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Las remesas no aparecen como una cifra fría en Durango. Para muchas familias son la despensa, el pago de una deuda, la medicina de los abuelos, los estudios de los hijos o el dinero con el que se levanta poco a poco una casa. Por eso, cualquier cambio en Estados Unidos sobre la forma en que se envía dinero a México puede terminar sintiéndose lejos de la frontera.
La alerta volvió a encenderse luego de que se difundiera que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden para reforzar la vigilancia sobre transferencias realizadas por migrantes, especialmente aquellas de bajo monto, repetitivas o hechas mediante plataformas de pago entre particulares.
La medida no significa, al menos por ahora, que las remesas vayan a desaparecer ni que los envíos de dinero a México queden prohibidos. Sin embargo, sí abre la puerta a un escenario más complicado para quienes mandan recursos desde Estados Unidos: más revisiones, más requisitos, posibles retrasos y, eventualmente, mayores costos para completar una operación.
¿Qué ordenó Trump?
La orden firmada por Donald Trump no plantea una prohibición directa a las remesas, pero sí instruye al Departamento del Tesoro a reforzar la vigilancia sobre operaciones financieras que puedan considerarse de riesgo dentro del sistema bancario de Estados Unidos. El documento pone especial atención en transferencias transfronterizas de bajo monto, movimientos repetitivos, cuentas con beneficiarios ocultos y posibles esquemas ligados a evasión fiscal, trata laboral, lavado de dinero u otras actividades ilícitas.
En términos prácticos, esto significa que bancos, casas de envío de dinero, fintech y otras instituciones financieras podrían recibir nuevas guías para detectar “focos rojos” en ciertas operaciones. El problema es que algunas de esas señales también pueden parecerse al comportamiento normal de las remesas familiares: envíos pequeños o medianos, frecuentes, hechos desde Estados Unidos hacia México y destinados a cubrir gastos básicos del hogar.
Por eso, aunque la medida se presenta como una estrategia contra delitos financieros, también genera preocupación entre comunidades migrantes. Si las instituciones endurecen sus filtros, un envío legítimo podría enfrentar más preguntas, verificaciones adicionales, retrasos o incluso bloqueos temporales mientras se revisa la operación. En el peor escenario, esto podría hacer que mandar dinero sea más caro, más lento o más complicado para quienes sostienen a sus familias desde el extranjero.
También se puede entender como parte de una presión más amplia sobre el acceso de migrantes al sistema financiero en Estados Unidos. La orden no obliga de forma abierta a cancelar cuentas ni a impedir remesas, pero sí aumenta el margen para que bancos e intermediarios revisen con mayor cuidado quién envía, cuánto envía, con qué frecuencia y hacia dónde se mueve el dinero. Ahí es donde el tema deja de ser solo financiero y se vuelve sensible para estados como Durango, donde muchas familias dependen de esos recursos.
¿Entonces sí peligran las remesas?
No necesariamente en el sentido de que vayan a ser canceladas. El riesgo más realista está en la “fricción”: que enviar dinero sea más tardado, más vigilado o más caro.
Para un migrante, eso podría traducirse en más preguntas al momento de enviar, comprobantes adicionales, operaciones detenidas por revisión o miedo a usar canales formales si considera que sus datos pueden ser revisados con mayor rigor.
Para las familias en México, el impacto puede ser más simple y más duro: que el dinero tarde más en llegar o que llegue menos por el aumento de comisiones.
Ese punto es clave porque las remesas no son un lujo. En estados como Durango, funcionan como un ingreso complementario para miles de hogares.
¿Por qué le importa a Durango?
Durango tiene una relación histórica con la migración hacia Estados Unidos. En comunidades rurales, municipios con tradición migrante y familias con integrantes al otro lado de la frontera, las remesas son parte de la economía cotidiana.
Durante el primer trimestre de 2025, Durango recibió 284.7 millones de dólares por remesas familiares, lo que representó un promedio diario superior a los 3.1 millones de dólares, de acuerdo con datos de Banxico retomados por El Siglo de Durango.
Ese dinero no se queda en una cuenta bancaria sin moverse. Normalmente se convierte en consumo local: alimentos, transporte, consultas médicas, materiales de construcción, útiles escolares, ropa, pagos de servicios o apoyo para adultos mayores.
Por eso, si las remesas se encarecen o se vuelven más difíciles de enviar, el golpe no solo lo resiente quien recibe el depósito. También puede sentirse en tiendas, farmacias, pequeños negocios y economías municipales que dependen del dinero enviado desde Estados Unidos.
México sigue dependiendo de ese flujo
A nivel nacional, las remesas siguen siendo una de las principales fuentes de divisas para el país. En marzo de 2026, México recibió 5 mil 394 millones de dólares por este concepto, mientras que en el primer trimestre del año acumuló 14 mil 457 millones de dólares, según datos de Banxico.
Además, el envío de dinero se realiza casi totalmente por medios electrónicos. En el primer trimestre de 2026, el 99 por ciento de las remesas hacia México se envió mediante transferencias electrónicas, lo que vuelve más relevante cualquier endurecimiento sobre bancos, aplicaciones o empresas de envío.
Es decir, aunque la medida de Trump no hable de una cancelación directa, sí toca el canal por el que normalmente viaja ese dinero.
El riesgo de empujar a canales informales
Otro efecto posible es que algunos migrantes busquen alternativas fuera del sistema formal si sienten que enviar dinero por vías bancarias se vuelve más riesgoso o complicado. Eso podría exponerlos a fraudes, pérdidas, comisiones abusivas o intermediarios sin garantías.
En lugar de frenar operaciones ilícitas, un endurecimiento mal aplicado podría terminar castigando también a quienes solo intentan sostener a sus familias desde el extranjero.
Una medida que Durango debe mirar de cerca
Por ahora, las remesas no están prohibidas ni existe una suspensión general de los envíos de dinero a México. Pero la nueva presión regulatoria en Estados Unidos sí coloca el tema en una zona de alerta.
Para Durango, el punto no es menor. Cada dólar que llega desde el extranjero suele tener nombre, destino y urgencia. Si el envío se retrasa, se encarece o se complica, el impacto puede sentirse directamente en la mesa de muchas familias.
Por eso, más que preguntarse si las remesas desaparecerán de un día para otro, la duda inmediata es otra: qué tanto se complicará enviar dinero desde Estados Unidos y cuántos hogares duranguenses podrían resentirlo.