
NASA
Mucho antes de que Artemis II volviera a poner a la Luna en el centro de la conversación mundial, un mexicano ya había dejado una huella muy particular en la historia espacial. No se trató de una bandera clavada en la superficie lunar ni de una frase solemne para la posteridad, sino de algo mucho más cercano para este lado del mundo: las tortillas.
La historia tiene como protagonista a Rodolfo Neri Vela, el primer astronauta mexicano en viajar al espacio, quien participó en la misión STS-61B de la NASA a bordo del transbordador Atlantis en noviembre de 1985. Aquel vuelo no solo marcó un momento histórico para México, también abrió la puerta a una costumbre que, con el paso del tiempo, terminó siendo adoptada en la alimentación espacial.
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El mexicano que hizo historia fuera de la Tierra
Rodolfo Neri Vela fue elegido para formar parte de una misión vinculada al satélite mexicano Morelos II. Su participación lo convirtió en el primer mexicano en ir al espacio y en una figura clave para la divulgación científica en el país.
Pero además de su papel como astronauta, su nombre quedó ligado a un detalle que con los años se volvió entrañable: fue él quien pidió que las tortillas fueran incluidas dentro de su provisión de alimentos durante la misión. Lo que parecía un gusto muy mexicano terminó demostrando que también era una opción práctica para vivir y comer en microgravedad.

¿Por qué tortillas y no pan?
En la Tierra puede parecer un detalle sin importancia, pero en el espacio hasta las migajas representan un problema. El pan tradicional puede desmoronarse y soltar pequeños fragmentos que flotan dentro de la nave, algo que resulta incómodo y hasta riesgoso para los equipos y la tripulación.
Las tortillas, en cambio, resuelven varios de esos problemas. Son más fáciles de manipular, no generan tantas migajas y además sirven como base para distintos alimentos. Por eso, con el tiempo dejaron de ser una curiosidad mexicana para convertirse en una opción habitual dentro de los menús espaciales.
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El legado mexicano que llega hasta Artemis II
Lo más llamativo es que esa pequeña aportación no se quedó en los años 80. Décadas después, las tortillas siguen presentes en la comida espacial. En la nueva etapa de exploración lunar, este alimento continúa apareciendo entre las opciones que utilizan los astronautas en misión.
Es decir, en pleno regreso de los vuelos tripulados alrededor de la Luna, una idea impulsada por el primer astronauta mexicano sigue viva. No es exagerado decir que, de alguna manera, el legado de Rodolfo Neri Vela también viaja con Artemis II.
Más que una anécdota simpática
La historia de las tortillas en el espacio suele contarse como una curiosidad, y claro que tiene algo simpático imaginar un pedazo de la cocina mexicana flotando dentro de una nave. Pero también revela algo más profundo: las grandes misiones espaciales no solo se construyen con cohetes, cálculos y tecnología de punta, sino también con pequeñas soluciones prácticas que terminan cambiando la vida diaria de los astronautas.
En ese sentido, Rodolfo Neri Vela no solo fue el mexicano que llegó al espacio. También fue el mexicano que dejó una marca concreta en la forma en que se come allá arriba. Y ahora que Artemis II vuelve a entusiasmar al mundo con una nueva etapa de exploración lunar, esa historia cobra todavía más sentido.
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Una huella mexicana que sigue orbitando
Para México, Rodolfo Neri Vela representa mucho más que una fotografía histórica o una efeméride. Su viaje de 1985 sigue siendo una referencia obligada cuando se habla de ciencia, exploración espacial y orgullo nacional. Pero además, dejó un detalle tan cotidiano como poderoso: demostrar que algo tan nuestro como una tortilla podía encontrar su lugar incluso fuera de la Tierra.
A veces, la historia espacial también se escribe así: con pequeños gestos que parecen simples, pero terminan viajando mucho más lejos de lo que cualquiera imaginó.