L A Presidenta acaba de entregar su segundo informe de gobierno al Congreso de la Unión; además, dio un discurso político ante las principales figuras del régimen. Su discurso, como es costumbre desde el sexenio anterior, no tuvo el más mínimo atisbo de autocrítica. En su visión de país, nunca hemos estado mejor. Todos los indicadores son positivos. En los ocho años del régimen hubo un aumento histórico, en términos reales, del salario mínimo. Casi 43 millones de personas (lo que representa prácticamente un tercio de la población del país) son beneficiarios del algún programa del Bienestar, que entrega a la población apoyos que representan una sexta parte de lo que recauda el gobierno federal en un año.
De manera especial y nombrando a cada uno de los integrantes del gabinete de seguridad, la Presidenta les reconoció la disminución del 51% en homicidios dolosos en lo que va del sexenio.
Datos como estos, que intentan convencer a la población de la eficacia de las políticas implementadas durante ocho años, llenaron el segundo informe de labores de la Presidenta de la República. Sin embargo, lo que perciben día a día muchos mexicanos es una realidad alterna a la que se pretende retratar en el informe.
Esto se debe, en gran parte, a la manipulación de cifras, al cambio de clasificaciones para recolectar información, de tal manera que las cifras actuales no son necesariamente comparables a las previas y se les da una connotación positiva para apoyar una narrativa favorable para el régimen. Por motivos de espacio, solamente me referiré a un par de estas manipulaciones, que independientemente de que se citen cifras correctas, su uso está descontextualizado o francamente distorsionado para favorecer la narrativa del régimen. El primer caso tiene que ver con la afirmación que hace la Presidenta respecto al descenso de 51% de homicidios dolosos, el cual se presenta como uno de los mayores logros de su gobierno.
Sin embargo, al mismo tiempo que se presume el descenso en las cifras de homicidios dolosos, no hay por parte del gobierno federal explicaciones puntuales que permitan entender de mejor manera el aumento en las cifras de personas desaparecidas. Esto independientemente de los cambios que se han implementado para clasificar los decesos de personas por parte de las procuradurías estatales. El otro comentario que quiero dejar sobre la mesa es el relativo a las mega obras que impulsó el expresidente López Obrador. Según la Presidenta, estos proyectos están funcionando. Lo que no dijo la Presidenta es que todos tienen el tufo inconfundible de la corrupción, la misma que tanto prometió erradicar AMLO.
Todos los proyectos de infraestructura impulsados por López Obrador han costado más de lo presupuestado. El tren Maya comenzó con un presupuesto de 150,000 millones de pesos, y hasta principios de este año, llevaba gastados más de 500,000 millones de pesos. La refinería Olmeca, ubicada en Dos Bocas, Tabasco, comenzó con un presupuesto de 160,000 millones de pesos y ya lleva gastados más de 400,000. El tren inter oceánico tuvo un presupuesto inicial de 20,000 millones de pesos y ya lleva más de 62,000 millones, además de un descarrilamiento que causó la muerte a 14 pasajeros. El aeropuerto Felipe Ángeles, además de lo que costó su construcción, más de 115,000 millones de pesos reportados para 2022, cifra que estaba por arriba de los 80,000 millones de pesos presupuestados inicialmente, lleva implícito el costo de haber cancelado el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, estimado en una primera instancia por la Auditoría Superior de la Federación en más de 332,000 millones de pesos.
¿Y usted, estimada lectora, estimado lector, cuál de estas dos visiones de país cree que refleja de mejor manera la realidad que vivimos día a día?
X: @jesusmenav
Con mis tres hijos varones fui a Monterrey, y luego al Cercado, cerca de Santiago, Nuevo León.
En la capital regiomontana estuvimos en la prestigiosa cantina "El indio azteca", uno de mis lugares predilectos en Monterrey, en Nuevo León, en México y el mundo. Ahí disfrutamos de una cerveza. Una para cada uno, quiero decir. En ningún sitio del planeta saben helar la cerveza como en Monterrey.
Luego nos encaminamos a la Carretera Nacional para ir a comer en "El Charro", el más tradicional restorán de la comarca. Quería yo que mis hijos conocieran el "piernil de Catón", riquísimo manjar. Me encontré con la triste novedad del reciente fallecimiento de don Juan Antonio Tolentino, el caballeroso propietario del establecimiento. Fue él quien bautizó con mi apelativo ese manjar, pues me inconformé respetuosamente cuando en el menú cambiaron el vocablo popular "piernil" por el correcto "pernil". A mi juicio es más expresivo lo popular que lo correcto.
Cuando salimos del insigne sitio un señor les dijo a mis hijos:
-Qué bueno que sacan a don Armando.
Le contestaron ellos:
-Señor: él es el que nos saca a nosotros.
¡Hasta mañana!...