
Ejemplo. Desde joven, Achraf ha sido un referente de su país.
EMILIO BARRIENTOS
El siglo de durango
Achraf Hakimi se ha convertido en el rostro más representativo de la Selección de Marruecos en los últimos años, un futbolista que combina velocidad, técnica y carácter competitivo. Su capacidad para recorrer toda la banda derecha lo vuelve un jugador total: defiende con intensidad, pero también ataca con profundidad, generando constantes opciones al frente.
Formado en el futbol europeo, Hakimi ha sabido trasladar esa experiencia al plano internacional, donde su impacto va más allá de lo individual. Es un líder silencioso dentro del campo, de esos que marcan el ritmo con acciones y no con palabras, siendo clave en los momentos más exigentes del equipo.
En Qatar 2022 fue una de las grandes figuras del torneo, no solo por su rendimiento, sino por su personalidad en momentos determinantes, como aquel penal ante España que quedó grabado en la memoria colectiva. Desde entonces, su figura ha crecido y se ha consolidado como uno de los mejores laterales del mundo.
De cara al Mundial de 2026, Hakimi será nuevamente el motor de Marruecos. Su velocidad en transición, su lectura del juego y su capacidad para aparecer en zonas ofensivas lo convierten en un factor diferencial. Si Marruecos aspira a repetir una actuación histórica, gran parte de sus posibilidades pasarán por lo que pueda generar su número más influyente.
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