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¿Y si sí?

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¿Y si sí?

¿Y si sí?

FERNANDO RAMÍREZ GUZMÁN

La edición 2026 del Mundial de Futbol le ha obsequiado al pueblo de México, gracias en gran medida al desempeño del seleccionado nacional, un verano de ensueño. Prácticamente en todo el país, y no solo en las tres ciudades sede, se han vivido multitudinarios días de fiesta después de cada triunfo del tricolor en esta justa. Hoy estaremos en la antesala para hacer historia. Si México vence a su similar de Inglaterra estaría accediendo a la fase de cuartos de final, el territorio nacional se convulsionaría y nos brindaría la oportunidad de seguir soñando. ¿Y si sí?

Tal vez no se recibió a la cantidad esperada de turistas y a muchas ciudades que no fueron sedes les faltó la capacidad y la imaginación, como el caso de Durango, para ofertar propuestas atractivas y jalar visitantes de otras entidades para vivir la experiencia mundialista. A las que les fue muy bien fue a las dos principales cadenas de televisión nacional que transmiten algunos de los juegos del Mundial. En el partido México – Ecuador, cerca de 60 millones de televisiones estuvieron encendidos transmitiendo el encuentro (28 millones en la señal de Televisa, 7 millones vía Vix, 24 millones por TV Azteca). Jamás imaginaron esos niveles de audiencia en plena era del streaming y de los nuevos hábitos de consumo

En el plano estrictamente futbolístico, al menos en el papel, los niveles entre las dos escuadras es muy disparejo. Inglaterra está un escalón por debajo de los favoritos (Francia, España, Argentina, Portugal), mientras que nuestro país está en otro grupo no tan selecto. La liga Premier inglesa es, sin discusión, la mejor del mundo. Para ponerlo en pesos y centavos, de acuerdo a los datos especializados de Transfermarkt, la plantilla inglesa está valuada en 1.36 mil millones de euros, mientras que la mexicana tiene un valor de 191.85 millones de euros. Es decir, una diferencia de 1,168 millones de euros.

Ellos tienen en Harry Kane y en Jude Bellingham a sus dos individualidades más sobresalientes en un equipo plagado de estrellas. Los nuestros, en cambio, en el juego en conjunto encuentran su más destacada fortaleza. Una zona defensiva sólida que ha mantenido su arco en cero en 4 partidos. Un medio campo que ha dado equilibrio y ha generado situaciones de peligro. Y una delantera que, además de sacrificio para ser los primeros en apretar al rival, ha sido contundente con las aproximaciones que han tenido. El promedio de dos goles por partido es más que aceptable.

El futbol, definido por Antonio Gramsci como “El reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”, nos ha demostrado a lo largo del tiempo que no hay rival pequeño y que todo partido tiene que jugarse a pesar de lo que vislumbran los pronósticos. En poco más de 90 minutos, incluidas las molestas “pausas de rehidratación”, al jugar once contra once cualquier cosa puede suceder. No hay nada escrito. Por eso me quedo con la definición de futbol del periodista argentino Dante Panzeri: “es la dinámica de lo impensado”.

¿Tiene México probabilidades de triunfo? Claro que sí. Para lograrlo contará con el apoyo incondicional de millones de almas que estarán alentando y orando por que eso suceda.

¡Vamos, México! 

¿Y si sí? Silbatazo final: dos personajes que fueron determinantes para que México fuera, por tercera ocasión, anfitrión del Mundial son Enrique Peña Nieto y Emilio Azcárraga Jean. Nadie los menciona. Nadie sabe para quién trabaja. 

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