Ientras que la publicación de la nueva reforma electoral ya es cuestión de días, la atención pública se ha desplazado hacia quienes aplican las reglas electorales y, sobre todo, las vacantes que existen. En el argot político, estos cargos suelen representar "la rifa del tigre", ya que son posiciones de enorme responsabilidad, sometidas a un muy fuerte escrutinio público, todo en un contexto de profunda transformación institucional.
El frente más visible es, sin duda, la renovación del Instituto Nacional Electoral. Con 369 aspirantes registrados (entre ellos seis duranguenses), el proceso ya superó su primer gran filtro: el examen de conocimientos. A partir de esta etapa, y tras las evaluaciones de idoneidad y entrevistas, el Comité Técnico de Evaluación seleccionará a 15 finalistas, quienes integrarán las quintetas de entre las cuales surgirán las tres nuevas consejerías. El desenlace quedará en manos de la Cámara de Diputados, donde será necesaria una mayoría calificada de dos terceras partes para alcanzar consenso. De no lograrse, el proceso volverá a depender del azar mediante la figura de la insaculación o sorteo. No obstante, lo que realmente ha encendido alertas es la reciente determinación de la Sala Superior del Tribunal Electoral de incluir obligatoriamente a personas pertenecientes a grupos en situación de vulnerabilidad.
Si bien la inclusión constituye un principio democrático que nadie pone en duda, la preocupación surge ante la falta de criterios objetivos para acreditar dicha condición, dejando abierta la posibilidad de que la autoadscripción sea el único y frágil sustento de estas postulaciones.
En el plano local, Durango vive su propia experiencia. Actualmente se encuentra abierta la convocatoria para renovar dos consejerías del organismo electoral local, quienes sí o sí tendrán que ser mujeres. Aunque el registro cerró recientemente, el proceso (que contempla examen, ensayo y entrevista) concluirá a más tardar el próximo 2 de noviembre. Mientras tanto, el Consejo operará durante varios meses con dos espacios vacantes, una circunstancia que representa un reto operativo nada menor. A este escenario se suma la incertidumbre en torno a las Magistraturas Electorales locales vacantes; por ejemplo, en el Tribunal Electoral de Durango hay un espacio desde finales del año pasado. Las designaciones pendientes permanecen en el "congelador" legislativo del Senado, que, ante la incertidumbre del alcance de la reforma electoral, priorizó su discusión antes de completar la integración de los tribunales locales.
Finalmente, el panorama se completa con el Servicio Profesional Electoral Nacional. Ya se encuentra en marcha el concurso para ocupar, entre otros cargos, la Vocalía Ejecutiva de la Junta Local del INE en Durango, una posición nada menor si se considera que representa la máxima autoridad operativa del Instituto Nacional en el estado. La democracia no solo se construye con leyes, sino con las personas encargadas de aplicarlas. Entre exámenes, quintetas y designaciones, lo que verdaderamente está en juego es la fortaleza institucional que habrá de dar certeza a las próximas elecciones. Quienes resulten ganadores de esta rifa no solo obtendrán un cargo: asumirán la enorme responsabilidad de arbitrar el futuro político en nuestro país.
X @omarortegasoria
E consumó el trance de erotismo en la habitación número 210 del Motel Kamawa, y la romántica muchacha, poseída por el dulce sopor que sigue al sexo bien gozado, le preguntó a su galán: "¿Crees que después de casarnos me harás el amor con la misma intensidad con que me lo hiciste hoy?". "Es muy probable -respondió el sujeto-. Siempre me han gustado las mujeres casadas". Notables copistas fueron los monjes medievales. Gracias a su ímproba tarea -Ora et labora- se conservaron y llegaron hasta nosotros las grandes obras de la antigüedad griega y romana. A veces, sin embargo, se equivocaban. Fray Cálamo le informo, consternado, al superior del convento: "Reverendo padre: descubrí un error muy grave que ha durado siglos. Nuestro fundador escribió: 'En tratándose de mujeres buscad la castidad'. Pero la tercera letra en la última palabra no es ese: es ene". Don Poseidón, propietario rural de edad madura, era dueño de un toro semental. Semestral más bien parecía el dicho toro, pues se mostraba remiso para llevar a cabo su tarea genésica. Llamó don Poseidón a un veterinario, y éste le administró al toro una pócima de raro color y extraña consistencia. No había terminado el animal de beber aquel líquido demiúrgico cuando cobró vigor extraordinario. Sin siquiera decir "Con permiso" fue hacia las vacas y las cubrió una por una -eran siete- con singular empuje y energía. Días después el granjero le comentó lo sucedido a un vecino. Preguntó el hombre: "¿Qué contiene ese brebaje?". "Lo ignoro -replicó don Poseidón-. Pero sabe a jugo de naranja con canela y alcanfor". (Y un aroma a frutos rojos, maderas de Oriente y pétalos de rosa, con reminiscencias de vainilla, albaricoque y flor de azahar, como dicen las etiquetas de algunos vinos de hoy). "¿Busca usted pleito?" -retó un airado parroquiano a otro en el Bar Ahúnda. "Amigo -respondió calmosamente el otro-. Si buscara pleito ya me habría ido a mi casa". "¿De modo que es usted padre de ocho hijos?". Esa pregunta le hizo la trabajadora social a don Acisclo. "Sí, señorita -respondió él-. Ya sé que son pocos, pero es que mi mujer y yo no congeniamos". El paterfamilias le contó a su hijo: "Cuando tu mamá y yo éramos novios ella me dijo dos palabras que nos unieron para toda la vida". Emocionado preguntó el muchacho: "¿Qué palabras fueron ésas?". Replicó el señor: "Me dijo: 'Estoy embarazada'". Rosibel compartió con su amiga Flordelicia su experiencia de la noche anterior: "Al principio mi nuevo novio se portó como un caballero. Pero después de tres o cuatro copas actuó maravillosamente". Henry David Thoreau, ilustre pensador norteamericano, era fabricante de lápices en la vida real, y filósofo en la irreal. Escribió un hermoso libro: "Walden", relato de su vida solitaria a la orilla del lago de ese nombre. La lectura de dicha obra llevó a Gelasio, joven amante de la naturaleza, a buscar un retiro semejante. Fue a dar a una apartada región boscosa lejos de todo centro urbano. En su tosca vivienda recibió la visita de un rudo leñador, habitante de ese remoto sitio. Le dijo el hombre: "Te invito a una fiesta en mi cabaña el próximo sábado a las 9 de la noche". "Iré gustosamente" -aceptó Gelasio. "Debo advertirte -le informó el sujeto- que en la fiesta habrá alcohol". "No soy abstemio" -declaró el invitado. Siguió el leñador: "Habrá también sexo". "Jamás lo he rehuido" -replicó Gelasio. "Y muy posiblemente -continuó el otro-, habrá una pelea". "Tampoco a eso le saco" -manifestó el otro. "Te espero entonces" -dijo el musculoso leñador. Le preguntó Gelasio: "¿Cuántos seremos en la fiesta?". Con ronca voz respondió el tipo: "Nada más tú y yo".
FIN.