En un artículo del periódico español El País, se cuenta que "Marilyn Monroe le dijo a Einstein, con una franqueza encantadora: «tú y yo podríamos tener un hijo: saldría con mi belleza y tu inteligencia». A lo que el padre de la relatividad y de la bomba atómica respondió: «a lo mejor sale con mi belleza y con tu inteligencia».
Aún no se sabía (las pruebas se hicieron más tarde) que el coeficiente intelectual de Marilyn Monroe era de 165, cinco puntos por encima del "mayor genio de todos los tiempos".
Marilyn Monroe (Norma Jeane Baker, 1926-1962) era una gran lectora. Tenía en su casa una biblioteca con cerca de mil libros. Se pasaba muchas horas leyendo obras de literatura, poesía, teatro, filosofía, ya que su espíritu, además de muchísimas ganas de vivir, tenía insaciable curiosidad y hambre de conocimiento". ¿Ya ven? No hay que emitir juicios antes de tener todos "los pelos de la burra en la mano", como decimos en el terruño.
Esto viene al caso por la frecuencia con que leemos en los periódicos y redes proyectos, intenciones, metas (personales, empresariales y de gobierno) que no se lograron o que fallaron en su ejecución, todo por no tomar en cuenta todos los elementos posibles y disponibles para hacer un verdadero plan de proyectos. ¿Cuántos han fallado por bajo valorar los efectos de tal o cual variable (ambiental, económica o social)? Ustedes, seguramente, me pueden compartir una lista de carreteras que no llevan a ningún lado, pozos de agua y petróleo perforados sin producción, trenes de pasajeros que se tienen que cambiar a trenes de carga, porque el aforo se contó mal, o se utilizó una predicción errónea, etcétera.
¿Qué falló?: la metodología de la investigación. Protocolos que se hacen al evaluar proyectos: su formato, su contenido, su metodología, verificación y conclusiones. Todos estos elementos, elaborados y valuados por procesos científicos, probados y certificados, para reducir al máximo el riesgo de las decisiones a tomar.
En nuestro Mexiquito querido, un gran porcentaje (y no sé cuanto), pero estimo que de un 30-50% utilizamos la metodología del "Ahí se va". ¡Que al cabo ni nieva aquí! Así dijimos en Durango en el año 1980 y "¡bolas!" que nos cayó una nevadota y se cayeron varias naves industriales, que no tenían seguros contra siniestros de ese tipo; y a pagar, pues el seguro no cubrió nada. Eso sí, disfrutamos de una semana sin clases y haciendo monos de nieve en el jardín.
Recuerdo que los seguros contra incendio en esta región, y con el propósito de ahorrarse una lana, se contrataban en junio 24, el mero día de San Juan, cuando iniciaba la época de lluvias (y ¡sí iniciaba! antes de los 90´s) y se retomaba la cobertura el día 4 de octubre, el día del cerrojazo de San Francisco, cuando terminaban las tormentas ( y ¡sí! terminaban).
Hoy, con el daño que le hemos hecho a nuestro entorno ecológico, llueve cuando se le da la gana a San Isidro Labrador, y hace complicado programar los ciclos agrícolas. Ya no podemos ahorrarnos el seguro; hacerlo sería un riesgo grande, pero aun así algunos dicen: "ahí se va".
Y vaya que la Inteligencia Artificial (IA) debe estar perpleja ante los resultados de sus sugerencias sobre proyectos derivados de datos que nosotros le proporcionamos. ¿Recuerdan ustedes: "no talaremos ningún arbol", "creceremos al 4% anual" y otros de todos los gobiernos actuales y los anteriores, que, también, seguro recuerdan?
¿Pues qué datos le habremos dado a la IA para que regresara aprobaciones de esos proyectos? La IA aún depende de la persona que le proporcione los datos, o sea, hay que valorar ese puesto, ponerlo muy alto en el organigrama, bien pagadito y sobre todo que sea honrado y resista las tentaciones de cambiar el 8 por el 9 y redirigir el curso del desarrollo nacional. ¿No creen?
Ánimo, y gracias a Diosito que aún nos tiene aquí, vivos y coleando.
Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche tiene buen vino cuando el vino es bueno, pero si es malo él también se inclina a decir maldades.
Anoche, por ejemplo, despotricó contra la Edad Media, que no estaba ahí para defenderse. La llamó "edad oscura". Opuse:
-¿Edad oscura la de Dante, la de Giotto, la de Tomás de Aquino, la del Poema del Cid, la de las universidades europeas y las catedrales góticas? ¿Por qué no la llamas mejor Edad de la Fe?
-Porque mi fe la tengo en la razón -me contestó-, y la Edad Media no es edad de razón sino de devoción. Has mencionado a las catedrales góticas. Sus torres hacen llevar la mirada hacia lo alto. A donde hay que llevarla es hacia el hombre. En eso se fincó el Renacimiento: en lo humano.
Calló por un momento, dio otro trago y luego declaró:
-Eres un medieval.
Le pregunté:
-¿Me lo dices como elogio o como ofensa?
Volvió a callar. Volvimos a beber.
¡Hasta mañana!...