L As abrumadoras pruebas, que gracias a filtraciones y trabajos de periodismo de investigación, salieron a la luz para evidenciar el muladar de corrupción en el que se encuentra sumido el Instituto Nacional Electoral (INE), dan muestra de que la sola renuncia de Guadalupe Taddei como consejera presidenta del INE no podrá resolver o limpiar el daño que se generó en la imagen y, sobre todo, en la confianza que la gran mayoría de los mexicanos depositamos en este organismo electoral.
Los afanes autoritarios del oficialismo por dotar al Ejecutivo de más poder a través de la desaparición de frenos y contrapesos, como son los organismos autónomos, y de vulnerar la autonomía del Poder Judicial, lo llevaron además a la colonización del INE, que dejó de ser autónomo.
Y es que, después de las elecciones de 2018, cuando todavía gozaba de autonomía el INE, sancionó a Morena por temas de financiamiento ilegal. Ese mismo Instituto impidió que un tipo señalado por acoso sexual como Félix Salgado fuera candidato por omitir reportar gastos e ingresos de campaña. Por eso y otras decisiones que resultaron incómodas para el Estado, en 2022 AMLO envió al Congreso una iniciativa para terminar con la autonomía del INE, pero al no contar con mayoría calificada implementó un plan "B" el cual tampoco prosperó porque la anterior Suprema Corte anuló esas intenciones.
En el año 2023 concluyó el periodo del anterior consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, y de tres consejeros más. Al no ponerse de acuerdo los partidos políticos para nombrar al sucesor de entre una muy amplia lista de académicos y ciudadanos de prestigio e independientes, terminaron decidiendo con el apoyo de una tómbola, a través de la insaculación en donde salió sorteada Guadalupe Taddei y tres nuevos consejeros. Todos los afortunados, afines a la 4T.
Esos 4 votos de 11 posibles en el Consejo fueron determinantes para que Morena obtuviera la anticonstitucional sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados y gracias a esto se pudo aprobar la reforma al Poder Judicial.
En el 2024, la mayoría morenista reformó la ley electoral otorgándole amplio poder para hacer y deshacer a su antojo a la consejera presidenta quien podría tomar todas las decisiones de carácter administrativo de manera unipersonal, como son las contrataciones. Ahí aprovechó Taddei para despedir a personal técnico experimentado del INE y contratar a personas leales a ella y, sobre todo, para dar rienda suelta a un muy ambicioso y económicamente redituable red de corrupción con proveedores de muy cuestionable honorabilidad.
Ya sin el carácter autónomo, este nuevo INE organizó las desaseadas elecciones del Poder Judicial en la que se permitió el descarado uso de los llamados acordeones que prefiguraban a los hoy jueces, magistrados y ministros. También el actual INE colonizado es el que ha permitido el inicio anticipado de las precampañas del partido en el poder.
El escándalo de corrupción en el INE es grotesco y monumental. La sola renuncia de Taddei y personajes leales a ella no basta. Se les tiene que fincar responsabilidades por el quebranto al recurso público con el que se enriquecieron.
El combate a la corrupción fue la principal bandera que llevó a Morena al poder, pero hoy es su principal mancha. Taddei, Andy, Amilcar Olán son sus principales rostros. Hoy la presidenta Sheinbaum tristemente solo trata de deslindarse de Taddei y en el colmo del cinismo pretende culpar del escándalo a Lorenzo Córdova. La 4T empoderó a Taddei.
"No mentir, no robar y no traicionar al pueblo" era el eje moral promocionado desde hace 8 años. Hoy no se sostiene. Los mismos morenistas se empecinan en pasárselos por el arco del triunfo.
El INE ha sido manchado y exhibido; el gobierno deberá esforzarse en dotarlo de credibilidad de cara a los comicios del año próximo.