En esta columna se ha hablado de manera recurrente de la Gestión del Agua, del agua subterránea, del agua superficial, incluso del agua potable, pero sólo en contados casos hemos tratado la gestión urbana del agua, esto es, del agua de lluvia in situ. Quizás porque rara vez llueve.
A, pero cuando nos llueve sobre mojado y le echamos la culpa al mal humor de San Pedro, porque está lavando sus cortinas o cuando decimos que el cielo se está cayendo o que está lloviendo a cántaros, es entonces cuando nuestra percepción de la sequía "de que nunca llueve", se va hasta el otro extremo y decimos que ha caído un diluvio; este cambio de percepción nos conduce también a pensar en soluciones exageradas y además de altísimo costo: el drenaje pluvial.
Quienes hemos vivido en el desierto lagunero muchos años, sabemos que la lluvia en nuestra región es estacional, que el 90 % ocurre en verano y el 10 % restante en el invierno, aunque desde hace tiempo se ha visto como la lluvia de verano se ha corrido hacia el otoño, pero, al margen de la estacionalidad, la lluvia en el desierto se distribuye de forma muy irregular casi nunca es uniforme, por eso, puede llover en un día la mitad del promedio anual histórico o bien, acumular en unos cuántos días una cantidad importante de precipitación pluvial, como ocurrió entre el 29 de septiembre y el 3 de octubre pasados, que se registraron lluvias atípicas continuas y que de acuerdo con el Observatorio Meteorológico de Torreón de la Conagua se registró una captación acumulada de 75 mm anuales.
No obstante, aunque esto es una lluvia significativa e importante, sumándole las otras lluvias y lloviznas que han ocurrido durante el año, el acumulado para Torreón apenas es de 125.1 mm, lo cual representa un 51 % con respecto al promedio anual histórico de 244 mm. La sequía sigue. Y probablemente así cerrará el año.
Por otro lado, cuando vayamos enojados por las lagunas y arroyos que se forman en las calles cuando llueve más de lo acostumbrado, recordemos la desafortunada topografía plana de la ciudad que impide que el agua se desaloje por gravedad y la pérdida de drenes naturales que antes del crecimiento urbano permitía que el agua se distribuyera hacia canales o hacia las partes bajas de la ciudad. Hoy, esto ya no sucede.
Desafortunadamente algunas colonias fueron construidas en las depresiones de las antiguas lagunas, que reciben el agua de las partes altas ocasionando el efecto alberca que sufren los vecinos cada año. En estos lugares los vecinos construyen banquetas y bardas altas y de manera permanente y tienen costales de arena junto a la puerta de su casa. Pero nada detiene el agua que reclama su lugar.
En todos estos casos el agua supera la capacidad de los drenajes ocasionando su colapso y la generación de reflujo provocando que las aguas negras broten por las alcantarillas de las calles e incluso por las coladeras de baños y patios dentro de los domicilios.
Es innegable que Torreón entero sufre de encharcamientos severos, incluidas las vialidades principales de alta circulación como el Boulevard Constitución, el Periférico Raúl López Sánchez, El Tajito o División del Norte, todas colapsan. El agua no tiene hacia donde ir, el pavimento se destruye y la movilidad urbana se detiene por completo.
Pensar hoy que la única alternativa para sacar el agua de la ciudad son los tubos gigantescos, esto es, el drenaje pluvial es un error técnico y económico, especialmente para una ciudad desértica como Torreón.
Tenemos que apostarle al urbanismo moderno, y pensar en técnicas de gestión urbana sostenible del agua, el IMPLAN Torreón así lo ha declarado Sustentabilidad Hídrica e Infraestructura Verde: en lugar de sacar el agua hay que retenerla, infiltrarla y aprovecharla. Acorde a esto, la Ingeniería urbana moderna propone soluciones que se agrupan en el concepto de "ciudades esponja". Este enfoque busca transformar las metrópolis rígidas de asfalto y concreto en superficies capaces de absorber, retener y filtrar el agua de lluvia.
Con estos mismos conceptos se pueden combatir la subsidencia (hundimiento progresivo de la Comarca Lagunera) y sus principales impactos: socavones urbanos y abras rurales.
En la siguiente colaboración analizaremos el fenómeno de la subsidencia, su relación con las inundaciones y la sobreexplotación del acuífero. Revisaremos las técnicas que se integran en el concepto de ciudad esponja y su factibilidad en las condiciones que actualmente se conocen sobre la geología del subsuelo lagunero.