Editoriales

La relación que no se negocia se padece; México está bajo presión

Con México en la mente

H?CTOR S?NCHEZ GUTI?RREZ

El trato México-EUA atraviesa una desarticulación profunda. No hay ruptura: es una interacción funcional sostenida por la presión constante de Washington en seguridad, migración y combate al fentanilo, frente a un régimen mexicano que responde de forma fragmentada, reactiva, sin conducción estratégica, proclamando soberanía y administrando su dependencia.

"Vacío, que sostiene una relación sin confianza, sin objetivos compartidos y sin una arquitectura que permita anticipar".

Seguridad, migración, economía e inteligencia son los cuatro frentes que interactúan sin estrategia común y tensiones manejadas en desventaja. En seguridad, nuestro vecino exige resultados inmediatos a la expansión de organizaciones criminales y la crisis de opioides; mientras en México se opera sin un sistema de inteligencia integrado que articule esfuerzos y sostenga operaciones de impacto.

"Mostrando falta de cooperación estratégica y acciones dispersas que responden más a la presion externa que al interés nacional".

La narrativa oficial evita el incómodo tema: las acusaciones de colusión entre actores políticos y estructuras criminales que dejaron de ser señalamientos para convertirse en factor de presión directa. Investigaciones, sanciones y procesos abiertos en territorio estadounidense contra funcionarios mexicanos están erosionando la confianza y fortalecen la certeza de que "el problema no es solo de capacidad, sino de penetración institucional".

En migración, la realidad es igual de cruda. México opera en los hechos, como un tercer país de contención. La política migratoria dejó de responder a un diseño soberano y se convirtió en una función operativa al servicio de la política interna estadounidense. Los flujos no disminuyen: se contienen; las crisis no se resuelven: se desplazan. La frontera ya no está en el norte: se ha extendido a lo largo del territorio mexicano, saturando capacidades institucionales y exponiendo vulnerabilidades frente a redes criminales.

"Sin inteligencia migratoria ni una estrategia regional, el regimen administra contingencias, sin controlar el fenómeno".

En economía, la paradoja es más sutil, pero igual de crítica. El "nearshoring" abre una oportunidad histórica para México, pero carecemos de condiciones para capitalizarla. La inseguridad, incertidumbre regulatoria y déficits en infraestructura estratégica limitan su aprovechamiento. Nuestra interdependencia se profundiza, pero no se negocia: exportamos, sin conducir y participamos sin definir.

"Sin inteligencia económica que respalde la política industrial, la integración deja de ser oportunidad y se convierte en subordinación productiva".

El problema de fondo impacta todos los frentes: "la ausencia de inteligencia estratégica como función de Estado". Mientras EUA articula seguridad, economía y tecnología bajo una misma lógica de anticipación, México mantiene capacidades fragmentadas, preferentemente tácticas y desvinculadas de la toma de decisiones de alto nivel. Esta brecha no solo limita la capacidad de respuesta: reduce el margen de maniobra y amplía la dependencia informativa.

"Sin inteligencia que integre y oriente, la relación bilateral no se negocia: se padece".

La nueva estrategia antidrogas estadounidense define trayectorias de presión creciente donde "el factor decisivo es la capacidad del -régimen mexicano gobernante- para anticipar, integrar inteligencia y conducir la relación bilateral". La cooperación se mantiene bajo una asimetría cada vez más marcada.

El escenario más probable es de "presión focalizada-corresponsabilidad condicionada": Washington exige resultados contra el fentanilo y redes financieras, mientras "Palacio Nacional" responde con operativos reactivos e inteligencia selectiva. La cooperación persistirá bajo su evaluación constante, mientras nosotros continuamos la lógica de cumplimiento táctico sin conducción estratégica.

Si consideran los resultados insuficientes, emergerá un escenario de "endurecimiento extraterritorial creciente": sanciones institucionales, judicialización a personas definidas en EUA y mayor injerencia indirecta de agencias estadounidenses. "Nuestro oficialismo enfrentará entonces la disyuntiva entre profundizar cooperación o absorber costos políticos, diplomáticos y económicos crecientes.

Un tercer escenario es la "contención unilateral", donde nuestro vecino actúa sin participación del gobierno mexicano, reduce intercambio de inteligencia y desplaza la presión operativa hacia el territorio nacional.

"El régimen pierde centralidad y queda reducido a un factor de administración periférica".

En casos críticos, la relación podría escalar hacia una crisis bilateral securitizada. El escenario óptimo exige reconducción estratégica: integrar inteligencia criminal, financiera y logística. La clave no es la fuerza, sino quién define el problema. Sin esa capacidad, el gobierno no conduce: responde.

Esta relación bilateral solo se puede definir favorablemente, "mostrando la capacidad del gobierno mexicano para integrar inteligencia, conducir sus recursos y fijar posición sólida" frente al socio-vecino y aliado del norte. Sin esa capacidad, no hay negociación posible.

Nuestro régimen actual enfrenta un problema de mando único, congruente y vigoroso; la carencia de una estrategia integral que conduzca la relación desde la fortaleza.

"Mientras no lo resuelva, seguirá sin ser quien determina el rumbo y solo acata condiciones".

* El autor de esta colaboración es General de División Estado Mayor y Maestro en Seguridad y Defensa Nacionales.

Escrito en: inteligencia, relación, presión, escenario

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Editoriales

TE PUEDE INTERESAR

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas