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El inesperado arrojo de Felipe Calderón

Aullidos

EL SIGLO DE DURANGO, 🕚
El inesperado arrojo de Felipe Calderón

En la práctica de la política mexicana se considera un signo de debilidad disculparse o solicitar perdón tras la comisión de un error; sin embargo, en esta semana que terminó, el presidente Felipe Calderón dio muestras de lo contrario. Con pleno conocimiento de que no prevalecían las mejores condiciones para él en Ciudad Juárez, Chihuahua -incluso que era repudiada su presencia- Calderón Hinojosa decidió encarar a la sociedad juarense, a los padres y demás familiares de los últimos 15 estudiantes acribillados en una fiesta particular la semana antepasada, y resistió todas y cada una de las airadas críticas hacia su desempeño como mandatario.

Desde el momento que pisó suelo fronterizo, la mañana del jueves, acompañado de su esposa Margarita Zavala y los principales miembros de su gabinete, recibió las primeras manifestaciones en contra de su estancia en esa ciudad, considerada actualmente como la más peligrosa del mundo, por encima de Nueva Delhi, Distrito Federal o Nueva York.

Conforme fue avanzando su permanencia en Ciudad Juárez, custodiada por más de ocho mil efectivos del ejército mexicano y las distintas policías, Calderón y su comitiva se fueron enterando del incontenible enojo y rechazo de la ciudadanía a su visita, ante el atrevimiento de acudir a esa tierra luego de haber insultado a las 15 víctimas y sus familias, con aquella frase de que "todo se debió a un enfrentamiento de pandillas" que pronunció el propio presidente de la manera más precipitada al enterarse del violento hecho, que sacudió no sólo a la sociedad de Chihuahua, sino a la sociedad mexicana por entero.

Obvio es que en Juárez no les faltan razones para protestar contra el gobierno federal, ni tampoco contra el estatal o el municipal. Las familias juarenses viven en el estrés constante de que en cualquier momento, algún estudiante, profesionista -no se diga empresario- de entre ellos, sea víctima de la delincuencia, en cualquiera de las horrendas modalidades que está tomando, sin esperanza de ver justicia, ante la corrupción e incompetencia de todas las autoridades.

Los ejecutados se cuentan por miles, a grado tal que la historia de las muertas de Juárez ya no es el único pendiente, sino ha pasado a formar parte del cruento expediente de la ciudad; en los dos últimos años, diez mil comercios han cerrado sus puertas, por temor a la extorsión, y más de siete mil familias han abandonado la ciudad tras haber sido víctimas de la violencia.

Por si fuera poco, en el homicidio de estos 15 jóvenes, lo que menos esperaban los juarenses era esa respuesta del gobierno federal, de calificar a los caídos de delincuentes, de tener nexos con el crimen organizado, cuando probadamente se trataba de estudiantes, algunos de ellos deportistas destacados. En este panorama tan adverso, se antojaba difícil ver a Felipe Calderón visitar Ciudad Juárez, pero lo hizo. Frente a familiares de los estudiantes asesinados, de comerciantes afectados, delante de diversos actores sociales, el Presidente aguantó insultos, regaños, vituperios, malas caras, entre otras muestras de rechazo, como cuando dos mujeres le dieron la espalda mientras pronunciaba su mensaje.

Hay que admitir, en descargo del presidente Calderón, que difícilmente puede ser recordado en la historia moderna de México algún mandatario capaz de resistir en persona tal embestida social. Si ya enfrentar toda esa andanada debe haber sido duro, Felipe Calderón tuvo el buen tino de ofrecer disculpas, solicitar el perdón de esa sociedad agraviada y presentar un plan para frenar la inseguridad. El próximo miércoles estará una vez más con ellos.

Lo que llamó la atención ahora, es esta actitud del presidente mexicano, porque, aunque lo que hizo fue cumplir con una responsabilidad de hombre y mandatario -y no un favor a la sociedad juarense- sus antecesores nunca hicieron algo parecido. En hechos de la historia reciente, Gustavo Díaz Ordaz jamás se reunió con familiares de los muertos de Tlatelolco; tampoco lo hizo Luis Echeverría Álvarez ante esa misma tragedia y el "Halconazo" de 1971, ni hay registros de que Miguel de la Madrid enfrentase alguna vez a los vecinos afectados en el sismo de 1985, ni a los de San Juan Ixhuatepec un año antes.

Imposible fue que Ernesto Zedillo se disculpara por aquella crisis de 1994, el famoso "error de Diciembre", o que Vicente Fox sostuviera alguna reunión con las viudas de Pasta de Conchos. En todos estos casos, los presidentes mexicanos fueron incapaces de atender personalmente esas crisis, menos llegar a la humildad de la disculpa.

Un principio de liderazgo resalta que cuando un líder se equivoca y solicita el perdón a sus representados su liderazgo crece. Eso le pasó Bill Clinton, en Estados Unidos, cuando se vio envuelto en aquel penoso caso de la becaria Mónica Lewinsky.

En ocasión de esta visita del presidente Felipe Calderón a Ciudad Juárez, redondearía su noble gesto con la implementación de un eficaz operativo que disminuya los índices de violencia. Si este objetivo se cumple, podría iniciar Felipe Calderón una etapa de crecimiento en credibilidad y hasta popularidad, porque la gente no quiere sólo disculpas, sino acciones eficaces.

PEQUEÑOS AULLIDOS

MUY ATENTAS DEBEN estar las autoridades estatales encargadas de la seguridad ante el plan que se implemente en Chihuahua, de donde es probable que salgan no pocos delincuentes consumados... SE DEBERÁ RESOLVER muy pronto el caso de la inminente salida del alcalde de San Bernardo, José Carmen Torres Romero, quien está siendo amenazado por el crimen organizado y ya sufrió el plagio de uno de sus hijos. Este asunto debe ser revisado, por las autoridades responsables de la seguridad y justicia en el estado, así como por el propio Congreso estatal... ROBOS EN TODAS las modalidades se han incrementado durante los últimos dos meses en Canatlán, según el reporte del alcalde de esa población, Eugenio Rodríguez del Campo. Esto mismo está ocurriendo en otros municipios del estado, incluyendo al de esta capital.

El inesperado arrojo de Felipe Calderón
Aullidos. (ARCHIVO)