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La última novela de Vargas Llosa

La última novela de Vargas Llosa

La última novela de Vargas Llosa

 ?SCAR JIM?NEZ LUNA

El siglo de durango

Tiene razón el escritor Javier Cercas: No hay otro novelista en nuestro idioma -y todavía más allá, digo por mi parte- a quien se le deban seis obras maestras en la novela. Por el diseño narrativo y la calidad del lenguaje, además de las tramas tan sugerentes, él fue el Flaubert latinoamericano (y no falta quien diga que superó al maestro francés). Con agudeza e ingenio, Cercas también señala que las llamadas "obras menores" del peruano bien podrían ser las "obras mayores" de muchos de los escritores más reconocidos en la actualidad. Y es cierto, apenas a un lado de "Conversación en La Catedral", "La casa verde", "La fiesta del Chivo", se encuentran obras muy disfrutables "Cinco esquinas", "Tiempos recios" y "Le dedico mi silencio" (Alfaguara, 2023), la última novela del célebre autor. Sirva comentar algo a propósito, una manera de invitación a leer la historia.

Lo primero que llama la atención es, precisamente, la buena hechura de esta obra narrativa, teniendo en cuenta la avanzada edad de Vargas Llosa al escribirla, junto a los primeros anuncios de la enfermedad, seguramente. Visto así "Le dedico mi silencio" es un logro extraordinario. También es interesante otro punto esencial: al final de su vida, el autor ha decidido volver a los suyos, a las raíces de la música popular peruana, a partir de un relato situado en la época contemporánea. La trayectoria de Toño Azpilcueta, un estudioso de la música, es el impulso que sostiene la historia, y que se activa más cuando conoce al guitarrista Lalo Molfino, quien lo deslumbra con su arte:

"No, no era simplemente la destreza con que los dedos del chiclayano sacaban notas que parecían nuevas. Era algo más. Era sabiduría, concentración, maestría extrema, milagro. Y no se trataba sólo del silencio profundo, sino de la reacción de la gente. El rostro de Toño estaba bañado en lágrimas y su alma, abierta y anhelante, deseosa de reunir en un gran abrazo a esos compatriotas, a los hermanos que habían atestiguado el prodigio (...) La música había imantado las almas de todos los presentes al punto de que cualquier diferencia social, racial, intelectual o política pasaba a un segundo plano. El patio de la casona estaba electrizado por una ola de compañerismo, reinaba la benevolencia, el amor". Este momento mágico, recuerda aquella escena en que Jean Baptiste Grenouille, el personaje principal de la novela "El perfume", destapa ante una multitud precisamente el aroma del amor, provocando también el hechizo colectivo.

Las dos vidas se van entrelazando, pues, de modo muy conmovedor. Se da cuenta de los trabajos de Azpilcueta para investigar al artista, incluso viaja al lugar de nacimiento del guitarrista. Y lo sobresaliente es que el proyecto del biógrafo tiene un sentido muy alto: demostrar a través de un libro que el arte puede unir a toda una nación. El que da identidad abarcadora y orgullo nacional. Y con las derivaciones de una buena novela, aquí uno se pregunta sobre la pertinencia de la propuesta de Azpilcueta: ¿en México también se puede sostener lo mismo? ¿la música, el arte, crean unidad? Indudablemente. Siempre se ha dicho que lo sones del mariachi, por ejemplo, son un punto de unión entre los mexicanos. Y regionalmente las aportaciones veracruzanas, yucatecas, tamaulipecas, también identifican la forma de ser -que va de la alegría a la nostalgia- de los hombres y mujeres de las tierras de origen. Es una de las motivaciones más sugerentes de "Le dedico mi silencio".Hay que decir asimismo que la trama que nos ocupa se desarrolla en capítulos alternativos. Uno describe las vidas de los protagonistas, otro informa del recorrido propio de la música: los instrumentos que se incorporan desde el principio, los compositores más notables, sus principales ejecutantes, y las bellas voces que los van acompañando. La referencia a Felipe Pinglo Alva, el padre de la música peruana -se nos dice- es muy significativa.

La atención del lector recibe datos fundamentales. La influencia sobre todo de Johann Strauss, las celebraciones de las jaranas, los inicios del vals peruano en los mismos callejones de Lima, mucho tiempo atrás, la aparición de los bailes de la zamacueca y la marinera, entre tanta información relevante. Una alusión importante también es el desencuentro/encuentro de Vargas Llosa con la gran Chabuca Granda. Evidentemente el autor cierra tal relación con un reconocimiento a las aportaciones de la después famosa canta-autora de "Fina estampa" y "La flor de la Canela".

Habría mucho más qué decir. Vargas Llosa se despidió con una especie de carta amorosa, vale la pena subrayar otra vez esta palabra, a su país. A lo más entrañable de su tierra y de su gente. Un adiós fraternal a su historia y a su cultura. Una lección más, en suma, del maestro de feliz memoria: el escritor es con los demás, con sus orígenes y herencias.

Escrito en: Vargas, Llosa, otro, quien

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