El cielo es tan claro que no sólo se ve el camino de Santiago: también parece que se ve Santiago. Un vientecillo primaveral, callado y tibio, mueve apenas la fronda de los álamos junto a la casa del Potrero. En el fogón de la cocina el borbollar del agua en el caldero pone música a la tertulia tras la cena.
Don Abundio cuenta una de las ocurrencias de doña Rosa, su mujer:
-Le llevaron el chisme de que yo tenía relaciones con la viuda del compadre Fico, que en gloria del Señor esté. Les dijo Rosa: "Déjenlo, que al cabo eso no es jabón que se gaste".
Reímos todos, menos doña Rosa. Masculla con enojo:
-Viejo hablador.
Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:
-Por ésta.
¡Hasta mañana!...