El pasado 28 de agosto fue declarado "Día del adulto mayor"; recuerde que anteriormente nos decían ancianos, pero el prurito por reconocer la edad vivida se ha transformado en uno más de las propuestas evasivas de la posmodernidad.
Ahora resulta que, según la Organización Mundial de la Salud -OMS- los que tenemos entre 66 a 79 años ya no somos viejos, nos llaman "Adultos de la Edad Media", que no corresponde a la realidad del concepto de pronósticos de sobrevivencia -mujeres: 79.2 años y Hombres 72.7 años.Esos, ahora definidos adultos medios, ya consumimos mucho más de la mitad de nuestras vidas.
Es cierto que, en la actualidad, tenemos múltiples opciones ofrecidas por la medicina, que nos hacen llevaderas las enfermedades. Hace unas décadas, una persona era anciana a los 65 años y, de hecho, actualmente así nos reconocen en los anuncios de vialidad cuando nos dan referencia para estacionarnos o en SIMAS, hasta con descuentos.
Las enfermedades del sistema circulatorio causaban muchas muertes, caso de los infartos que ahora se previenen con "stents", mallas metálicas que permite que arterias calcificadas se abran y ni qué decir de la diabetes mellitus, provocadora de muchas muertes, no solo por no prevenir, también por falta de recursos con que hoy contamos para evitar las consecuencias -los médicos viejos decíamos que, en general, a los 15 años había deterioros serios en los vasos sanguíneos más delgados, como en el riñón, cerebro o el mismo corazón-.
De cuestiones de vida sexual activa y profunda mejor ni les escribo, baste conocer que hoy día, uno de esos adultos medios, puede competir con jóvenes y hasta crear problemas de relación romántica entre otras parejas de menor edad. Por cierto, la madurez nos hace pensar dos veces.
Es cierto que requerimos de servicios públicos especiales, incluyendo transporte y vialidades terrestres adecuadas, así como atención especializada en distintas oficinas de servicio. Desafortunadamente aún hay poca solidaridad de los socialmente responsables.
Dejé el presente Diálogo para esta entrega, esperando a que se efectuara una de esas reuniones de "adultos medios"; se trató del festejo del 55 aniversario de egresados de preparatoria del Instituto Francés de la Laguna.
Al evento, acudimos cerca de 70 graduados; todos sonrientes, alegres, confirmando el lema que se transformó en saludo al encontrarnos unos y otros: "Indivisa Manent", -"lo unido permanece" o "permaneced unidos"- herencia espiritual entregada por "los hermanos" a sus educados, profesantes de San Juan Bautista De La Salle, fundador del Lasallismo.
En medio de la algarabía y luego de una ceremonia religiosa, con palabras alusivas expresadas por "el mate" y después de recordar, mencionando los nombres de 30 "adelantados", vino la fotografía de grupo, para continuar con una opípara comida.
Todos contentos, felices, recordando el pasado, compartiendo el presente vivido con los familiares, incluidos nietos y comentando sobre los planes para el futuro. ¿Dónde quedarían los ancianos que no son lúcidos o están inactivos?
Claro que también se intercambiaron nombres de medicamentos y remedios aplicados por esposas e hijos, siempre con amplias sonrisas y hasta carcajadas que referían el enorme deseo de vivir esa, la llamada tercera mediana edad", a que yo le agregaría ...de felicidad y sentimientos de haber cumplido buena parte de la "misión de vida".
Seguramente Usted tiene muchas cosas más que agregar; yo quise escribirle para hacer notar que los viejos aquí estamos y somos útiles, buenos consejeros y sabios por experiencias de vida y como profesionales.
Le comparto un texto recibido en redes, de Toño González, que describió mejor que yo la vivencia:
Queridos compañeros:
Gracias de corazón a todos los que hicieron posible que celebráramos juntos estos 55 años de haber salido de Prepa.
Yo solamente fui uno más de quienes colaboramos en la organización; el verdadero agradecimiento es para Dios, que nos ha concedido el enorme privilegio de seguir aquí, con vida y salud, para reencontrarnos, abrazarnos y volver a disfrutar tantas anécdotas y recuerdos que, después de 55 años, siguen uniéndonos.
Ayer comprobamos que el tiempo puede pasar, pero hay amistades y recuerdos que permanecen. Volvimos por unas horas a ser aquellos jóvenes que compartieron salones, maestros, alegrías, travesuras, sueños y una etapa inolvidable de nuestras vidas.
Gracias a quienes estuvieron presentes, a quienes hicieron el esfuerzo de venir y también un recuerdo muy especial para los compañeros que ya se nos adelantaron y que, de alguna manera, estuvieron presentes entre nosotros.
Que Dios nos permita seguir encontrándonos y celebrando la vida y la amistad. Un fuerte abrazo para todos.
¡Indivisa Manent!, lo que está unido permanece.
Resulta que ahora, según esa nueva declaración de la OMS, a quienes viven más de cien años les llaman de "vida prolongada" y ... ¡qué caray!, yo le deseo que Usted, en su momento viva incluido por la definición.
E N brazos de Don Juan tembló la dama. Por entonces el joven caballero no sabía nada de mujeres. Ningún hombre sabe mucho de mujeres. Los pocos años de Don Juan hacían que supiera todavía menos.
Pensó que la dama temblaba de temor. Se equivocó: temblaba de deseo.
En esa ocasión no la poseyó. El sitio era poco propicio para la posesión. Pero una noche ella lo invitó a su alcoba. Entonces sí la amó en el lecho, y ahí mismo repitió el amor. Todavía, al despedirse, la tendió en el suelo y la amó por tercera vez.
¿Cuánto tiempo hace de eso?
Mucho.
¿Cuánto tiempo hace de eso?
Muy poco.
Ahora Don Juan encuentra de vez en cuando a la dama y recuerda aquella noche.
¿Cuánto tiempo hace de eso?
Muy poco.
¿Cuánto tiempo hace de eso?
Mucho.
¡Hasta mañana!...