Editoriales

Patrullas robadas o clonadas exhiben igualmente la debilidad del Estado

Contrapesos

V?CTOR MONTENEGRO

No es la primera vez que en Durango se habla de vehículos con insignias de la Policía Estatal en hechos relacionados con la delincuencia organizada. Robadas, facilitadas o replicadas, el problema sigue siendo -en cualquiera de los casos- sumamente delicado.

La explicación oficial se repite de manera automática, como si clonar una patrulla fuese un delito menor. Esa fue nuevamente la postura del secretario de Seguridad Pública, Óscar Galván, luego del aseguramiento realizado por fuerzas federales en Guadalupe Victoria, donde se localizaron dos camionetas con la cromática de la corporación estatal junto con un arsenal.

Es posible que el argumento sea técnicamente correcto. La clonación de patrullas y uniformes existe, no es un fenómeno exclusivo de Durango. Sin embargo, cuando la respuesta comienza a utilizarse de manera sistemática, deja de cerrar el debate y abre otro todavía más alarmante. Y es que el Estado ha sido permisivo en que grupos criminales emulen a las instituciones de seguridad y justicia para delinquir.

El problema no comenzó con este aseguramiento. En 2023, el gobernador de Zacatecas, David Monreal, ya había denunciado públicamente y ante medios nacionales la operación de bandas dedicadas al secuestro de migrantes en los límites con Durango, mediante retenes ilegales instalados con patrullas y personas portando uniformes apócrifos.

Ese mismo año, transportistas denunciaron extorsiones en la región Laguna por parte de individuos que portaban insignias policiales. En aquella ocasión, la propia Secretaría de Seguridad planteó la posibilidad de que también se tratara de falsos agentes utilizando unidades clonadas. Es decir, el argumento actual tiene antecedentes.

Precisamente por ello, la preocupación no disminuye; por el contrario, se incrementa. Si desde hace años existe conocimiento sobre esta modalidad delictiva, es evidente que no se combate. La discusión tampoco debería reducirse a determinar si las patrullas eran originales o imitaciones. Para el ciudadano que circula por calles y carreteras, esa diferencia simplemente no existe.

Si un vehículo con apariencia oficial puede detenerlo, intimidarlo o participar en actividades criminales, el daño institucional ya está consumado. La confianza en la autoridad se erosiona exactamente igual. Las corporaciones policiales enfrentan hoy un desafío que va más allá del combate al crimen. También necesitan preservar la credibilidad de sus símbolos.

Cuando la delincuencia logra apropiarse de uniformes, insignias o vehículos oficiales, no solo suplanta una imagen; debilita la capacidad del Estado para distinguir con claridad quién ejerce legítimamente la autoridad y quién la está usurpando. Por eso las explicaciones ya no son suficientes.

Si la clonación de patrullas es una realidad permanente, la sociedad tiene derecho a conocer qué controles existen para detectarlas, cómo se combate esta modalidad y por qué, pese a los antecedentes conocidos desde hace varios años, el problema continúa apareciendo una y otra vez.

EN LA BALANZA.- Sigue y sigue en Durango el cierre de negocios debido a la complicada situación económica. El nulo circulante y rentas impagables continúan provocando la caída de cortinas en distintas zonas comerciales de la ciudad. Ahora el sector empresarial de los jóvenes está siendo afectado con siete establecimientos que han quebrado en lo que va del año, mientras el futuro es incierto, pues esperan que en las próximas semanas más empresarios agremiados al CEJ cierren sus establecimientos.

X: @Vic_Montenegro

Escrito en: patrullas, problema, insignias, Estado

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Editoriales

TE PUEDE INTERESAR

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas