Para algunos, el 2026 apenas está tomando rumbo y hablar del próximo año podría parecer prematuro. Sin embargo, en el tablero político la realidad es distinta: preparar una campaña exige tiempo, especialmente ahora que el reloj electoral no va a la par con el calendario legal.
El 2027 se perfila como uno de los hitos electorales más complejos de la historia reciente. No es solo una elección intermedia; podría implicar una reconfiguración total del sistema electoral y de partidos. En juego está la Cámara de Diputados, donde la actual alianza oficialista pondrá a prueba su mayoría absoluta frente a una oposición que busca forzar nuevos equilibrios.
A esto se suma la llegada de nuevos partidos políticos nacionales que conoceremos pronto. Para ellos, la misión es de supervivencia: al no poder coaligarse en su primera elección, deberán lanzar a sus mejores perfiles para no debutar y despedirse del sistema el mismo día. En la otra cara de la moneda, varios partidos políticos tradicionales caminan por la cuerda floja, con el riesgo latente de perder su registro.
Por si esto fuera poco, 2027 significa la renovación de 17 gubernaturas; Aguascalientes, las Bajas Californias, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas; actualmente Morena gobierna 12; el PAN gobierna 3 (Aguascalientes, Chihuahua, Querétaro); MC gobierna 1 (Nuevo León) y el PVEM gobierna 1 (San Luis Potosí), y a esto se le suma la renovación de todos los Congresos locales (a excepción de Coahuila) y de todos los ayuntamientos (a excepción de Durango y Veracruz).
Y si ha esto sumamos la segunda fase de la elección judicial, tanto de cargos federales como locales, parece muy lógico que los actores políticos ya estén dando los banderazos de salida. Lo que antes llamábamos "precampañas" hoy parece un concepto totalmente rebasado, frente a la fiebre de 2027 que ya consume a las sedes partidistas.
Podemos ver una estrategia de quema de barcos, con renuncias estratégicas para posicionar rostros antes de que el ruido electoral sea mayor, que les permita contar con un blindaje jurídico, evitando el desgaste natural de la gestión pública y logrando la protección contra futuras impugnaciones por uso de recursos o promoción personalizada.
Y con esto viene el dilema: mientras la clase política se tiene los ojos puestos en el 2027, ¿quién se queda a cargo de los problemas públicos? El riesgo de dejar dependencias estratégicas en manos de "encargados de despacho" o suplencias de cargos de elección popular durante un año crítico es real.
En este proceso, que se sentirá como una segunda vuelta presidencial, y salvo que las autoridades electorales marquen un fuera de lugar, aquel que no se mueva para la foto del 27 dejará de existir en el mapa. Quien no construya su narrativa desde ahora, simplemente, llegará tarde.
X @omarortegasoria