
Gigantes e inmortales: la mitología priista en Durango
La visita de Alejandro Moreno a Durango no fue casual. El líder nacional del PRI, eligió uno de los bastiones que le quedan para enviar un doble mensaje: al interior, de control y disciplina; hacia afuera, de fuerza y vigencia. El escenario perfecto para que "Alito" lavara su cara ante el desgaste de liderazgo y la profunda crisis de credibilidad hacia la que arrastra al priismo.
El mitin del domingo, además de un acto partidista, fue un ejercicio de comunicación política cargado con simbolismos. Desde el templete se habló de unidad, carácter y reconstrucción nacional rumbo al 2027, 2028 y 2030. Consignas grandilocuentes apelando a una épica que contrasta con la realidad electoral de un PRI derrotado en 2024.
En ese contexto, llama la atención el lenguaje, pues mientras el tricolor se autodefinió como "inmortal", y el gobernador Esteban Villegas se jacta de ser un "gigante", ambos remiten a figuras mitológicas: seres fuera del tiempo, dotados de una fuerza superior. Pero son, en esencia, personajes ficticios. Existen en el relato, no necesariamente en la realidad política.
En la mitología, los gigantes representan fuerzas desbordadas, a menudo derrotadas por los dioses al intentar desafiar el orden establecido. Los inmortales, por su parte, viven ajenos al desgaste humano, al juicio del tiempo y la rendición de cuentas. Trasladar estas metáforas a lo político muestra una total desconexión con el ánimo social y con la opinión pública.
Y es que, en términos terrenales, Alejandro Moreno no es inmortal. Es, de hecho, uno de los líderes partidistas con mayor rechazo ciudadano en el país. Encuestas lo colocan en el nivel más bajo de credibilidad política, con más de la mitad de los mexicanos afirmando que no votarían por él bajo ninguna circunstancia.
Las acusaciones de corrupción, su polémica reelección y la narrativa de victimización permanente han terminado por convertir a "Alito" en un lastre, más que en un activo para la oposición. Aun así, insiste en proyectarse como el único capaz de enfrentar al gobierno federal, mientras descalifica a otros liderazgos como tibios o improvisados.
El problema es que ese discurso no compagina con la realidad de su figura política, pues no genera confianza, no suma alianzas amplias y, lejos de encabezar una reconstrucción nacional, profundiza la fractura entre el Revolucionario Institucional y la ciudadanía. En Durango, sin embargo, el guion es distinto aunque no mejor.
En tierra de alacranes, el Partido Revolucionario Institucional gobierna, conserva estructura y territorio. Dispendia recursos del estado. No obstante, regresó al poder en coalición partidista con el PAN, no en solitario, aunque hoy se haya apropiado de todo el control político. Con eso, hoy se vende como vitrina para aparentar una fortaleza aliancista que ya no existe a nivel nacional.
Al final, el mitin priista en Durango fue todo menos una demostración de fuerza, más bien, un ejercicio de autoafirmación. Una liturgia para convencerse a sí mismos de que siguen siendo relevantes; de que el tiempo no los alcanza; de que la historia aún les pertenece. Sin embargo, ni los gigantes ni los inmortales existen fuera del mito. Así que, pónganse buzos con sus "gurús" de comunicación.
EN LA BALANZA.- La sucesión de 2028 en Durango todavía está lejos en el calendario, pero ya desató también las ansias dentro de Morena, donde al menos tres personajes ya se abrieron públicamente y parecen más ocupados en alzar la mano que en dar resultados. El destape anticipado de Héctor Herrera, envuelto en un discurso de cercanía y territorio, y el anuncio directo de la senadora Margarita Valdez, dejan ver que la disputa interna ya comenzó. Los dos se sienten merecedores naturales de la candidatura; el otro, es un chivo loco que solo él se cree tener IQ por arriba de 200 puntos.
X: @Vic_Montenegro