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Otros ángulos de la inauguración mundialista

No hagas cosas buenas...

ENRIQUE IRAZOQUI MORALES

La inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en la Ciudad de México fue mucho más que un acontecimiento deportivo. Mientras millones de personas en todo el planeta observaban la ceremonia y el partido inaugural entre México y Sudáfrica, la capital del país se convirtió en el escenario donde confluyeron dos realidades profundamente distintas: la celebración de una fiesta internacional y la persistencia de conflictos políticos y sociales que desde hace décadas acompañan la vida pública mexicana. No obstante, desde el primero de diciembre de 2018, quien gobierna México son políticos del "pueblo", no de la mafia del poder, como suelen clasificar los actuales gobernantes a sus antecesores. Y aun así los conflictos persisten.

Desde días antes de la inauguración, integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) realizaron movilizaciones, marchas y plantones en diversos puntos estratégicos de la ciudad. Aprovecharon para realizar sus acciones uno de los momentos de mayor exposición mediática para México en los últimos años. No es casual que las protestas se desarrollaran precisamente durante la víspera de la apertura mundialista. Cuando las cámaras del mundo apuntan hacia un país, cualquier grupo de presión sabe que aumenta considerablemente su capacidad para llamar la atención de las autoridades. Además de la propia CNTE, fueron un sinfín de grupos los que realizaron protestas previas al juego de este jueves.

Los dirigentes de la CNTE sostienen que sus movilizaciones buscan exigir respuestas a demandas laborales y educativas. Sin embargo, existe una interpretación crítica según la cual el movimiento recurrió a una estrategia de presión máxima aprovechando la vulnerabilidad política que implica para cualquier gobierno la organización de un evento global. Desde esta perspectiva, el objetivo habría sido colocar a las autoridades federales ante una disyuntiva incómoda: ceder a determinadas exigencias o enfrentar el riesgo de que las protestas opacaran la imagen internacional del país. La CNTE es experta en la vil extorsión. ¿Qué mejor oportunidad tenían que esta?

Pero me parece que al igual que desnudar lo que realmente es la CNTE, grupo de maestros que han torcido lo que de origen es su apostolado de la educación a convertirse en una turba chantajista de altos vuelos, por otro lado, también es de lamentarse como mexicano los asistentes a la fiesta dentro del estadio, que mostró otra realidad igualmente discutible: los elevados costos de los boletos provocaron que gran parte de la población mexicana quedara excluida de la experiencia.

Las localidades para un partido inaugural de Copa del Mundo alcanzaron precios que para muchas familias equivalen a varios meses de ingresos; el costo más económico era de decenas de miles de pesos. Como consecuencia, las tribunas estuvieron ocupadas en buena medida por turistas extranjeros, patrocinadores, ejecutivos de empresas, invitados especiales, dirigentes deportivos, celebridades y aficionados con alto poder adquisitivo. Sólo un segmento del pueblo mexicano estuvo representado - obviamente, el menos numeroso-.

Nadie puede reprochar a quienes pagaron legítimamente por asistir. Sin embargo, la imagen que se proyectó desde las gradas generó un debate interesante sobre quién representa realmente al país en eventos de esta naturaleza: el México popular, trabajador y de ingresos modestos estuvo presente principalmente en las calles, en los Fan Fest, en los hogares y en los espacios públicos donde millones siguieron el partido por televisión; o el México que apareció con mayor frecuencia en las tomas televisivas del estadio fue el de quienes podían costear entradas de precios extraordinariamente elevados.

La ceremonia inaugural contó con la presencia de figuras del espectáculo, exfutbolistas, dirigentes deportivos y personalidades vinculadas al mundo del entretenimiento. Como suele ocurrir en estos eventos, la mezcla de celebridades nacionales e internacionales ocupó una parte importante de la atención mediática. Sin embargo, una de las ausencias más comentadas fue la de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Aunque sólo la propia mandataria conoce plenamente las razones de su decisión, es claro que ella tenía claro que los asistentes al estadio lejos son de ser su electorado protector. Decidió no exponerse sencillamente.

En mi opinión, la ausencia presidencial fue una decisión políticamente conservadora - por no decir otra cosa-. En un momento de enorme visibilidad internacional, la presencia de la jefa del Estado mexicano habría sido perfectamente justificable como representación institucional del país anfitrión.

La discusión más interesante surge al preguntarse si el Estado debió intervenir para ampliar el acceso de sectores populares al partido inaugural. Creo que habría sido conveniente adquirir un número limitado de boletos para distribuirlos mediante mecanismos transparentes entre estudiantes destacados, trabajadores, deportistas comunitarios o ciudadanos de escasos recursos y hasta representantes de nuestros pueblos originarios. Otros sostendrán que los recursos públicos deben destinarse prioritariamente a servicios esenciales, y no a financiar espectáculos deportivos. Pero si llevan a Shakira al Zócalo, por qué no llevar todo el crisol étnico que comprende la raza mexicana

La verdadera imagen de México ante el mundo no debería depender del color de piel, de la capacidad de compra o de la ubicación en una tribuna. Debería reflejar la complejidad de una sociedad compuesta por millones de personas de distintos orígenes, regiones y condiciones económicas.

Entre las protestas exageradas y presiones de la CNTE, y lo particular del público asistente al primer partido de la justa mundialista, se pueden observar ángulos que van más allá de un gran torneo de futbol.

Escrito en: México, partido, protestas, dirigentes

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