
Restauración. Gracias a un programa que se implementó, Gil tuvo una nueva oportunidad.
Cedh
CLAUDIA BARRIENTOS
El siglo de durango
Gil demuestra con su ejemplo que es posible volver a empezar cuando se cuenta con el apoyo de personas dispuestas a apoyar.
Hace 10 años su vida era tan normal como la de cualquiera. Tenía un trabajo exitoso y una familia que siempre lo apoyó pero, a partir de un accidente y el intenso dolor que sentía, cayó en la adicción a las drogas.
Durante una década anduvo deambulando por las calles hasta que un día llegó el equipo del director estatal de Protección Civil, Arturo Galindo, a rescatarlo de su situación. Le ofrecieron un lugar dónde vivir, comida y un proceso de rehabilitación.
Llegó con el cabello largo y barba, sin bañarse, pero con la esperanza y el apoyo de quienes lo acogieron, no sólo cambió su aspecto, sino su forma de ver la vida.
"Tantos años que yo viví de puro desprecio, ahora que estoy agarrado de Dios a diario le pido que me ayude. Primero la gloria es para él y después para todos los que tuvieron que ver y pusieron un granito de arena para que este programa siga adelante".
"Yo viví 10 años en la calle como un tazo dorado, y llega Protección Civil a rescatarme. Pero no podía salir de las drogas yo solo. 92 días me bastaron para salir de las drogas, tengo un año de no usar sustancias y estoy luchando por recuperarme", compartió.
Y, aunque siente arrepentimiento de haber desperdiciado tanto tiempo; ahora agradece la posibilidad de un mejor futuro.
Le queda claro que la drogadicción no respeta edades, clases sociales, profesiones ni contextos socioeconómicos, por lo que nadie está exento y es muy importante fortalecer la prevención.