance, impactos laterales y atropellamientos. Además, en zonas con alta presencia peatonal, como el Centro Histórico, podría ayudar a que las personas crucen con mayor seguridad.
De hecho, en reportes previos se ha señalado que los cruces Uno y Uno han dado buenos resultados en algunos puntos de la ciudad. En 2025, Vialidad llegó a reportar reducciones importantes en accidentes en lugares donde se aplicó esta medida, aunque el dato abre otra discusión: ¿existen mediciones públicas, comparables y actualizadas por crucero, o solo declaraciones generales?
La parte que no se puede ignorar
El problema es que un cruce Uno y Uno no funciona por decreto. Para que sea efectivo, los conductores deben entenderlo, respetarlo y encontrar una señalización clara. Si no hay cultura vial, vigilancia o infraestructura visible, el resultado puede ser confusión, frenadas bruscas o simplemente conductores que ignoran el alto.
Además, el Centro Histórico de Durango tiene condiciones particulares: calles angostas, estacionamiento en vía pública, peatones que cruzan fuera de las esquinas, transporte público, motociclistas, repartidores, ciclistas, adultos mayores y horas pico donde el flujo cambia por completo.
En otras palabras, no todos los cruces tienen el mismo comportamiento. Un Uno y Uno puede funcionar en una intersección de baja velocidad y buena visibilidad, pero no necesariamente será la mejor solución en puntos con alto volumen vehicular, giros conflictivos, mala visibilidad o falta de respeto a los altos.
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No basta con pintar: se necesita medir
La evidencia en seguridad vial muestra que las intervenciones de bajo costo pueden ayudar en intersecciones controladas con señalización de Alto, especialmente cuando se acompañan de señalización visible, marcas en el pavimento, líneas de alto y mejoras físicas. La Administración Federal de Carreteras de Estados Unidos ha señalado que aplicar varias medidas de bajo costo en intersecciones con alto puede reducir choques graves y con lesionados; incluso hay casos documentados donde reforzar señalética y marcas redujo accidentes de forma considerable.
Sin embargo, el punto clave es ese: no se trata solo de poner un señalamiento, sino de aplicar una intervención completa. Señales visibles, pintura en buen estado, líneas de detención, cruces peatonales claros, iluminación, control de velocidad, vigilancia temporal y evaluación posterior.
En ciudades con visión de seguridad vial, las medidas para reducir riesgos en cruces suelen incluir infraestructura que obligue físicamente a bajar la velocidad, como intersecciones elevadas, extensiones de banqueta, bolardos, cruces peatonales bien definidos o rediseños que reduzcan el espacio de conflicto. NACTO, una referencia internacional en diseño urbano, señala que las intersecciones elevadas ayudan a reforzar velocidades bajas y a que los automovilistas cedan el paso a peatones.
¿Y Durango está listo para eso?
Ahí está el verdadero debate. Durango puede pintar más cruces Uno y Uno, pero si no hay mantenimiento, vigilancia y educación vial, la medida corre el riesgo de quedarse como una solución estética. Una señal nueva puede generar atención los primeros días, pero después dependerá de que los conductores la respeten y de que la autoridad sostenga la estrategia.
También hay una pregunta incómoda: si ya se afirma que estos cruces reducen accidentes, ¿por qué no hacer públicos los datos por intersección? Antes y después de cada intervención, número de choques, tipo de accidente, horarios de mayor riesgo, presencia de peatones, infracciones aplicadas y cumplimiento real del alto.
Sin esos datos, la medida se queda a medio camino entre política pública y campaña de imagen.
Una medida útil, pero no suficiente
Los cruces Uno y Uno pueden ser útiles en algunos puntos de Durango, especialmente en calles del Centro Histórico donde la velocidad debe ser baja y la prioridad tendría que estar en el peatón. Pero convertir todo el Centro en una zona de este tipo exige más que buena intención.
Se necesita diagnóstico técnico, socialización real, señalización clara, vigilancia en los primeros días, mantenimiento permanente y, sobre todo, una evaluación pública de resultados.
Porque si la apuesta es reducir accidentes, el éxito no debería medirse por cuántos letreros se colocan, sino por cuántos choques se evitan, cuántos peatones cruzan con mayor seguridad y cuántos conductores realmente modifican su comportamiento.
De lo contrario, los cruces Uno y Uno podrían terminar siendo otra medida que se anuncia como solución vial, pero que en la práctica solo sirve para captar titulares.