"Aunque esté el sol como brasa", termina un viejo refrán mexicano. Lo usamos para recordar que hay que estar prevenidos ante cambios posibles o dificultades que se puedan presentar. En estos tiempos que vivimos, no hay que confiarse, ya que los cambios suceden a la velocidad del sonido: 300 metros por segundo, un poco más de mil kilómetros por hora.
Cuando observen un rayo en una tormenta, empiecen a contar, desde que lo ven, hasta que escuchen el "tronido", y el número les indicará qué tan lejos está la tormenta: tres segundos, ya está a mil metros, y si se reduce el tiempo, empiecen a correr o escóndanse porque les puede caer una descarga eléctrica.
Esta mitad de año que acaba de terminar nos dejó resultados económicos alentadores: a primera vista, el PIB creció de un trimestre a otro (enero-febrero-marzo a abril-mayo-junio) en 2.1%, inesperado e impulsado por un crecimiento de obras de infraestructura para el Mundial y algunas más, con una inversión pública, que decreció en 7.9% en el semestre, pero que, parece, se utilizó con eficiencia.
El semestre en total reportó una generación de riqueza de 1.5% a tasa anual. ¡Bueno! Algo es algo. Estuvo mejor que el promedio de los últimos siete años, que llegó con muchos esfuerzos, a pesar de todos los proyectos que se pagaron y no funcionan, con todo y Pemex produciendo a un costo mayor al promedio de las empresas del sector y perdiendo dinero hasta con los precios del crudo a un nivel casi 75% mayores a los presupuestados: de 54 USD por barril hasta casi 90 USD por barril; con todo y todo el resultado fue de 0.8% promedio de crecimiento anual.
Bastante pobre para nuestras necesidades de desarrollo. Este país nuestro, generoso y sufrido, no se ha dejado destruir, a pesar de nuestros intentos por darle "en la torre". Y luego la inflación, el nivel de precios de lo que consumimos todos los días, que subió en julio un 3.12%, no visto desde hace muchos años, y la canasta básica alimentaria solo subió 2.73%, menos que la inflación de julio. ¡No dejemos el sarape en casa!
Son resultados que no nos deben permitir relajarnos; faltan aún "muchos pescados para freír" (lots of fish to fry). Aún no hablamos del empleo formal y la competitividad, pero alegrémonos por lo bueno y concentrémonos en mejorar las variables que no marchan bien, para hacer sostenibles estos avances que comentamos.
Los resultados de estas variables nos dan esperanzas de que "sí se puede", aunque también se evidencia que, para que si se pueda, será necesario hacer varios sacrificios, que, de no hacerlos, se podrían perder los avances logrados.¿Cuáles sacrificios?: continuar cuidando la seguridad, disminuir la incertidumbre, profesionalizar nuestra Suprema Corte y las legislaturas para proponer y pasar políticas que impulsen la democracia y permitan que llegue sin trabas la tan necesaria y ansiada inversión extranjera directa, y que se puedan instituir protocolos y leyes que inviten a la iniciativa privada a de verdad invertir en el país, ya que hoy, con reuniones, fotos y grandes noticias de promesas de apostar por México, los inversionistas ya migran sus capitales a otros lares y siguen sin confiar en el incipiente Poder Judicial, que ha demostrado muchas pifias que merman la confianza.
Dice el IMCO, a través de su directora, la Dra. Moy: "La tentación de convertir un buen dato en un relato de recuperación es muy fuerte; habrá que resistirla. Un trimestre no es una tendencia y menos cuando ese trimestre cabe casi entero en un solo mes". O sea, como el pueblo bueno dice: "una golondrina no hace verano".
El lunes, nuestro Durango querido reportó un crecimiento anual de generación de empleos formales de 3.8%, enero a julio, contra 1.1% del promedio nacional. El logro significa estar 40% arriba de la meta mensual de mil empleos. De todos modos, no olvidemos el sarape en casa, y menos ahora con estas tormentas de agua que nos están cayendo.
Ánimo.